crítica

‘The Girls of Slender Means’, de Muriel Spark

It was not the first instance of a man taking a girl to bed with the aim of converting her soul, but he, in great exasperation, felt that it was, and poignantly, in bed, willed and willed the awakening of her social conscience.

girls.jpgEn el Londres de 1945, las señoritas cuyo dinero es escaso viven en un albergue llamado el May of Teck club. La novela explora las apacibles y en apariencia aburridas vidas, relaciones e intereses de las jóvenes habitantes del edificio, que en este momento en concreto gravitan en torno a la figura del escritor Nicholas Farringdon.

Espero no ser la única que no conocía a Muriel Spark (1918-2006), autora escocesa prolífica pero no muy recordada. Lo cierto es que The Girls of Slender Means (1963) llegó a mí tras una visita de mi familia a Edimburgo, emergiendo de una nube de desconocimiento. Tras la lectura, entiendo que no sea una escritora demasiado relevante a día de hoy, pues pese a que tiene una cierta elegancia en su prosa, la novela carece de interés más allá de una historia entretenida. Como ya os he dicho, estas son las vidas de una serie de chicas que viven juntas en un hostal/albergue de Londres. Cada cual decida si esta imagen le produce algún tipo de interés; a título personal, la novela costumbrista sencilla, en la que nos asomamos a los asuntos de unos personajes que parecen sin chicha ni limoná, me resulta muy disfrutona. Esto fue lo que más me atrajo de la novela a priori, pero no me esperaba que las viñetas que aquí se presentan fuesen tan anodinas, tan carentes de una cierta sustancia que revistiese su simplicidad de una grandeza mayor.

Ninguno de los personajes que aquí se presentan llegan a justificar la narración. No hay personalidad aquí, tan solo pequeños toques de una cierta inteligencia en la creación, pero la mayoría de las escenas carecen de la evocación, la emotividad que podría esperarse. Ni siquiera Nicholas, el histriónico, caricaturizado y en ocasiones grotesco Nicholas, llega a resultar demasiado interesante. Asistimos a páginas y páginas de unas historias que no nos interesan demasiado, que no tienen apenas conflictos (ni explícito ni subyacente), monótonas excepto en momentos puntuales en los que el ingenio narrativo de Spark sale a relucir. En este sentido, las escenas más simpáticas son aquellas en las que se presenta a los personajes (con mucha perspicacia), pero anteceden a unas tierras baldías carentes de emoción que se leen como si nada, pues la narrativa es amena y ligera, pero que no aportan gran cosa.

Y de pronto llega el final. Parece que Spark se percató de que su obra no tenía apenas tensión narrativa, no disponía de pulso, y decididó introducir algo que podemos denominar dramón del quince, tragedia griega o final de temporada de telenovela mala. Hacia tiempo (estoy segura que desde que dije adiós a la literatura juvenil) que no leía un trabajo tan chapucero y excesivo. En las últimas páginas se concentra todo el conflicto innecesario que no se dejaba ver en el resto de la obra, con una pomposidad y una grandeza que me hacen pensar que esto buscaba que las muchachas lectoras se llevasen una mano al corazón, acongojadas. Es un golpe de efecto. ¿Efectista? Muchísimo.¿Efectivo? A mí no me ha convencido.

The girls on this floor were not yet experienced in discussing men. Everything turned on whether the man in question was a good dancer and had a sense of humour.

Hay algo muy bueno en The Girls of Slender Means, algo que hace que la lectura, fallida en muchos aspectos, merezca la pena. Muriel Spark es una autora divertidísima. Sus observaciones sobre los personajes, maliciosas e inteligentes, son una maravilla, y es esto lo que hace que las presentaciones sean tan deliciosas. Por otro lado, de vez en cuanto tiene momentos de extremada lucidez, momentos en los que se deja entrever alguna intención más allá de la trama, algún tema fuera de las vidas de las jóvenes. En este sentido es muy interesante el personaje de Joanna, la constante más evidente en la novela, cuya voz siempre se eleva sobre todas las conversaciones, cuya forma de ser obsesiona a otros personajes llegando a convertirse en núcleo de la obra. Pero este único elemento no llega a contrarrestar la pobre construcción del resto de la novela, pese al interés que llega a provocar en escenas puntuales.

Si tenéis algún tipo de afán completista con este tipo de narrativa, o alguna curiosidad especial, adelante. Pero estoy segura de que habrá novelas mucho mejores que esta, que no pasa de entretenida. No me disgusta haberla leído por la sornita de la Spark, pero no creo que repita con la autora.

(Editorial Impedimenta, 2011. Traducción de Gabriela Bustelo. 178 páginas)
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