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«Katia se deja llevar en busca de la identidad». Entrevista Aroa Moreno Durán

Dentro del curso La industria del libro en la actualidad: de la edición al lector de la Universidad Complutense de Madrid, organizamos un encuentro literario en la librería Rafael Alberti. El encuentro se produjo el pasado martes, cuando nos reunimos con Aroa Moreno Durán para charlar con ella sobre su novela La hija del comunista (Caballo de Troya, 2017), acompañadas de Lara Moreno, editora del libro. Antes de que la presentación comenzase, tuvimos la oportunidad de realizar una entrevista con Aroa, que nos habló sobre la novela, el proceso creativo y el trabajo editorial que se llevó a cabo. Esperamos que disfrutéis de sus respuestas.


Eres poeta y has publicado poesía. ¿En qué momento o por qué tomas la decisión de pasarte a publicar narrativa en lugar de continuar con la poesía? Se trata de territorios distintos, ¿cómo has vivido el cambio?
lahijaLa poesía fue algo casi natural, un impulso que yo sentí muy pequeña. Mi hermana nació cuando yo tenía ocho años y le escribía un montón de pequeñas rimas. Sentí que era una forma de contar las cosas que me pasaban, que veía y que sentía, desde muy pequeña. Mi abuelo paterno también había escrito mucha poesía y a mí me gustaba mucho que me la leyera en alto, supongo que era la única de la familia que le pedía que le leyese los poemas que tenía en su cuaderno. Y cuando a un niño le lees cosas y le abres el mundo, nada es difícil para ellos; entendí que esa era una forma de expresión y fue la que utilicé durante mucho tiempo, desde los ocho años hasta la universidad. Pero a mí siempre me ha gustado escribir de todo. Yo hice Periodismo y entendí que la palabra era sólo una herramienta que se podía utilizar de formas muy diferentes. Había escrito también relatos y tenía ganas de escribir algo más largo, pero no sabía si el pulso me iba a acompañar a escribir algo como una novela, que requiere de un trabajo muy diferente a la poesía, de una constancia, en este caso de una investigación, de una documentación… y me metí ahí. No sabía si la iba a terminar alguna vez pero disfruté muchísimo. Me encantó escribirla, sentarme con los personajes, trazar la ciudad, darles un contexto e ir construyendo la novela. La historia estaba armada de principio a fin, pero al ir avanzando pasan cosas que no tenías previstas. Me gustaría volver a escribir una novela, pero nunca he dejado de escribir poesía. Para las cosas mías, para mis emociones, la poesía seguirá siendo la forma en que me exprese, y la narrativa es distinta. En La hija del comunista no hay nada de autoficción, es todo ficción.

¿Cómo viviste el proceso de publicar la novela en Caballo de Troya, una editorial con un planteamiento muy interesante? ¿Cómo fue trabajar con Lara como editora?
Lo viví muy familiarmente porque Lara [Moreno, la editora] es amiga mía. Yo estaba haciendo con ella una especie de tutoría de novela, nos reuníamos cada cierto tiempo y yo iba escribiendo partes de la novela: ella la conocía desde el principio. Cuando le ofrecieron ser editora de Caballo de Troya me dijo: “A mí me encanta lo que estabas haciendo, acábalo”. Era una apuesta un poco en falso. ¿Lo iba a acabar, iba a acabar bien…? No sabíamos nada. Coincidió que yo me quedé embarazada, tuve un niño… para mí fue una época muy complicada para decidirme a acabarlo. Pero otras veces se me ha pasado el tren en estos asuntos y pensé: “Esto lo tengo que acabar, por mí, por Lara, por todo”. ¡Y ha salido bien! Al final no éramos solo ella y yo en Berlín, sino que ha sido refrendado a través del premio Ojo Crítico. Trabajar con Lara ha sido además facilísimo, nos entendemos muy bien, nos conocimos leyéndonos antes de en persona y esa afinidad y la forma de entender la literatura hizo que trabajásemos muy fácilmente. Yo acepté todas sus sugerencias, ella entendió cuando yo quise no darle vuelo a ciertos temas en la novela… ha sido muy fácil. Y es muy bonito, meterte en algo así con alguien a quien conoces, y que salga bien.

la_hija_del_comunista¿De dónde viene la idea de La hija del comunista?
El germen de la novela surge porque estaba haciendo unas entrevistas diarias al poeta Marcos Ana, el preso político que más tiempo estuvo en la cárcel durante el franquismo, una persona muy comprometida, comunista. Me encargaron entrevistarle desde una editorial para que a través de las preguntas pudiese escribir un último libro contando sus vivencias. Él me dijo que cuando salió de la cárcel el Partido Comunista le llevó por los países del bloque soviético, a Rusia, a Cuba y a la Alemania del Este, donde se encontró con un grupo de exiliados españoles. Me sorprendió, nunca me habían contado que había exilio en la RDA. Conocemos el exilio de Francia, Rusia, México, Argentina, pero no conocemos el pequeño reducto de Alemania, donde vivían unas trescientas familias. Como tenía ganas de hacer una novela pero no encontraba la idea y no me planteaba la autoficción, empecé a investigar, y me encontré con historias de gente que tenía muchas cosas interesantes que contar, gente que había vivido la posguerra de la segunda guerra mundial, la guerra fría, el muro de Berlín, con toda la historia del siglo XX en su propia vida. El olfato periodístico, desde luego, ahí no falló: había algo que no se había contado, no había casi bibliografía. Por un lado, en Francia, el verano pasado, salió un libro sobre los españoles en la RDA. Por otro está Ilejanía, un libro que escribieron las hijas de dos exiliados, Mercedes Álvarez y Nuria Quevedo. Las entrevisté en Berlín para documentarme, habían publicado el libro en Alemania pero era casi desconocido.

