crítica

‘La mano izquierda de la oscuridad’ de Ursula K. Le Guin

Es algo terrible, esta bondad que los seres humanos nunca pierden. Terrible, porque cuando nos encontrábamos desnudos en la oscuridad y helados, no teníamos otra cosa. Nosotros que somos tan capaces, tan fuertes, terminamos en eso. No nos queda otra cosa.

kleguinHabía leído con anterioridad a K. Le Guin (1929-2018), la saga de Terramar (¿completa?). Pero nunca me había adentrado en su ciencia ficción, así que decidí afrontar en primer lugar la lectura de La mano izquierda de la oscuridad (The Left Hand of Darkness, 1973), una de sus primeras obras y, de hecho, aquella que la llevó a la fama, ganando el premio Nebula y el Hugo, en 1969 y en 1970 respectivamente. Un excelente palmarés para una novela que disfruté, aunque con reservas, y que me pareció muy sorprendente en algunos de sus planteamientos.

La mano izquierda de la oscuridad nos sitúa junto a Genly Ai, enviado de una suerte de federación intergaláctica al planeta Invierno para conseguir que su población se una a ellos. De esta premisa parte K. Le Guin para desarrollar una original raza en la que la gente es agénero, no existe la sexualidad y se produce un celo durante el que se decantan por uno u otro sexo. Algo así (mi descripción no es del todo acertada). Era todo este planteamiento el que me llamaba la atención y no me considero decepcionada, pues supone una revisión interesante no ya a los roles de género como tales, sino a los “dictados biológicos” que cualifican a los sexos (violencia/cuidados, guerra/intriga). Todo esto compone una crítica al binarismo sexual y a la sexualidad cimentada en una raza en la que cada ser demuestra características, como es lógico, propias de ambos sexos. Desde la mirada de Genly asistimos a una serie de experiencias que a veces le resultan grotescas, a veces absurdas, pero que llegan a conformar una identidad de lo más singular e interesante.

El principal problema que me encuentro (yo) al leer esta novela es que ha perdido parte de su efectividad con el paso del tiempo. Esto es bueno: no resulta tan novedoso esta perspectiva de un mundo sin géneros porque conozco el feminismo radical y la teoría queer y, más importante, tengo amigos que todos los días luchan contra unos roles y dictados de género limitantes y muy estúpidos. Pero sigo valorando La mano izquierda de la oscuridad de manera positiva porque se trata de un texto con una crítica muy discreta y una cadencia fantástica a la hora de presentar su historia. Me parece una lectura perfecta no ya para mí, sino para iniciar en la reflexión a cualquier persona a la que la palabra patriarcado le suene a chino.

A estos planteamientos que ubican la obra dentro de lo que sería la ciencia ficción feminista, se le añaden una serie de elementos positivos, como un ritmo muy lento, ralentizado por una prosa pausada y una presentación suave de personajes y situaciones, que hace que la novela se aleje del género de acción y se aproxime al de la ciencia ficción que a mí me gusta. La mayor parte del libro versa sobre intrigas palaciegas y conjuras políticas, además de charlas sobre por qué hacer esto y no lo otro, sin pasar gran cosa significativa más que en los momentos de cambio de trama más relevantes. Es todo esto lo que me ha resultado más interesante, dinámico y enriquecedor a nivel literario. K. Le Guin es una excelente narradora, que elimina lo innecesario de su obra mientras pausa todo, lo cual es muy inteligente y muy guay. En este sentido, destacar también todos los fragmentos enciclopédicos sobre el planeta Gueden, muy golosos y que plantean información extra sobre su cultura y su sociedad. Y, por supuesto, esa lúgubre y angustiosa ambientación, tan fría que una puede sentir los temblores durante la lectura.

