crítica

«La humanidad se estaba desgastando». El amante de lady Chatterley, D. H. Lawrence

Nuestra época es esencialmente trágica, por eso nos negamos a tomarla trágicamente. La catástrofe ya ha ocurrido, nos hallamos entre las ruinas, comenzamos a construir nuevos y pequeños lugares en que vivir, comenzamos a crear nuevas y pequeñas esperanzas.

El-amante-de-lady-ChatterleyDudaba de si escribir este texto. Hablar ahora mismo de determinados libros no deja de ser una suerte de posicionamiento por mi parte: ¿a quién puede interesarle mi opinión sobre una novela publicada hace noventa años, cuya polémica queda obsoleta? Sin embargo, con este tipo de obras suele ocurrir que son más comentadas que leídas. A fin de cuentas, supongo que muchas no estaréis interesadas en otra novela de adulterio más, esta vez sin censurar y con escenas sexuales explícitas, esta vez moderna, esta vez inglesa y posh. Pero es que El amante de Lady Chatterley (Lady Chatterley’s Lover, 1928) no es solo eso.

Os lo digo yo, que buscaba porno victoriano* y me encontré en realidad con una visión muy actual e interesante sobre la mujer, el hombre, el deseo, el poder. Y, en otro orden de cosas: sobre el Romanticismo, las malditas apariencias y… la lucha de clases (¿es este el nuevo formato del meme “vine buscando cobre y encontré oro”? Tal vez). ¡Cómo os quedáis! Uno de los elementos más fascinantes de la obra es, por supuesto, Connie Chatterley, cuya visión y construcción (cimentada en un conflicto maravilloso en todos los aspectos de su vida) es lo que hace que el libro sea tan inteligente. No estoy hablando, aún, de la aventura sexual que tiene con el guardabosques, que es tan solo una forma de mostrar ese desajuste que siente con la realidad que le ha tocado vivir: se refiere a su odio por la casa en la que debe quedarse encerrada (ella preferiría la libertad que le otorga el bosque), rechaza toda la palabrería con que su esposo elude vivir (que es, a fin de cuentas, su mayor necesidad, la vida que se le roba). «¡Tiene usted que divertirse!», le dice el médico, que la ve seca, tiesa, apagada en esa casa grande, aburrida como una mona.

Y efectivamente se divierte: comienza una aventura con el guardabosques como forma de rebelarse frente a la vida que se le ha propuesto. Esto tampoco es una cosa novedosísima, ahí están Edna, Emma, Anna y compaía. Pero, no contenta con tener una aventura (algo que le recomienda su esposo porque él no es capaz de acostarse con ella, dado que de cintura para abajo está impedido), la tiene con un hombre de extracción baja, rudo como él solo, un tipo fornido, bestia, de los que escupen en la calle toda la flema y gritan a las camareras moza. Pero claro: a lady Chatterley lo que le pasa es que quiere que le den por saco a estos burgueses pretenciosos, que son todo discurso, que van de amigos del proletariado y son rastreros y mezquinos y solo miran por ellos, lo que se ve en la evolución grotesca del personaje de sir Clifford (que también es maravillosa narrativamente hablando porque Lawrence es una BESTIA PARDA de la literatura). Ella observa y alucina ante la injusticia (de una forma muy pasiva, todo hay que decirlo) sin querer formar parte de ella; de hecho, se cansa también del amante de clase medio alta que tiene al principio de la novela. Todo esto porque está harta del discurso y quiere vida, felicidad, quiere intimidad (a su manera) y también un poco de jolgorio, y cree que al menos en ese otro lugar podrá tener todo esto. Connie huye hacia adelante (y para mí, el final es muy satisfactorio) y así se construye su avance.

A juicio de Connie, su generación había dejado sin validez todas las grandes palabras. Amor, alegría, felicidad, hogar, madre, padre, marido: todas esas palabras grandes y rebosantes de energía estaban medio muertas, y de día en día más se acercaban a la muerte.