¿La consideras una novela de aprendizaje?
Visto desde la perspectiva de la protagonista, tiene un crecimiento no solo a lo largo de los años, por las elipsis, sino de aprendizaje. ¿Aprende? Sí: acaba en el mismo sitio, pero los lugares en realidad son no lugares, una puede vivir toda la vida en el mismo sitio y no ser la misma persona. Cuando Katia llega a Berlín es cuando toma una decisión, su hermana le da una bofetada de realidad. Ahí intenté salvarla, que dejase de ser una arrastrada por las circunstancias y los demás y se enfrentase a su pasado, a las consecuencias que tiene tomar una decisión que no has calibrado lo suficiente o que no se puede calibrar. Para mí, ella crece en ese momento, aunque le cuesta mucho.

¿Por qué retrotraerse al Berlín de los años sesenta en lugar de ambientar la novela en torno a alguno de los quince muros que siguen vigentes hoy en día?
Supongo que lo que me contó Marcos Ana se encontró con el interés por el exilio, la posguerra, la memoria y la memoria familiar. El párrafo final del libro [sobre los muros en la actualidad], que puede ser evidente, lo pongo porque creo que las migraciones y las fronteras son uno de los problemas humanos más importantes de estos tiempos. El muro de Berlín y la Europa del Este fueron para mí algo muy ajeno, cuando el muro cayó tenía nueve años. Tal vez hubiera sido más fácil hablar de las vallas de Marruecos y España, pero a veces es muy difícil hablar de lo cercano. También sería fácil si la familia fuese de Madrid, yo soy de aquí, me siento de aquí… pero me dio respeto, pensé que no iba a conseguir hacerlo, y busqué desubicarles, aplicar lejanía a los personajes.

¿Cómo ves tú la vinculación entre identidad, patria y lengua que desarrollas en el libro?
Es uno de los temas principales, dónde reside la identidad. No hay una respuesta cierta, cada uno busca su identidad en un sitio. Katia piensa que su identidad estaba en un sitio y luego estaba en otro lugar. Creo que hay que respetar los sentimientos por la tierra, la lengua. La lengua de las emociones es la lengua materna, entiendo que uno se quiera expresar en esa lengua, quiero abrirme a que se busque la identidad en otros lugares diferentes a los míos. Yo, como Katia, encuentro la identidad en mi familia, en los que están detrás de mí. Esto me ha ayudado a ubicarme en el mundo, siempre me ha interesado saber de dónde vengo familiarmente, saber quiénes eran.

Durante toda la novela aparecen muchos símbolos como la nieve, las flores o el muro. Hablando del proceso creativo, ¿tenías pensado utilizarlos de antemano o se te ocurrieron durante la escritura?
Fueron surgiendo. Haber escrito tanta poesía me ayudó a tener cierta sensibilidad con el lenguaje, con el estilo. Pero no me propuse que algo significase una cosa u otra. De hecho, cada uno que lo lea pensará que significa una cosa u otra, las imágenes poéticas son así, se lanzan como forma directa de llevar algo al lector, pero en realidad el imaginario y el  bagaje del lector la traducirá como sea. Fue una cosa espontánea de la forma de narrar.

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Andrea Navacerrada (moderadora), Aroa Moreno Durán y Lara Moreno durante la presentación de la novela.

¿De qué huye Katia?
Un amigo me dijo que Katia es un personaje muy maltratado, que huye de la Historia pero esta siempre la acaba atrapando. Huye de los acontecimientos, de las sociedades que la atrapan. En realidad, yo no creo que huya, sino que más bien busca, ella no está mal en su familia, no es una persona política, constreñida… se deja llevar, en busca de la identidad. Cuando encuentra a Johannes, él le trae todo lo que ella no tiene, le ofrece su identidad y su raíz para compartirla con ella, y eso es lo que a ella le cautiva, aparte de lo que le deslumbra como chica de dieciocho años, todo lo que no puede tener y que al final rechaza.

¿Cuáles son tus influencias en esta obra?
Lo tengo muy claro. Leí dos novelas que me hicieron ver que quería escribir algo que se moviese entre ellas. Son obras históricas tratadas de forma sutil, diferente, desde las personas, que no hablan de la Historia sino de la intrahistoria, de lo que hay debajo. El primero fue El papel de mi familia en la revolución mundial de Bora Ćosić (Minúscula), un libro muy bonito, con mucho humor, que apareció en una edición facsímil y se convirtió en una novela muy leída. La otra novela es Purga de Sofi Oksanen (Salamandra), sobre la trata de mujeres y los desaparecidos durante la dictadura de Estonia, contado desde la perspectiva de una señora muy mayor que encuentra a una mujer tirada en su jardín, se hacen amigas y se cuentan sus historias. Esos dos libros fueron clave.