Me hubiera encantado que toda la obra fuese así, la verdad. Pero lo cierto es que a partir de cierto punto, pese a continuar con parte de la reflexión, se llega a una parte de la trama en la que lo que predomina es la acción y la aventura… y no me pareció, ni de lejos, tan interesante. En cierto modo, el discurso social y sobre géneros/sexualidad no deja de aparecer, pero queda supeditado a la trama que, en mi opinión, se alarga demasiado. Por otro lado, me da un poco de rabia pensar en lo que esta trama podría haber sido (y hablo de la edición en español) con algo más de ambición y actualidad: pronombres neutros, terminología más concreta… Genly es un extranjero, y como tal en sus narraciones predomina el desconcierto hasta la posterior comprensión, pero a veces en aquellos capítulos focalizados en los guedenianos se nota una cierta tosquedad en los desarrollos (fuera de lo que es la crítica en sí, que es magnífica).

Sobre todo para quienes estéis interesados en la ciencia ficción o en el feminismo en la ficción, K. Le Guin es indispensable. Pero también para los escritores, para aprender sobre narrativa… una obra recomendable con pasajes muy interesantes.

(Editorial Minotauro, 1973. Traducción de Francisco Abelenda. 330 páginas)
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crítica

‘La Torre’ de Daniel O’Malley

Miraba a aquellas personas y las envidiaba a todas, incluso al bebé supurante. No, sobre todo al bebé supurante. La gente normal podía vivir su vida con sus triviales preocupaciones, seguras de que lo sobrenatural no les molestaría. Dios, ni siquiera tenían que creer en lo sobrenatural. De eso ya nos preocupábamos nosotros.

138El Reto 10×10 inicia hoy, conmigo, su segunda fase, la de las reseñas. A lo largo de nueve días, mis compañeras y yo os contaremos qué nos ha parecido La Torre, de Daniel O’Malley, la novela de espionaje sobrenatural que nos ha tenido ocupadas últimamente. ¡Vamos a ello!

La historia es la siguiente: una mujer se despierta, sin memoria alguna acerca de quién es, rodeada de cadáveres. Unas cartas en su bolsillo le indican que su nombre es Myfanwy, que le han borrado la memoria y que, si desea recuperar su vida, habrá de adentrarse en un peligroso mundo de papeleo, actividades gubernamentales encubiertas y poderes extraños. Myfanwy decide aceptar el trabajo y se encuentra trabajando en eñ Checquy, el organismo que se encarga de llevar a cabo la gestión de todas las actividades sobrenaturales del Reino Unido. Con la tarea añadida, claro, de descubrir quién le borró la memoria y por qué.

La Torre (The Rook, 2012) llegó a mi vida después de leer El archivo de atrocidades (Charles Stross), una obra de temática semejante muy disfrutona; por eso, en principio, esta me llamaba tanto la atención. ¿Se parecerían en su desarrollo o sería mero planteamiento? Así me embarqué en una lectura amena y trepidante, satisfactoria en general. Hacía tiempo que no leía una obra adictiva hasta este grado, con tantísimos acontecimientos sucediéndose uno tras otro. En este sentido, la acción está muy bien gestionada: no hay un conflicto demasiado grande (pues la ligereza de la voz narrativa hace que el tono de todo se reduzca bastante) pero se suceden conflictos breves que se van solventando de modo muy correcto. Así, el desarrollo de la trama global se ve supeditado a una serie de episodios puntuales, del presente y del pasado, gracias a los cuales podemos ver todo aquello que ocurre entre los muros del Checquy, la organización para la que Myfanwy trabaja.

Pienso que uno de los elementos más atrayentes de La Torre es su personaje principal y cómo construye su voz narrativa y su relación con la trama. Para empezar, se alterna la narración del presente de Myfanwy (escrita en pasado, gracias al cielo) con una serie de cartas en las que la Myfanwy del pasado le explica su día a día y le cuenta todos los entresijos del Tablero. Así, la información llega a la lectora de modo gradual y la exposición se produce de una forma tan sutil que no resulta nada molesta. Y por supuesto, es en una de estas cartas donde se narra el episodio del pato, que sin duda alguna es la mejor historia del libro con diferencia, que es gloriosa y que me dejó absolutamente incrédula ante tamaño despliegue de inventiva.