Y atención porque todo esto es Connie (la mayor parte de la novela es ella), ¡pero el narrador también trae tela! Aburrido como él solo, deteniéndose en todo aquello que la lectura diagonal desestima, lento, muy rojeras (es él quien plantea el discurso sobre la lucha de clases más en concreto). Se regodea en la construcción de los espacios y de los personajes de un modo exquisito. Me ha encantado, pese a tener una traducción que no le hace justicia (he leído fragmentos en inglés y, la verdad, me gustaría leerla así entera), arcaizante, poco afortunada en la selección de las palabras cuando aquí es evidente que hay un interés en lo formal, una densidad semántica que te mueres, para luego bajarte a la tierra cuando se pone a hablar de los encuentros sexuales entre ellos. Es una gozada.

No quiero seguir dandoos la turra. Que al final todo esto es discurso, Connie se va a enfadar conmigo (yo hablando de mis movidas mientras finjo que hablo de un libro, qué sorpresivo y novedoso acontecimiento). D. H. Lawrence, te quiero mucho. El libro lo tenéis disponible en Wikisource en inglés, gratis, legal y fresquito; en español hay una edición muy elegante, ilustrada y carísima en Sexto Piso. Vosotras sabréis cuál es la mejor opción.

Por cierto. El mismo año que se publicó esto, también se publicaron cosas como el Orlando de Virginia Woolf o La llamada de Cthulhu de H. P. Lovecraft. Me flipa la literatura.

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*Porno victoriano: conjunto de obras sentimentales del siglo XIX y principios del XX. No tienen por qué tener sexo, pero se habla de este, sea de forma explícita o con insinuaciones veladas. Por ejemplo, Madame Bovary o Las amistades peligrosas. Jane Austen no entra, porque es demasiado elegante para esto.

crítica

de lo último

Apreciadas las que lean,

aunque me he hecho una cuenta en instagram (elpapelamarillo, como aquí), a veces siento una culpabilidad extraña por no conseguir que puedan coexistir ambos espacios, cuenta y blog, porque allí no puedo explayarme tan a gusto y aquí no dejo de tener la sensación de que este tipo de lugares están obsoletos (quién va a leer blogs ahora). Pero intentaré, cuando lo necesite, volver por aquí para escribir sobre alguna lectura más en profundidad. Hoy es el caso, me apetecía hacerlo con algunas de mis últimas lecturas, que son las mismas que las de la cuenta más alguna otra que ya he terminado después del último post: sirva esto de eliminación de telarañas.

Snap, Belinda Bauer
snapNo me gusta la novela policiaca. No me interesan los enredos ni las dinámicas que se producen entre los personajes, que me parecen siempre muy semejantes. Pero este libro me llamó la atención porque estaba en la lista del Man Booker, a la que intento estar atenta. Cuando terminé de leer intenté verle lo positivo y mi visión se centró en lo bueno, pero lo cierto es que no me parece una buena novela. Cae en maniqueos obvios hasta para mí, que no domino el género; es previsible de una forma zafia y burda; intenta abordar temáticas interesantes (la familia, la pérdida) sin conseguirlo. Su mayor interés radica en que, como es ligera y entretenida, se lee rápido. Más allá carece de toda calidad literaria, de todo efecto narrativo potente, más allá del consabido giro argumental que, por supuesto, venía siendo evidente porque la vinculación entre las dos tramas que Bauer presenta solo podía pender de un punto determinado. Y qué deciros de las detestables interacciones entre policías, o del punto naif que tienen todos los diálogos y los descubrimientos que el narrador nos presenta, porque esto carece de oscuridad alguna más allá del crimen investigado. Lo sencillo puede ser estupendo; en este caso es infantil. No leeré más de la autora. Ever.


Alguien, Alice McDermott
Después vino esto. Y claro, esto es otro rollo, porque Alguien es una genialidad y Alice McDermott es una señora genial que se merece que vayáis ya a la librería para haceros con esta ma-ra-vi-lla. ¿Por qué? Os doy dos razones:

  • porque la narradora se enroca en la pasividad para contemplar su exterior, lo que permite conocer a todos los personajes como la obra maestra de orfebrería que son y, además, a ella misma, porque esto es una novela de crecimiento como la copa de un pino,
  • porque la forma en que estudia los espacios, la intimidad y los cuerpos tiene una fuerza que pocas veces se ve en una novela

En la línea de Un árbol crece en Brooklyn (Betty Smith) por los motivos, los espacios, algunos temas, la construcción de lo que es el entramado narrativo; también recuerda a los libros de Rachel Cusk y Maggie O’Farrell (todo queda en casa).