¿Cómo fue ganar el Ojo Crítico?
Fue una felicidad suprema. Al Ojo Crítico no te presentas sino que cada miembro del jurado lleva el libro de un autor novel de ese año. Yo no sé quién llevó la mía, pero de pronto te llaman y te dicen “Has ganado el Ojo Crítico”, así que fue muy bonito. Además, a la novela le ha dado una segunda vida. Había salido en febrero y habían sacado tres ediciones, pero en diciembre empieza a desaparecer, ya no se encuentra, se va muriendo. Y de pronto otra vez a la mesa de novedades, entrevistas… fue genial.

¿Qué hay en la mesita de noche de Aroa Moreno Durán? ¿Nos recomiendas algún libro?
Estoy leyendo La identidad perdida de Maria Dolores Moreno Burgos (Umbriel), porque tiene que ver con lo próximo que quiero escribir, también relacionado con la identidad y la memoria. También a Martínez de Pisón, porque modero una charla con él y Almudena Grandes en noviembre. Este último año he leído Ordesa de Manuel Vilas (Alfaguara). Es un libro que me ha encantado, una obra de autoficción. Habla de la relación con sus padres y de cómo algunas veces te olvidas de ellos. Para subrayarlo entero.

¿Cuáles son tus planes de futuro, algún proyecto a la vista?
Tengo un poemario sin acabar que tiene que ver con la maternidad, lo que estoy viviendo ahora las veinticuatro horas del día. También me gustaría escribir una novela, estoy tramándola, armando el caparazón, el guión, para empezar a escribir cuanto antes. Esta es la parte más ardua para mí, pensar desde dónde la cuento, hacia dónde va a ir, cuál va a ser el tema de fondo, qué sentido tiene contarlo… y por otro lado, te preguntas todo el rato ¿quién va a leer esto? Pero es un momento muy bueno para mí como escritora y no quiero dejarlo pasar, así que voy a aprovechar.

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crítica

‘Coral Glynn’ de Peter Cameron

—¿Y dónde está su hogar?
—No tengo hogar —repuso ella.
—¿De veras? ¿Ninguno, en ningún sitio?
—No —repitió Carol, y hubo algo definitivo en esa admisión, algo irreparable, como si la carencia de un hogar impidiera seguir manteniendo una conversación.

enfermerica(4 de mayo de 2018)

Supongo que todo el mundo habrá oído hablar de Algún día este dolor te será útil. Al menos en mi entorno, fue una novela muy comentada en su momento y que a mí me interesaba mucho. Con Coral Glynn (Coral Glynn, 2012) ocurrió más de lo mismo, pero con esta tuve suerte: pude hacerme con ella. Así me adentré en la obra de Peter Cameron, prolífico autor estadounidense que en España edita, con el mimo habitual, Libros de Asteroide.

Coral Glynn es la novela perfecta para aquellas a quienes les gusta el espíritu de las obras en las que no pasa nada, pero que no soportan ese vacío en la trama. Aquí no dejan de pasar cosas: Coral es una enfermera que va a cuidar a una anciana mujer a su casa; y entonces se produce un cambio en el entorno; y entonces; y entonces. Los acontecimientos se suceden, veloces, ágiles y ligeros, siempre a golpe de diálogos lúcidos, costumbristas e irreverentes en ocasiones.

(5 de julio de 2018)

Vuelvo a sentarme frente al ordenador para hablar sobre Coral Glynn. Cuando iba a escribir esto, pensaba que “tenía muy claro lo que quería decir”. Parece que no era verdad. A día de hoy, con la crítica a medio escribir, estoy leyendo Algún día este dolor te será útil. Podemos afirmar por tanto que me gustó mucho, lo suficiente como para querer más. Que me gustó la forma en la que Cameron desarrolla el texto. Pero si dijera esto estaría simplificando lo que pensé. Lo cierto es que no me parece que Cameron sea un buen narrador porque narre bien, sino porque tiene un ojo muy bueno para encontrar el momento perfecto, la intervención perfecta, para redondear al límite a sus personajes. Él (en calidad de narrador, entiéndase) juega a no saber, juega a los “al parecer”, a los “por lo visto”, a los “estoy descubriendo esto al mismo tiempo que tú, lector, y he de decirte que me gusta”. Como si no se hubiese dado cuenta de lo que tenía entre manos hasta el preciso momento en que lo tuvo entre manos.