A donde yo quería llegar: Myfanwy es un personaje muy potente. Tiene mucha fuerza (y un sentido del humor fantástico). Las dos Myfanwys a cuyos pensameintos accedemos tienen un acabado muy bueno: aunque el fondo es el mismo, su forma de moverse en el mundo y sus reacciones son muy distintas, lo que se percibe muy bien en la narración. El resto de personajes no se queda atrás, pues todo el elenco (brevemente descrito en las cartas y luego observado por el inocente, aunque un poco malévolo, ojo de Myfanwy), en especial la torre Gestalt, posee un halo de misterio estupendo, y hacen mucho también porque la trama de la novela se mantenga activa.

«Thomas parece una tipa maja, pero no deja de ser una secretaria con ínfulas. Aunque trabaje para el equivalente sobrenatural del M15, lo más probable es que solo se encargue de la parte más aburrida. “¡Cielos! ¡Un hombre lobo se está comiendo a la reina! Coge estos formularios y dile que nos los rellene por triplicado, a ver si hay suerte y podemos resolver la incidencia antes de que termine el trimestre”».

Hay una única cosa que no me ha gustado del todo. La novela, pese a tener un ritmo excelente, se me antoja un poco larga. En ningún momento me parece que se embarre, como ya os he dicho los conflictos se suceden de forma gradual y efectiva, pero sí es cierto que al no haber un conflicto global demasiado relevante (¿tal vez por la labor burócratica de Myfanwy?, ¿que por cierto es fantástica porque la Myfanwy de las cartas es como una Amy Santiago con poderes, esto lo he mencionado?) no llega a haber una resolución muy grande. O cuando la hay casi ya ni le importa a una, que lee con gusto pero se queda un poco igual. El desenlace llega ahí o podría haber llegado un poco antes, y yo hacía tanto que no leía este tipo de novelas que me sorprendía de forma constante ante todo aquello que O’Malley inventa para continuar con la trama.

A grandes rasgos, se trata de una obra inteligente, que abunda en momentos de tensión pero también en escenas tremendamente divertidas, amena y de trama elaborada. O’Malley construye una organización de forma ingeniosa y sus personajes son fantásticos. Si tenéis que leer un libro tipo ‘best-seller’, os recomiendo este: una lectura fácil, ligera sin caer en la simpleza, entretenida. Va a ser que sí me gustaban las novelas de espionaje, pero que no encontraba una que me conquistase. A ver qué pasa con la segunda parte (Stiletto, 2016).

(Editorial Nocturna, 2018. Traducción de Manuel de los Reyes. 594 páginas)
proyecto

#Reto10x10: La Torre

El reto:

Quienes lleven ya más tiempo por el mundo de los blogs literarios conocerán de sobra el Reto 10×10, en el que un grupo de 10 blogueras se reúne para leer un libro y reseñarlo después. Para esta nueva edición, los miembros contaron conmigo y me uní sin pensarlo demasiado, puesto que siempre había contemplado esta iniciativa desde una distancia prudencial con ojos golosos. Por desgracia, tan solo somos nueve en esta ocasión, pero el espíritu del reto (diez días de lectura y diez, en este caso nueve, días de reseñas) se mantiene intacto.

Así pues, mañana 9 de abril hasta el 18 de este mismo mes estaremos leyendo la novela elegida y comentándola en twitter con dos hashtags: #Reto10x10 y #LCTorre. Después, del día 22 de abril en adelante, se publicarán nuestras opiniones en cada uno de los blogs particiapantes.

La novela:

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El libro seleccionado para la lectura es La torre de Daniel O’Malley, la novedad de este mes de la editorial Nocturna, una novela de espionaje sobrenatural/mastodonte de 594 páginas y 3kg que tiene una pinta más que curiosa y que promete ratos geniales. Como aún no he comenzado la lectura, os dejo aquí la sinopsis de la página de la editorial:

«El cuerpo que llevas puesto era mío».
Así comienza la carta que Myfanwy Thomas tiene en las manos cuando despierta en un parque de Londres sin ningún recuerdo de su identidad y rodeada de cadáveres.
Las instrucciones que le ha dejado su antiguo yo la conducen hasta una agencia secreta al servicio de Su Majestad para la que supuestamente trabaja con el alias de «la Torre» investigando casos «peculiares»; por ejemplo, gente que se cuela en sueños ajenos, niños letales o personas que poseen varios cuerpos y que pueden suponer una amenaza sobrenatural para el Reino Unido. Para colmo, pronto descubre otra amenaza inesperada: hay un topo en la organización que la quiere muerta. Pero ¿cómo detectar al traidor entre un montón de nuevos compañeros a los que podría decirse que ha olvidado?