La mujer singular y la ciudad, Vivian Gornick
Vaya por delante que yo a la Gornick la quiero mucho, la aprecio como escritora, la respeto como femilista y me parece que su prosa es fantástica. Peeeero. Siendo Apegos feroces la fantasía que es (en cada página te reencuentras contigo misma, te ilumina la verdad, aprehendes la sabiduría, etc)… este otro me ha resultado más dedicado al autoelogio, a la conversación con ella misma. Habla con Leonard pero ella solo escucha a Vivian, porque madre mía qué lista soy, cómo me quiero, qué arte tengo. Que lo eres, pero la humildad debería ser característica indisoluble de la inteligencia. Be kind, Vivian, tía.

Pero madre mía cuando habla de ciudades y cuando hace ejercicios de crítica literaria. Es que madre mía.

«La calle no para de moverse, y es imposible que no te guste el movimiento. Tienes que encontrar la composición del ritmo, escribir la historia a partir del movimiento, comprender y no lamentar que el poder del impulso narrativo sea frágil, aunque infinito. ¿La civilización se está fracturando? ¿La ciudad está enloquecida? ¿El siglo es surrealista? Muévete más deprisa. Encuentra el hilo argumental más rápido.»


White Teeth, Zadie Smith
Desnudé por completo mi alma en el post sobre este libro, así que os pasáis y me contáis si veis la necesidad de que siga. Pero por si acaso, esto es lo que siento acerca de Zadie Smith, reina de mi vida y de mi corazón:

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Sentí de nuevo lo que había sentido con Apegos feroces, vaya. No toca tan cerca (aunque la identidad y la cultura y la tradición son ahora temas menos oscuros para mí gracias a ella) pero me parece increíble que esté existiendo en el universo al mismo tiempo que una persona tan inteligente y talentosa. No sabéis la cantidad de trabajo formal que hay en White Teeth, que es una auténtica pasada, ¡pero es que además es un librazo mayúsculo, del tipo Middlesex! Estoy enamorada de su cerebro.


A la deriva, Penelope Fitzgerald
fitzCuando más arriba digo que “lo sencillo puede ser estupendo”, me refiero a cosas como esta. Fitzgerald no es una escritora que te caigas para atrás de las virguerías que hace, sino más bien todo lo contrario: su prosa es el café con leche caliente de las mañanas, es cómoda, agradable, dulce, ligera. Pero ligera con elegancia, con interés, con conciencia de aquello que sus obras cuentan. Sobre todo con un trabajo inmenso en sus personajes, que son los que me fascinan a mí y la razón por la que poco a poco voy leyendo todos sus libros (el próximo será La flor azul, más pronto que tarde). Una novela de la que sales muy emocionada, con un nudo en la garganta, pero llena de esperanza al mismo tiempo es para mí un experimento interesante, y me ha pasado con las tres. Con esta con la que más, porque Nenna es muy llamativa, tan resignada ella pero a la vez tan valiente, tan esforzada por conseguir que no la consideren una mujer a la deriva. Qué mona.


Agnus Dei, Nieves Mories
Este libro no os va a gustar. Es muy raro. Como diría Silvia Abril, raro que te cagas de lo raro que es. Así que seré breve, porque ya hablé mucho de él en Libros Prohibidos: si te gusta mucho la literatura de terror, el cine de terror, las casas de terror, y derivados externos; es decir, si te gusta el ambiente que se genera en el género de terror, no deberías dejar pasar esta novela corta. Es decir, hay que estar muy curtido para leer esto, pero cuando lo estás, es alucinante.


El amante de Lady Chatterley, D. H. Lawrence
De esta novela me gustaría hablar largo y tendido, intentaré hacerlo, lo prometo. Tan solo diré que comencé a leerlo porque me habían prometido una novela erótica y a mí el ‘porno victoriano’ (que no es ni porno, ni victoriano y algún día os definiré) me flipa, y sin embrgo me encontré con…. un análisis muy interesante de la lucha de clases a principios del siglo XX. En otro orden, es una novela muy moderna en cuanto a su tratamiento del placer femenino (algo así como el tema principal) y también en su desarrollo de las responsabilidades sociales en las relaciones patriarcales. Todo ello, claro con mayor o menor acierto, pero bastante hizo Lawrence. Respect.