Así, Coral Glynn está lleno de observaciones magníficas y súbitas, de una forma de expresar la vida excelente, de darle mimo a las situaciones para que sean todas puntos casi epifánicos, de revelación profunda, por parte de unos personajes que comprenden que la vida les está pasando porque tampoco hay nada más que pueda ocurrir, es lo que tiene esto («para él la vida había ocurrido ya, ahora solo se limitaba a soportarla»). Coral es sensacional, pero es tan solo uno de los engranajes, una más en este cuadros sobre la soledad, el frío, la felicidad-o-no y la resignación. Resulta que disfruto mucho de las novelas sobre la resignación y sobre el sentarse a ver cómo la vida es sin hacer tampoco gran cosa, así que las reflexiones que se producen me resultaron deliciosas. Así y todo estos temas hacen que la novela, sencilla de leer, que no exige demasiado en ningún momento (ni a nivel formal ni temático) se convierta en una experiencia un poco agotadora anímicamente. Pero todo bien, yo encantada.

Cuando terminé el libro, le escribí a mi mejor amiga diciéndole que tenía que leerlo. Se lo digo mucho porque es frecuente que lo que leo me guste; pero en esta ocasión le dije que era porque este libro te hace replantearte la posibilidad de la felicidad en la vida, sobre todo en el sentido de si es necesaria, de si merece la pena a veces comerse la cabeza por ella (que digo yo que sí, pero Cameron no me dejó tan convencida). En este sentido para mí es muy recomendable, pero hunde un poco, así que cuidado.

Dolly repitió su nombre porque le pareció ausente, como si necesitara que le recordaran quién era, y se preguntó qué habría pasado o estaría pasando en Hart House para que las identidades de sus dos ocupantes se hubieran soltado de unos asideros hasta entonces perfectamente firmes.

En fin: cuando leí el libro ya me pareció estupendo, pero pensando sobre él encuentro que cada vez me gusta más. Estoy segura de que lo releeré en algún momento (¡ya he tenido ganas ahora repasando mis subrayados y notas!) y pronto os traeré algo sobre Algún día este dolor te será útil, aunque tengo la impresión de que me gustará menos (ya lo está haciendo). Pero bueno: de momento apuntaos Coral Glynn.

(Libros del Asteroide, 2013. Traducción de Patricia Antón. 270 páginas)

 

crítica

‘La puerta de los ángeles’, de Penelope Fitzgerald

—No tengo familia. No tengo dinero. No quiero llamarte enfermera. Quiero llamarte señorita. Quiero llamarte Mujer Eterna. ¿Te avergüenza?

angelicosHace tiempo os hablé de La librería, un relato encantador sobre la esperanza o qué hacer cuando esta se ha terminado. Me imaginaba que más tarde o más temprano volvería a leer algo de Penelope Fitzgerald, pues me conquistó con su costumbrismo, pese a que el libro no se convirtiese en uno de mis favoritos. Así pues, cuando vi que en la biblioteca disponían de La puerta de los ángeles (The Gate of Angels, 1990), me lancé de cabeza.

Por resumir un poco el argumento, este libro va de un muchacho que quiere casarse, pero no encuentra una muchacha ni dispone del contexto adecuado para hacerlo; por otro lado, va de una muchacha que se deja mecer por un mundo injusto que la mueve como quiere. Y, por resumir un poco esta crítica, he disfrutado más de esta lectura que de La librería, me parece una novela sobresaliente y creo que deberíais leerla. Fitzgerald presenta una historia hermosa, que se mueve entre lo amargo y lo agradable sin llegar a afincarse en ninguno de estos dos ámbitos.

Sin grandes ostentaciones formales, la historia que presenta Fitzgerald en La puerta de los ángeles es una composición muy curiosa y entrañable sobre la resignación y sobre la valentía necesaria para soportar un mundo que busca dominar y regularizar a todo el mundo. Gracias a sus personajes principales, Fred y Daisy, la autora consigue hacernos llegar toda esta desazón soterrada y este dejarse llevar contra el que se lucha hasta comprender lo absurdo de la lucha. Mentiría si no dijera que es la parte de Daisy la que más he disfrutado y más me ha llegado al corazón: es una historia forjada a partir de encuentros inesperados y repentinos, de momentos cruciales y decisiones en apariencia incomprensibles pero que no carecen de fondo. Veo bastante absurda la expresión “novela de personajes” (porque la narrativa suele ser sus personajes), pero entiendo su uso en determinados contextos en los que es a partir de los personajes que se desarrolla la trama, como este. Sin ser demasiado activos ni demasiado pasivos, una encaja a Fred y Daisy en sus pequeños cosmos como elementos que se retroalimentan: cuando terminas de leer la novela, comprendes que no podría ser de otro modo, y no podría ser otra gente.

He visto mucha luz en La puerta de los ángeles. Donde La librería era una historia abocada al fracaso, aquí encontramos, más bien, una serie de fracasos abocados a la historia; la sensación final es, por tanto, la de una novela de las que dan calorcito por dentro. No sé: luz, esperanza, fuerza. No es una obra inspiradora, no me malinterpretéis, no hay aquí una intención de mostrar una verdad reveladora. Es más bien que con ese costumbrismo que tan bien domina Fitzgerald otorga entidad a los personajes, a su historia, y genera un cierto entusiasmo, una fuerza muy fuerte durante todo el texto y que equilibra la balanza de sobriedad y fe, de razón y lucha fantástica e imposible.

Es absurdo pensar que podemos analizar la sangre cuando se nos rompe el corazón.