Los participantes:

Sara

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Evey Morgan

Babel

Jesús

Tinuwel
Joe Drafts
Ersla
Wendy

Las reseñas:

Domingo 22: Reseña en El papel amarillo
Lunes 23: Reseña en Torre de Babel
Martes 24: Reseña en Generación Reader
Miércoles 25: Reseña en La Caverna Literaria
Jueves 26: Reseña en Capítulo 26
Viernes 27: Reseña en Impossible Drafts
Sábado 28: Reseña en Lectura directa
Domingo 29: Reseña en Literature Watchers
Lunes 30: Reseña en El blog de Wendy

crítica

‘Dame tu corazón’ de Joyce Carol Oates

Un hombre como mi padre, quizá Deek también, tiene cierto poder: el de extinguir una vida, como lo tendría uno (si se sintiera malvado y no hubiera nadie mirando) al aplastar una mariposa con las alas rotas que se retuerce bajo tu pie, o permitir que esa vida siga adelante.

corazónTras terminar las diez historias que conforman Dame tu corazón (Give Me Your Heart, 2010), miro a mi alrededor con temor, un poco desconfiada. Joyce Carol Oates tiene esa facultad. Sus ficciones te arrastran a un mundo de experiencias que van de lo terrorífico a lo meramente incómodo: historias de chicas insatisfechas, de mujeres que de pronto dejan de comprender sus situaciones personales, de parejas que se descubren formadas por desconocidos, de turbulencias familiares. Del encuentro, a fin de cuentas, con un cierto algo siniestro, con una sombra que siempre está ahí y a la que conseguimos evitar para que solo de vez en cuando emerja a la superficie.

Todo lo que leo de Oates me fascina porque tiene una capacidad increíble para comprender los peligros a los que se enfrenta la mujer en la sociedad moderna (sean peligros reales o que estén tan solo en su mente), y la increíble cantidad de presiones de todo tipo a las que nos vemos sometidas en muchísimos ámbitos. Te desvela momentos, te habla del mal, siempre con una importante presencia del miedo como elemento clave. Es una narradora muy hábil, y me encanta en particular su forma de seleccionar las historias que se van a contar, que se distancian de todos los relatos que yo he leído hasta el momento. Si la corriente habitual es el clásico “que no pase nada” (Carver, Munro, Lahiri), Oates se esfuerza por conseguir que sí pase: que ocurran cosas para que ella pueda examinarlas, sin llegar en ningún caso a lo histriónico ni a lo excesivo.

El eje de todos los relatos de Dame tu corazón es, diría yo, la violencia. La violencia como instrumento de ataque o defensa, como herramienta, como forma de relacionarse con el mundo, la violencia como aquello a lo que el personaje debe enfrentarse o, también, aquello que toma en su mano como respuesta. Y es precisamente este elemento el que hace que los relatos de Oates tengan tanta fuerza, pues la autora no se arredra ante nada, y su narrativa está llena de momentos viscerales, magníficos y agotadores.

El amor incondicional es fraudulento, una mentira. Hay un momento para el amor, y hay un momento para repudiar ese amor.

Al tratarse de un libro de relatos, he querido seleccionar aquellos que más he disfrutado para desarrollar un poco más en profundidad. Gustar me han gustado todos, pero hay cinco que poseen unas intuiciones maravillosas y que son impecables. Cerebro/escindido, si bien breve (en ese sentido, muy diferente del resto de la obra), es un excelente texto sobre la angustia, un ejercicio de tensión en el que Oates utiliza un registro muy interesante para desarrollar como quiere la trama. El primer marido, quizás el relato más convencional del libro, me ha parecido magnífico por su tratamiento de los silencios, la búsqueda de llenar esos huecos del lenguaje de forma que no quede nada suelto en la trama (en contraposición, de nuevo, a lo que es la tradición norteamericana del relato), con una elegancia sensacional.