Hasta aquí. De los del #LeoAutorasOct y de otro que leí a finales del mes pasado os hablaré más adelante. Pronto. A lo mejor.

Vale.

otros

«Katia se deja llevar en busca de la identidad». Entrevista Aroa Moreno Durán

Dentro del curso La industria del libro en la actualidad: de la edición al lector de la Universidad Complutense de Madrid, organizamos un encuentro literario en la librería Rafael Alberti. El encuentro se produjo el pasado martes, cuando nos reunimos con Aroa Moreno Durán para charlar con ella sobre su novela La hija del comunista (Caballo de Troya, 2017), acompañadas de Lara Moreno, editora del libro. Antes de que la presentación comenzase, tuvimos la oportunidad de realizar una entrevista con Aroa, que nos habló sobre la novela, el proceso creativo y el trabajo editorial que se llevó a cabo. Esperamos que disfrutéis de sus respuestas.


Eres poeta y has publicado poesía. ¿En qué momento o por qué tomas la decisión de pasarte a publicar narrativa en lugar de continuar con la poesía? Se trata de territorios distintos, ¿cómo has vivido el cambio?
lahijaLa poesía fue algo casi natural, un impulso que yo sentí muy pequeña. Mi hermana nació cuando yo tenía ocho años y le escribía un montón de pequeñas rimas. Sentí que era una forma de contar las cosas que me pasaban, que veía y que sentía, desde muy pequeña. Mi abuelo paterno también había escrito mucha poesía y a mí me gustaba mucho que me la leyera en alto, supongo que era la única de la familia que le pedía que le leyese los poemas que tenía en su cuaderno. Y cuando a un niño le lees cosas y le abres el mundo, nada es difícil para ellos; entendí que esa era una forma de expresión y fue la que utilicé durante mucho tiempo, desde los ocho años hasta la universidad. Pero a mí siempre me ha gustado escribir de todo. Yo hice Periodismo y entendí que la palabra era sólo una herramienta que se podía utilizar de formas muy diferentes. Había escrito también relatos y tenía ganas de escribir algo más largo, pero no sabía si el pulso me iba a acompañar a escribir algo como una novela, que requiere de un trabajo muy diferente a la poesía, de una constancia, en este caso de una investigación, de una documentación… y me metí ahí. No sabía si la iba a terminar alguna vez pero disfruté muchísimo. Me encantó escribirla, sentarme con los personajes, trazar la ciudad, darles un contexto e ir construyendo la novela. La historia estaba armada de principio a fin, pero al ir avanzando pasan cosas que no tenías previstas. Me gustaría volver a escribir una novela, pero nunca he dejado de escribir poesía. Para las cosas mías, para mis emociones, la poesía seguirá siendo la forma en que me exprese, y la narrativa es distinta. En La hija del comunista no hay nada de autoficción, es todo ficción.

¿Cómo viviste el proceso de publicar la novela en Caballo de Troya, una editorial con un planteamiento muy interesante? ¿Cómo fue trabajar con Lara como editora?
Lo viví muy familiarmente porque Lara [Moreno, la editora] es amiga mía. Yo estaba haciendo con ella una especie de tutoría de novela, nos reuníamos cada cierto tiempo y yo iba escribiendo partes de la novela: ella la conocía desde el principio. Cuando le ofrecieron ser editora de Caballo de Troya me dijo: “A mí me encanta lo que estabas haciendo, acábalo”. Era una apuesta un poco en falso. ¿Lo iba a acabar, iba a acabar bien…? No sabíamos nada. Coincidió que yo me quedé embarazada, tuve un niño… para mí fue una época muy complicada para decidirme a acabarlo. Pero otras veces se me ha pasado el tren en estos asuntos y pensé: “Esto lo tengo que acabar, por mí, por Lara, por todo”. ¡Y ha salido bien! Al final no éramos solo ella y yo en Berlín, sino que ha sido refrendado a través del premio Ojo Crítico. Trabajar con Lara ha sido además facilísimo, nos entendemos muy bien, nos conocimos leyéndonos antes de en persona y esa afinidad y la forma de entender la literatura hizo que trabajásemos muy fácilmente. Yo acepté todas sus sugerencias, ella entendió cuando yo quise no darle vuelo a ciertos temas en la novela… ha sido muy fácil. Y es muy bonito, meterte en algo así con alguien a quien conoces, y que salga bien.