No me canso de recomendar a la gente que lea a Fitzgerald, más aún después de leer esta novela tan estupenda. Por mi parte, estoy deseando hacerme con A la deriva, que ganó el Man Booker y que promete ser una obra tan interesante como esta.

(Editorial Impedimenta, 2015. Traducción de Jon Bilbao. 240 páginas)
crítica

‘Quédate conmigo’ de Ayọ̀bámi Adébáyọ̀

Akin, ¿quién te cogerá hoy de la mano si lloras en silencio?

quedate conmigoUno de mis temas predilectos en la ficción es la maternidad. Me interesan todos los distintos tratamientos que se le da a este ámbito: a priori, un libro cuyo eje es la maternidad me llama la atención. Así que cuando hace un tiempo John (el autor de Bienvenida Narrativa, uno de los mejores blogs literarios de la actualidad) propuso leer Quédate conmigo, una de las últimas novedades de Gatopardo, no dude en unirme. Por unas y otras causas no pude reseñar el libro a tiempo, pero aquí os traigo un texto sobre él.

Quédate conmigo (Stay With Me, 2017) es la historia de una pareja nigeriana sin hijos, Yejide y Akin. Cuando la familia de Akin le encuentra una segunda esposa para lograr la tan ansiada concepción, Yejide lucha todo lo posible, con todos los recursos a su disposición, para convertirse al fin en madre. Este es el conflicto, la base: la mujer necesita pasar de la no madre a la madre. Lo cierto es que la trama me parece muy atractiva y bien llevada. Pasan, tal vez, demasiadas cosas para mi gusto, pero no llegan a parecer forzadas dentro del argumento general. Los giros argumentales, los virajes bruscos en la historia, resultan convenientes y naturales: el artificio no me ha resultado molesto sino, por el contrario, adictivo e ingenioso.

Es, por otro lado, la escritura lo que no ha terminado de convencerme del todo. Aunque Adébáyọ̀ me parece una muy buena autora, con mucha capacidad de desarrollo (la habilidad que tiene para presentar y enganchar un tema tras otro es de las grandes), se nota que se trata de una primera novela. Los sentimientos en la novela son arrolladores y, tal vez por estar narrada en primera persona, la prosa se empapa de esto. La forma del texto es demasiado airada, demasiado rabiosa, y esto acentúa su brusquedad sin aumentar su potencia. Cuando Adébáyọ̀ deja de lado esta rabia, en cambio, se observa un magnífico tratamiento de los temas y una gran prosista con mucha destreza formal. Por otro lado, me parece muy interesante la estructura textual, que combina hábilmente narradores y tiempos, lo que suaviza algo de la ira narrativa gracias a la combinación de las perspectivas de los personajes.

Una de las características más atrayentes de la novela es el “telón de fondo de la Nigeria de los cambios sociales de los ochenta”. Si buscas aprender en este sentido, permitidme que os disuada: en Quédate conmigo no se producen más que menciones puntuales al elemento contextual, que aparece como integrado en el texto de modo muy correcto. En una época de gran inestabilidad política y de profunda inseguridad para la ciudadanía, el logro de Adébáyọ̀ está, sin embargo, en reflejar de forma explícita y concienzuda la ruptura entre la Nigeria más tradicional y las personas que son Yejide y Akin. Esto se refleja en la visita que ella realiza a una suerte de chamán en su búsqueda de la concepción, y es uno de los aspectos más interesantes y clave de la obra esta idea de la tradición como ya finalizada y la consiguiente pregunta: ¿qué hacemos si ya no hay una base de tradición, de historia a la que aferrarnos?

Y no quería terminar sin mencionar a los vibrantes personajes de esta novela, porque son singulares y una producción impecable. Están trazados a la perfección para ayudar a Adébáyọ̀ a mostrar todo el dolor, la tristeza, la soledad y el silencio que pretende comunicar. Y es que, para mí, este libro no habla tanto de la maternidad (que lo hace y muy bien, o más bien de la no maternidad) como de la falta de comunicación, de los silencios que se producen entre los personajes y que emanan a la prosa de un modo muy inteligente y audaz. Se me rompía el corazón observando las traiciones, los lamentos que causaba la separación de cada uno de los personajes en una pequeña esfera aislada.

En fin, me ha gustado mucho. Me parece una buena novela, pero más una muy buena primera obra que me deja ver a la magnífica narradora que será Adébáyọ̀ en el futuro. Me ha ganado con el tratamiento de temas frágiles, con la sensibilidad en la selección de estos, con los personajes. Por muy cursi que suene, la novela se ha quedado conmigo todo este tiempo y más se quedará.

(Gatopardo ediciones, 2018. Traducción de Irene Oliva Luque. 336 páginas)

PD: El texto sobre Quédate conmigo lo escribí al completo ayer y se borró él solo. Esto es un palimpsesto en el que hay trazas del original, del que estaba mucho más orgullosa. Pero aquí queda este no tan lúcido intento, sin las citas que quería poner porque no tengo el libro.

