crítica

‘La librería’ de Penelope Fitzgerald

Un buen libro es la preciosa savia del alma de un maestro, embalsamada y atesorada intencionadamente para una vida más allá de la vida y, como tal, no hay duda de que debe ser un artículo de primera necesidad.

la libreriaConocí La librería por la película de Isabel Coixet; fue la adaptación (dulce, trágica, rebonica, emotiva) la que me llevó a leer la novela, algo que me alegro de haber hecho. La trama es la siguiente: Florence Green, viuda y lectora, decide abrir una librería en el pueblo donde vive. Lo que parece una decisión inofensiva en un principio activa toda una serie de procesos en el lugar que traerán de cabeza a la protagonista

La librería no es una novela difícil, comprometida o densa. Nada por el estilo: se trata de una obra de plácida lectura, muy entretenida, muy dulce y con una trama sencilla pero agradable. Es una obra muy pura, muy amena, muy mona; la trama que se plantea es sencilla y su ejecución no dista mucho de esto. Como la película, es tierna y emotiva a ratos, aunque aquí se produce una separación mayor entre lector y personajes, inevitable por la lejanía de que Fitzgerald impregna a su narración. Supongo que todos los lectores tenemos un cierto interés, mayor o menor, en la novelística que habla de libros (autores, bibliotecas, librerías), pero leer La librería en ese sentido puede resultar decepcionante, puesto que no hay aquí mayor referencia a la literatura. Florence abre una librería, y ama leer, pero no se mencionan títulos, lo cual es una verdadera lástima. La literatura es tan solo un recurso narrativo.

Últimamente se había empezado a preguntar si no tendría la obligación de demostrarse a sí misma, y posiblemente a los demás, que ella existía por derecho propio.

Es interesante la forma de narrar de Penelope Fitzgerald. No ahonda apenas en la psique de los personajes, no se centra en describir ciertos aspectos de la mente de Florence, y sin embargo somos capaces de comprender todo aquello cuanto ella piensa. Tiene una voz narrativa casi quebrada, en la que el silencio es mucho más relevante que aquello que sí se dice, y pese a ello sus descripciones son vivaces y muy visuales. Todos los diálogos de la obra son tremendamente pintorescos y tiernos, consiguiendo así que los personajes tengan una cierta humanidad de la que por la focalización que se le da a la historia carecerían. Es curioso, porque pese a tener un tono general bastante pesimista (la gente no es buena, parece revelarnos la historia de Florence) es una de estas obras que te hacen sentir en paz. Que te dejan bien. Sosegadita.

La novela es tan costumbrista, tan con olor a casa antigua recién barnizada, que sorprende que fuese publicada en 1978. Parece más bien beber de esa tradición tan inglesa de una narrativa pausada pero de ojo cotilla, en la que observamos a través de las ventanas y descubrimos pequeños retazos de historias familiares. Y así es, en realidad: La librería es una obra sencilla que se cuela en la vida de un personaje muy pequeño para relatar una historia de coraje, fuerza y lucha.

Ninguna de las dos estaba preparada para reconocer que le gustaría proteger a la otra. Habría sido como permitir que el miedo entrara en la habitación. El miedo parecería más natural si el lugar hubiera estado a oscuras, pero la luz brillante de la tienda inundaba toda la estancia.

Me parece interesante mencionar las muchas diferencias existentes entre película y novela. Es una adaptación lineal que recoge prácticamente todos los elementos del libro (obviando algunos como el poltergeist), y sin embargo los resultados son muy diferente. La película incide muchísimo más en las relaciones de los personajes (sobre todo con toda la dialéctica entre Florence y el señor Brundish, maravillosa), mientras que en la novela toda la mayor importancia recae sobre Florence y no hay apenas referencias a otras psiques. Si bien ambas obras me han resultado de calidad pareja, me parecen reseñables los cambios que pueden efectuarse en una trama alterando apenas el foco y el tono. El mayor de los cambios es en el espíritu: pienso que la novela es más entrañable y la película más melancólica.

La librería es una buena novela para combinar con otras de mayor densidad, para despejar la mente y oxigenar un poco, pero sin bajar la calidad de las lecturas. Fitzgerald posee una chispa, una agilidad a la hora de escribir, que le da fuerza y gravedad, certidumbre al texto. Si disfrutasteis la película (¡ganadora de varios Goyas de los gordos, por cierto!) no puedo menos que recomendaros que le echéis un ojo al libro.

(Traducción de Ana Bustelo para Impedimenta, 2010)
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