la_hija_del_comunista¿De dónde viene la idea de La hija del comunista?
El germen de la novela surge porque estaba haciendo unas entrevistas diarias al poeta Marcos Ana, el preso político que más tiempo estuvo en la cárcel durante el franquismo, una persona muy comprometida, comunista. Me encargaron entrevistarle desde una editorial para que a través de las preguntas pudiese escribir un último libro contando sus vivencias. Él me dijo que cuando salió de la cárcel el Partido Comunista le llevó por los países del bloque soviético, a Rusia, a Cuba y a la Alemania del Este, donde se encontró con un grupo de exiliados españoles. Me sorprendió, nunca me habían contado que había exilio en la RDA. Conocemos el exilio de Francia, Rusia, México, Argentina, pero no conocemos el pequeño reducto de Alemania, donde vivían unas trescientas familias. Como tenía ganas de hacer una novela pero no encontraba la idea y no me planteaba la autoficción, empecé a investigar, y me encontré con historias de gente que tenía muchas cosas interesantes que contar, gente que había vivido la posguerra de la segunda guerra mundial, la guerra fría, el muro de Berlín, con toda la historia del siglo XX en su propia vida. El olfato periodístico, desde luego, ahí no falló: había algo que no se había contado, no había casi bibliografía. Por un lado, en Francia, el verano pasado, salió un libro sobre los españoles en la RDA. Por otro está Ilejanía, un libro que escribieron las hijas de dos exiliados, Mercedes Álvarez y Nuria Quevedo. Las entrevisté en Berlín para documentarme, habían publicado el libro en Alemania pero era casi desconocido.

¿La consideras una novela de aprendizaje?
Visto desde la perspectiva de la protagonista, tiene un crecimiento no solo a lo largo de los años, por las elipsis, sino de aprendizaje. ¿Aprende? Sí: acaba en el mismo sitio, pero los lugares en realidad son no lugares, una puede vivir toda la vida en el mismo sitio y no ser la misma persona. Cuando Katia llega a Berlín es cuando toma una decisión, su hermana le da una bofetada de realidad. Ahí intenté salvarla, que dejase de ser una arrastrada por las circunstancias y los demás y se enfrentase a su pasado, a las consecuencias que tiene tomar una decisión que no has calibrado lo suficiente o que no se puede calibrar. Para mí, ella crece en ese momento, aunque le cuesta mucho.

¿Por qué retrotraerse al Berlín de los años sesenta en lugar de ambientar la novela en torno a alguno de los quince muros que siguen vigentes hoy en día?
Supongo que lo que me contó Marcos Ana se encontró con el interés por el exilio, la posguerra, la memoria y la memoria familiar. El párrafo final del libro [sobre los muros en la actualidad], que puede ser evidente, lo pongo porque creo que las migraciones y las fronteras son uno de los problemas humanos más importantes de estos tiempos. El muro de Berlín y la Europa del Este fueron para mí algo muy ajeno, cuando el muro cayó tenía nueve años. Tal vez hubiera sido más fácil hablar de las vallas de Marruecos y España, pero a veces es muy difícil hablar de lo cercano. También sería fácil si la familia fuese de Madrid, yo soy de aquí, me siento de aquí… pero me dio respeto, pensé que no iba a conseguir hacerlo, y busqué desubicarles, aplicar lejanía a los personajes.

¿Cómo ves tú la vinculación entre identidad, patria y lengua que desarrollas en el libro?
Es uno de los temas principales, dónde reside la identidad. No hay una respuesta cierta, cada uno busca su identidad en un sitio. Katia piensa que su identidad estaba en un sitio y luego estaba en otro lugar. Creo que hay que respetar los sentimientos por la tierra, la lengua. La lengua de las emociones es la lengua materna, entiendo que uno se quiera expresar en esa lengua, quiero abrirme a que se busque la identidad en otros lugares diferentes a los míos. Yo, como Katia, encuentro la identidad en mi familia, en los que están detrás de mí. Esto me ha ayudado a ubicarme en el mundo, siempre me ha interesado saber de dónde vengo familiarmente, saber quiénes eran.