PD 2: No dejéis de leer esta entrada de John con una breve e interesante entrevista a la autora. Muy recomendable.

crítica

‘Tiene que ser aquí’ de Maggie O’Farrell

Claudette habría aparecido igualmente, de un modo u otro. Pienso en eso, en que es mi constante inevitable (…). ¡Qué diferente podría haber sido todo, qué minúsculas las causas y qué devastadoras las consecuencias!

tieneque seraquí

Últimamente, gracias a una lectura fantástica (Tránsito de Rachel Cusk), a una fuerte determinación personal  y a una amiga, lectora estupenda, estoy al acecho de todo cuanto ha publicado Libros del Asteroide. Un poco sin ningún orden en particular, pero me fío de ellos. Así que la semana pasada me hice con Tiene que ser aquí (This Must Be the Place, 2016). Y aquí estamos.

Tiene que ser aquí es la historia de lo que ocurre cuando una persona guarda un secreto durante mucho tiempo, y de cómo algo que parece inofensivo puede alterar la vida de todos cuanto conoce. También es la historia de una familia muy grande, de un perderse y un encontrarse, de la soledad en medio de mucha gente y de ese momento en el que la vida se hace bola. Es todo esto (y un puñadito de cosas más) encapsulado en las figuras de Claudette, Daniel y quienes les rodean.

Creo que no hay nada que no me haya fascinado de este libro. Nada. Es un trabajo increíble, forjado con elegancia y buen hacer narrativo, con mucha maestría en el ensamblaje de las piezas y con una inmensa habilidad para cambiar los estilos como le conviene a la obra. Cada capítulo lo narra un personaje (o desde un personaje), en un momento, en un lugar determinados; desde ahí se construye una trama no lineal, pero tampoco compleja, sino tan solo amplia. No solo es esto un ejercicio impecable, de estos que sorprenden, especialmente en una obra tan ágil y magnética, sino que supone un aliciente divertídisimo descubrir quién te hablará ahora, desde dónde, desde cuándo, comprender cómo afecta esta nueva pieza al puzle que en tu cabeza se va montando.

Y sí, magnética, sobre todo gracias a sus personajes, que son muy atractivos, pero también por todas esas voces que se elevan a coro para darnos una visión panorámica de todo lo ocurrido. Respecto de los personajes: Claudette es increíble, toda ella un cúmulo de ira, pero de ira determinada, maravillosa, coherente, hasta bonita; y Daniel, qué deciros de Daniel, el patético y trágico Daniel, atrapado en ese momento oscuro para siempre. Se siente también una profunda simpatía por todos los niños y los secundarios que pueblan sus páginas. El coro es perfecto: no sobra ninguna de sus voces, afinadas, completas y naturales al límite. Hablan y no les conoces (pienso en Rosalind) o no parecen estar muy involucrados en la historia (pienso en Todd), pero es evidente que tenían que estar ahí. Cada capítulo juega con el tempo de una manera espectacular. O’Farrell es una arquitecta impecable.

Y ¡el cuerpo! A veces se despertaba por la mañana como si un hada perversa le hubiera puesto pesos de plomo en los pies. Aunque tuviera ganas de ir al prado a dar de comer a los caballos de los vecinos (cosa que ya no hacía casi nunca, no sabía por qué), le faltaba energía, la fuerza necesaria para hacerlo.
Marithe quería que se la devolvieran, que le devolvieran la sensación de seguridad en la vida, la certidumbre de saber quién era y lo que hacía.

Cuando pienso en Tiene que ser aquí pienso que si tuviera que definirla de forma muy breve os diría que es una novela sobre el amor. Pero por supuesto, es una novela sobre el amor de las nos gusta leer a las jovencitas hoy en día: de las que te rompen un poquito por dentro para que no te hagas ilusiones pero sin quitarte toda la esperanza. Dolor y calorcito. Maggie O’Farrell sabe lo que se hace, desde luego, y desmenuza muchísimos sentimientos muy complejos dentro de una novela en la que, la mayor parte del tiempo, no parece estar ocurriendo nada demasiado grave. Desarrolla las relaciones entre sus personajes echando mano de todos los recursos que haga falta, ella elegante, construyendo un armazón idóneo en el que volcar toda esa mezcolanza de amores, rencores y sufrimientos.

Todo muy limpio, todo muy espacial también (aquí las localizaciones no solo son importantes, sino que están vivas, están muy presentes) y muy hermoso y trágico. Tanto que de golpe llevas horas leyendo, son las tantas de la mañana y mañana te tienes que levantar para estudiar. Tanto que en pocos días devoras las casi quinientas páginas que lo forman. Tanto que en la época de exámenes te apetece más sentarte a escribir unas palabras sobre ella que ponerte a recordar nombres de hermeneutas.

Así que aquí tenéis este textito, pero mejor id directas a por el libro de O’Farrell.