Durante toda la novela aparecen muchos símbolos como la nieve, las flores o el muro. Hablando del proceso creativo, ¿tenías pensado utilizarlos de antemano o se te ocurrieron durante la escritura?
Fueron surgiendo. Haber escrito tanta poesía me ayudó a tener cierta sensibilidad con el lenguaje, con el estilo. Pero no me propuse que algo significase una cosa u otra. De hecho, cada uno que lo lea pensará que significa una cosa u otra, las imágenes poéticas son así, se lanzan como forma directa de llevar algo al lector, pero en realidad el imaginario y el  bagaje del lector la traducirá como sea. Fue una cosa espontánea de la forma de narrar.

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Andrea Navacerrada (moderadora), Aroa Moreno Durán y Lara Moreno durante la presentación de la novela.

¿De qué huye Katia?
Un amigo me dijo que Katia es un personaje muy maltratado, que huye de la Historia pero esta siempre la acaba atrapando. Huye de los acontecimientos, de las sociedades que la atrapan. En realidad, yo no creo que huya, sino que más bien busca, ella no está mal en su familia, no es una persona política, constreñida… se deja llevar, en busca de la identidad. Cuando encuentra a Johannes, él le trae todo lo que ella no tiene, le ofrece su identidad y su raíz para compartirla con ella, y eso es lo que a ella le cautiva, aparte de lo que le deslumbra como chica de dieciocho años, todo lo que no puede tener y que al final rechaza.

¿Cuáles son tus influencias en esta obra?
Lo tengo muy claro. Leí dos novelas que me hicieron ver que quería escribir algo que se moviese entre ellas. Son obras históricas tratadas de forma sutil, diferente, desde las personas, que no hablan de la Historia sino de la intrahistoria, de lo que hay debajo. El primero fue El papel de mi familia en la revolución mundial de Bora Ćosić (Minúscula), un libro muy bonito, con mucho humor, que apareció en una edición facsímil y se convirtió en una novela muy leída. La otra novela es Purga de Sofi Oksanen (Salamandra), sobre la trata de mujeres y los desaparecidos durante la dictadura de Estonia, contado desde la perspectiva de una señora muy mayor que encuentra a una mujer tirada en su jardín, se hacen amigas y se cuentan sus historias. Esos dos libros fueron clave.

¿Cómo fue ganar el Ojo Crítico?
Fue una felicidad suprema. Al Ojo Crítico no te presentas sino que cada miembro del jurado lleva el libro de un autor novel de ese año. Yo no sé quién llevó la mía, pero de pronto te llaman y te dicen “Has ganado el Ojo Crítico”, así que fue muy bonito. Además, a la novela le ha dado una segunda vida. Había salido en febrero y habían sacado tres ediciones, pero en diciembre empieza a desaparecer, ya no se encuentra, se va muriendo. Y de pronto otra vez a la mesa de novedades, entrevistas… fue genial.

¿Qué hay en la mesita de noche de Aroa Moreno Durán? ¿Nos recomiendas algún libro?
Estoy leyendo La identidad perdida de Maria Dolores Moreno Burgos (Umbriel), porque tiene que ver con lo próximo que quiero escribir, también relacionado con la identidad y la memoria. También a Martínez de Pisón, porque modero una charla con él y Almudena Grandes en noviembre. Este último año he leído Ordesa de Manuel Vilas (Alfaguara). Es un libro que me ha encantado, una obra de autoficción. Habla de la relación con sus padres y de cómo algunas veces te olvidas de ellos. Para subrayarlo entero.

¿Cuáles son tus planes de futuro, algún proyecto a la vista?
Tengo un poemario sin acabar que tiene que ver con la maternidad, lo que estoy viviendo ahora las veinticuatro horas del día. También me gustaría escribir una novela, estoy tramándola, armando el caparazón, el guión, para empezar a escribir cuanto antes. Esta es la parte más ardua para mí, pensar desde dónde la cuento, hacia dónde va a ir, cuál va a ser el tema de fondo, qué sentido tiene contarlo… y por otro lado, te preguntas todo el rato ¿quién va a leer esto? Pero es un momento muy bueno para mí como escritora y no quiero dejarlo pasar, así que voy a aprovechar.

crítica

‘Coral Glynn’ de Peter Cameron

—¿Y dónde está su hogar?
—No tengo hogar —repuso ella.
—¿De veras? ¿Ninguno, en ningún sitio?
—No —repitió Carol, y hubo algo definitivo en esa admisión, algo irreparable, como si la carencia de un hogar impidiera seguir manteniendo una conversación.

enfermerica(4 de mayo de 2018)

Supongo que todo el mundo habrá oído hablar de Algún día este dolor te será útil. Al menos en mi entorno, fue una novela muy comentada en su momento y que a mí me interesaba mucho. Con Coral Glynn (Coral Glynn, 2012) ocurrió más de lo mismo, pero con esta tuve suerte: pude hacerme con ella. Así me adentré en la obra de Peter Cameron, prolífico autor estadounidense que en España edita, con el mimo habitual, Libros de Asteroide.

Coral Glynn es la novela perfecta para aquellas a quienes les gusta el espíritu de las obras en las que no pasa nada, pero que no soportan ese vacío en la trama. Aquí no dejan de pasar cosas: Coral es una enfermera que va a cuidar a una anciana mujer a su casa; y entonces se produce un cambio en el entorno; y entonces; y entonces. Los acontecimientos se suceden, veloces, ágiles y ligeros, siempre a golpe de diálogos lúcidos, costumbristas e irreverentes en ocasiones.

(5 de julio de 2018)

Vuelvo a sentarme frente al ordenador para hablar sobre Coral Glynn. Cuando iba a escribir esto, pensaba que “tenía muy claro lo que quería decir”. Parece que no era verdad. A día de hoy, con la crítica a medio escribir, estoy leyendo Algún día este dolor te será útil. Podemos afirmar por tanto que me gustó mucho, lo suficiente como para querer más. Que me gustó la forma en la que Cameron desarrolla el texto. Pero si dijera esto estaría simplificando lo que pensé. Lo cierto es que no me parece que Cameron sea un buen narrador porque narre bien, sino porque tiene un ojo muy bueno para encontrar el momento perfecto, la intervención perfecta, para redondear al límite a sus personajes. Él (en calidad de narrador, entiéndase) juega a no saber, juega a los “al parecer”, a los “por lo visto”, a los “estoy descubriendo esto al mismo tiempo que tú, lector, y he de decirte que me gusta”. Como si no se hubiese dado cuenta de lo que tenía entre manos hasta el preciso momento en que lo tuvo entre manos.

Así, Coral Glynn está lleno de observaciones magníficas y súbitas, de una forma de expresar la vida excelente, de darle mimo a las situaciones para que sean todas puntos casi epifánicos, de revelación profunda, por parte de unos personajes que comprenden que la vida les está pasando porque tampoco hay nada más que pueda ocurrir, es lo que tiene esto («para él la vida había ocurrido ya, ahora solo se limitaba a soportarla»). Coral es sensacional, pero es tan solo uno de los engranajes, una más en este cuadros sobre la soledad, el frío, la felicidad-o-no y la resignación. Resulta que disfruto mucho de las novelas sobre la resignación y sobre el sentarse a ver cómo la vida es sin hacer tampoco gran cosa, así que las reflexiones que se producen me resultaron deliciosas. Así y todo estos temas hacen que la novela, sencilla de leer, que no exige demasiado en ningún momento (ni a nivel formal ni temático) se convierta en una experiencia un poco agotadora anímicamente. Pero todo bien, yo encantada.

Cuando terminé el libro, le escribí a mi mejor amiga diciéndole que tenía que leerlo. Se lo digo mucho porque es frecuente que lo que leo me guste; pero en esta ocasión le dije que era porque este libro te hace replantearte la posibilidad de la felicidad en la vida, sobre todo en el sentido de si es necesaria, de si merece la pena a veces comerse la cabeza por ella (que digo yo que sí, pero Cameron no me dejó tan convencida). En este sentido para mí es muy recomendable, pero hunde un poco, así que cuidado.

Dolly repitió su nombre porque le pareció ausente, como si necesitara que le recordaran quién era, y se preguntó qué habría pasado o estaría pasando en Hart House para que las identidades de sus dos ocupantes se hubieran soltado de unos asideros hasta entonces perfectamente firmes.