(Libros del Asteroide, 2017. Traducción de Concha Cardeñoso. 470 páginas)

 

 

crítica

‘La mano izquierda de la oscuridad’ de Ursula K. Le Guin

Es algo terrible, esta bondad que los seres humanos nunca pierden. Terrible, porque cuando nos encontrábamos desnudos en la oscuridad y helados, no teníamos otra cosa. Nosotros que somos tan capaces, tan fuertes, terminamos en eso. No nos queda otra cosa.

kleguinHabía leído con anterioridad a K. Le Guin (1929-2018), la saga de Terramar (¿completa?). Pero nunca me había adentrado en su ciencia ficción, así que decidí afrontar en primer lugar la lectura de La mano izquierda de la oscuridad (The Left Hand of Darkness, 1973), una de sus primeras obras y, de hecho, aquella que la llevó a la fama, ganando el premio Nebula y el Hugo, en 1969 y en 1970 respectivamente. Un excelente palmarés para una novela que disfruté, aunque con reservas, y que me pareció muy sorprendente en algunos de sus planteamientos.

La mano izquierda de la oscuridad nos sitúa junto a Genly Ai, enviado de una suerte de federación intergaláctica al planeta Invierno para conseguir que su población se una a ellos. De esta premisa parte K. Le Guin para desarrollar una original raza en la que la gente es agénero, no existe la sexualidad y se produce un celo durante el que se decantan por uno u otro sexo. Algo así (mi descripción no es del todo acertada). Era todo este planteamiento el que me llamaba la atención y no me considero decepcionada, pues supone una revisión interesante no ya a los roles de género como tales, sino a los “dictados biológicos” que cualifican a los sexos (violencia/cuidados, guerra/intriga). Todo esto compone una crítica al binarismo sexual y a la sexualidad cimentada en una raza en la que cada ser demuestra características, como es lógico, propias de ambos sexos. Desde la mirada de Genly asistimos a una serie de experiencias que a veces le resultan grotescas, a veces absurdas, pero que llegan a conformar una identidad de lo más singular e interesante.

El principal problema que me encuentro (yo) al leer esta novela es que ha perdido parte de su efectividad con el paso del tiempo. Esto es bueno: no resulta tan novedoso esta perspectiva de un mundo sin géneros porque conozco el feminismo radical y la teoría queer y, más importante, tengo amigos que todos los días luchan contra unos roles y dictados de género limitantes y muy estúpidos. Pero sigo valorando La mano izquierda de la oscuridad de manera positiva porque se trata de un texto con una crítica muy discreta y una cadencia fantástica a la hora de presentar su historia. Me parece una lectura perfecta no ya para mí, sino para iniciar en la reflexión a cualquier persona a la que la palabra patriarcado le suene a chino.

A estos planteamientos que ubican la obra dentro de lo que sería la ciencia ficción feminista, se le añaden una serie de elementos positivos, como un ritmo muy lento, ralentizado por una prosa pausada y una presentación suave de personajes y situaciones, que hace que la novela se aleje del género de acción y se aproxime al de la ciencia ficción que a mí me gusta. La mayor parte del libro versa sobre intrigas palaciegas y conjuras políticas, además de charlas sobre por qué hacer esto y no lo otro, sin pasar gran cosa significativa más que en los momentos de cambio de trama más relevantes. Es todo esto lo que me ha resultado más interesante, dinámico y enriquecedor a nivel literario. K. Le Guin es una excelente narradora, que elimina lo innecesario de su obra mientras pausa todo, lo cual es muy inteligente y muy guay. En este sentido, destacar también todos los fragmentos enciclopédicos sobre el planeta Gueden, muy golosos y que plantean información extra sobre su cultura y su sociedad. Y, por supuesto, esa lúgubre y angustiosa ambientación, tan fría que una puede sentir los temblores durante la lectura.

Me hubiera encantado que toda la obra fuese así, la verdad. Pero lo cierto es que a partir de cierto punto, pese a continuar con parte de la reflexión, se llega a una parte de la trama en la que lo que predomina es la acción y la aventura… y no me pareció, ni de lejos, tan interesante. En cierto modo, el discurso social y sobre géneros/sexualidad no deja de aparecer, pero queda supeditado a la trama que, en mi opinión, se alarga demasiado. Por otro lado, me da un poco de rabia pensar en lo que esta trama podría haber sido (y hablo de la edición en español) con algo más de ambición y actualidad: pronombres neutros, terminología más concreta… Genly es un extranjero, y como tal en sus narraciones predomina el desconcierto hasta la posterior comprensión, pero a veces en aquellos capítulos focalizados en los guedenianos se nota una cierta tosquedad en los desarrollos (fuera de lo que es la crítica en sí, que es magnífica).

Sobre todo para quienes estéis interesados en la ciencia ficción o en el feminismo en la ficción, K. Le Guin es indispensable. Pero también para los escritores, para aprender sobre narrativa… una obra recomendable con pasajes muy interesantes.

(Editorial Minotauro, 1973. Traducción de Francisco Abelenda. 330 páginas)
crítica

‘La Torre’ de Daniel O’Malley

Miraba a aquellas personas y las envidiaba a todas, incluso al bebé supurante. No, sobre todo al bebé supurante. La gente normal podía vivir su vida con sus triviales preocupaciones, seguras de que lo sobrenatural no les molestaría. Dios, ni siquiera tenían que creer en lo sobrenatural. De eso ya nos preocupábamos nosotros.

138El Reto 10×10 inicia hoy, conmigo, su segunda fase, la de las reseñas. A lo largo de nueve días, mis compañeras y yo os contaremos qué nos ha parecido La Torre, de Daniel O’Malley, la novela de espionaje sobrenatural que nos ha tenido ocupadas últimamente. ¡Vamos a ello!

La historia es la siguiente: una mujer se despierta, sin memoria alguna acerca de quién es, rodeada de cadáveres. Unas cartas en su bolsillo le indican que su nombre es Myfanwy, que le han borrado la memoria y que, si desea recuperar su vida, habrá de adentrarse en un peligroso mundo de papeleo, actividades gubernamentales encubiertas y poderes extraños. Myfanwy decide aceptar el trabajo y se encuentra trabajando en eñ Checquy, el organismo que se encarga de llevar a cabo la gestión de todas las actividades sobrenaturales del Reino Unido. Con la tarea añadida, claro, de descubrir quién le borró la memoria y por qué.

La Torre (The Rook, 2012) llegó a mi vida después de leer El archivo de atrocidades (Charles Stross), una obra de temática semejante muy disfrutona; por eso, en principio, esta me llamaba tanto la atención. ¿Se parecerían en su desarrollo o sería mero planteamiento? Así me embarqué en una lectura amena y trepidante, satisfactoria en general. Hacía tiempo que no leía una obra adictiva hasta este grado, con tantísimos acontecimientos sucediéndose uno tras otro. En este sentido, la acción está muy bien gestionada: no hay un conflicto demasiado grande (pues la ligereza de la voz narrativa hace que el tono de todo se reduzca bastante) pero se suceden conflictos breves que se van solventando de modo muy correcto. Así, el desarrollo de la trama global se ve supeditado a una serie de episodios puntuales, del presente y del pasado, gracias a los cuales podemos ver todo aquello que ocurre entre los muros del Checquy, la organización para la que Myfanwy trabaja.

Pienso que uno de los elementos más atrayentes de La Torre es su personaje principal y cómo construye su voz narrativa y su relación con la trama. Para empezar, se alterna la narración del presente de Myfanwy (escrita en pasado, gracias al cielo) con una serie de cartas en las que la Myfanwy del pasado le explica su día a día y le cuenta todos los entresijos del Tablero. Así, la información llega a la lectora de modo gradual y la exposición se produce de una forma tan sutil que no resulta nada molesta. Y por supuesto, es en una de estas cartas donde se narra el episodio del pato, que sin duda alguna es la mejor historia del libro con diferencia, que es gloriosa y que me dejó absolutamente incrédula ante tamaño despliegue de inventiva.

A donde yo quería llegar: Myfanwy es un personaje muy potente. Tiene mucha fuerza (y un sentido del humor fantástico). Las dos Myfanwys a cuyos pensameintos accedemos tienen un acabado muy bueno: aunque el fondo es el mismo, su forma de moverse en el mundo y sus reacciones son muy distintas, lo que se percibe muy bien en la narración. El resto de personajes no se queda atrás, pues todo el elenco (brevemente descrito en las cartas y luego observado por el inocente, aunque un poco malévolo, ojo de Myfanwy), en especial la torre Gestalt, posee un halo de misterio estupendo, y hacen mucho también porque la trama de la novela se mantenga activa.

«Thomas parece una tipa maja, pero no deja de ser una secretaria con ínfulas. Aunque trabaje para el equivalente sobrenatural del M15, lo más probable es que solo se encargue de la parte más aburrida. “¡Cielos! ¡Un hombre lobo se está comiendo a la reina! Coge estos formularios y dile que nos los rellene por triplicado, a ver si hay suerte y podemos resolver la incidencia antes de que termine el trimestre”».

Hay una única cosa que no me ha gustado del todo. La novela, pese a tener un ritmo excelente, se me antoja un poco larga. En ningún momento me parece que se embarre, como ya os he dicho los conflictos se suceden de forma gradual y efectiva, pero sí es cierto que al no haber un conflicto global demasiado relevante (¿tal vez por la labor burócratica de Myfanwy?, ¿que por cierto es fantástica porque la Myfanwy de las cartas es como una Amy Santiago con poderes, esto lo he mencionado?) no llega a haber una resolución muy grande. O cuando la hay casi ya ni le importa a una, que lee con gusto pero se queda un poco igual. El desenlace llega ahí o podría haber llegado un poco antes, y yo hacía tanto que no leía este tipo de novelas que me sorprendía de forma constante ante todo aquello que O’Malley inventa para continuar con la trama.

A grandes rasgos, se trata de una obra inteligente, que abunda en momentos de tensión pero también en escenas tremendamente divertidas, amena y de trama elaborada. O’Malley construye una organización de forma ingeniosa y sus personajes son fantásticos. Si tenéis que leer un libro tipo ‘best-seller’, os recomiendo este: una lectura fácil, ligera sin caer en la simpleza, entretenida. Va a ser que sí me gustaban las novelas de espionaje, pero que no encontraba una que me conquistase. A ver qué pasa con la segunda parte (Stiletto, 2016).

(Editorial Nocturna, 2018. Traducción de Manuel de los Reyes. 594 páginas)