En fin: cuando leí el libro ya me pareció estupendo, pero pensando sobre él encuentro que cada vez me gusta más. Estoy segura de que lo releeré en algún momento (¡ya he tenido ganas ahora repasando mis subrayados y notas!) y pronto os traeré algo sobre Algún día este dolor te será útil, aunque tengo la impresión de que me gustará menos (ya lo está haciendo). Pero bueno: de momento apuntaos Coral Glynn.

(Libros del Asteroide, 2013. Traducción de Patricia Antón. 270 páginas)

 

crítica

‘La puerta de los ángeles’, de Penelope Fitzgerald

—No tengo familia. No tengo dinero. No quiero llamarte enfermera. Quiero llamarte señorita. Quiero llamarte Mujer Eterna. ¿Te avergüenza?

angelicosHace tiempo os hablé de La librería, un relato encantador sobre la esperanza o qué hacer cuando esta se ha terminado. Me imaginaba que más tarde o más temprano volvería a leer algo de Penelope Fitzgerald, pues me conquistó con su costumbrismo, pese a que el libro no se convirtiese en uno de mis favoritos. Así pues, cuando vi que en la biblioteca disponían de La puerta de los ángeles (The Gate of Angels, 1990), me lancé de cabeza.

Por resumir un poco el argumento, este libro va de un muchacho que quiere casarse, pero no encuentra una muchacha ni dispone del contexto adecuado para hacerlo; por otro lado, va de una muchacha que se deja mecer por un mundo injusto que la mueve como quiere. Y, por resumir un poco esta crítica, he disfrutado más de esta lectura que de La librería, me parece una novela sobresaliente y creo que deberíais leerla. Fitzgerald presenta una historia hermosa, que se mueve entre lo amargo y lo agradable sin llegar a afincarse en ninguno de estos dos ámbitos.

Sin grandes ostentaciones formales, la historia que presenta Fitzgerald en La puerta de los ángeles es una composición muy curiosa y entrañable sobre la resignación y sobre la valentía necesaria para soportar un mundo que busca dominar y regularizar a todo el mundo. Gracias a sus personajes principales, Fred y Daisy, la autora consigue hacernos llegar toda esta desazón soterrada y este dejarse llevar contra el que se lucha hasta comprender lo absurdo de la lucha. Mentiría si no dijera que es la parte de Daisy la que más he disfrutado y más me ha llegado al corazón: es una historia forjada a partir de encuentros inesperados y repentinos, de momentos cruciales y decisiones en apariencia incomprensibles pero que no carecen de fondo. Veo bastante absurda la expresión “novela de personajes” (porque la narrativa suele ser sus personajes), pero entiendo su uso en determinados contextos en los que es a partir de los personajes que se desarrolla la trama, como este. Sin ser demasiado activos ni demasiado pasivos, una encaja a Fred y Daisy en sus pequeños cosmos como elementos que se retroalimentan: cuando terminas de leer la novela, comprendes que no podría ser de otro modo, y no podría ser otra gente.

He visto mucha luz en La puerta de los ángeles. Donde La librería era una historia abocada al fracaso, aquí encontramos, más bien, una serie de fracasos abocados a la historia; la sensación final es, por tanto, la de una novela de las que dan calorcito por dentro. No sé: luz, esperanza, fuerza. No es una obra inspiradora, no me malinterpretéis, no hay aquí una intención de mostrar una verdad reveladora. Es más bien que con ese costumbrismo que tan bien domina Fitzgerald otorga entidad a los personajes, a su historia, y genera un cierto entusiasmo, una fuerza muy fuerte durante todo el texto y que equilibra la balanza de sobriedad y fe, de razón y lucha fantástica e imposible.

Es absurdo pensar que podemos analizar la sangre cuando se nos rompe el corazón.

No me canso de recomendar a la gente que lea a Fitzgerald, más aún después de leer esta novela tan estupenda. Por mi parte, estoy deseando hacerme con A la deriva, que ganó el Man Booker y que promete ser una obra tan interesante como esta.

(Editorial Impedimenta, 2015. Traducción de Jon Bilbao. 240 páginas)