Desplazándome hacia el final de la obra (y no voy a hablaros demasiado de El torrente, aunque es un ejercicio extraordinario de desarrollo de psiques), está Sangría. En lo personal, me resulta el texto más terrible y angustioso de Dame tu corazón. Habrá quien lo considere un poco excesivo, pero es su brutalidad, su angustioso despliegue de terribles y terroríficas escenas, lo que lo convierte en un relato poderoso que ejerce de contrapunto para toda la violencia soterrada que encontramos de manera habitual en los textos. Mientras que en otras historias Oates busca dejar clara la violencia centrándose en sus efectos, en los miedos que la vertebran, aquí va hacia lo más visual y escribe una obra de difícil lectura, pero intensa y absorbente. El último relato, Vena cava, retoma la violencia más sutil, esta vez desde una perspectiva distinta, de mayor complejidad formal pero igual visceralidad. Oates explora en este fin de libro qué ocurre cuando la tensión, perfecta y medida, se quiebra del todo.

“Hablan en su lengua”. Pues aquella era la otra lengua, la del enemigo. Aquella lengua gutural y siniestra que nadie podía hablar, ni siquiera entender.

He querido dejar para el final el que para mí es el mejor relato del libro, Strip poker. Hay muchas cosas por las que me gusta este texto, pero fue una lectura muy satisfactoria, con dos actos diferenciados, en la que Oates maneja como quiere a la lectora, en ese vaivén característico suyo entre estabilidad y horror mundano. Es magnífico ese terminar la lectura con un nudo en la garganta pero, al mismo tiempo, con una sonrisilla en los labios. Y aunque la sensación se acrecienta en este relato, es la habitual durante la lectura de una narradora tan sensible e inteligente como lo es Oates. Os invito a que le deis una oportunidad a este magnífico libro.

(Gatopardo ediciones, 2017. Traducción de Patricia Antón. 337 páginas)
crítica

‘The Girls of Slender Means’, de Muriel Spark

It was not the first instance of a man taking a girl to bed with the aim of converting her soul, but he, in great exasperation, felt that it was, and poignantly, in bed, willed and willed the awakening of her social conscience.

girls.jpgEn el Londres de 1945, las señoritas cuyo dinero es escaso viven en un albergue llamado el May of Teck club. La novela explora las apacibles y en apariencia aburridas vidas, relaciones e intereses de las jóvenes habitantes del edificio, que en este momento en concreto gravitan en torno a la figura del escritor Nicholas Farringdon.

Espero no ser la única que no conocía a Muriel Spark (1918-2006), autora escocesa prolífica pero no muy recordada. Lo cierto es que The Girls of Slender Means (1963) llegó a mí tras una visita de mi familia a Edimburgo, emergiendo de una nube de desconocimiento. Tras la lectura, entiendo que no sea una escritora demasiado relevante a día de hoy, pues pese a que tiene una cierta elegancia en su prosa, la novela carece de interés más allá de una historia entretenida. Como ya os he dicho, estas son las vidas de una serie de chicas que viven juntas en un hostal/albergue de Londres. Cada cual decida si esta imagen le produce algún tipo de interés; a título personal, la novela costumbrista sencilla, en la que nos asomamos a los asuntos de unos personajes que parecen sin chicha ni limoná, me resulta muy disfrutona. Esto fue lo que más me atrajo de la novela a priori, pero no me esperaba que las viñetas que aquí se presentan fuesen tan anodinas, tan carentes de una cierta sustancia que revistiese su simplicidad de una grandeza mayor.

Ninguno de los personajes que aquí se presentan llegan a justificar la narración. No hay personalidad aquí, tan solo pequeños toques de una cierta inteligencia en la creación, pero la mayoría de las escenas carecen de la evocación, la emotividad que podría esperarse. Ni siquiera Nicholas, el histriónico, caricaturizado y en ocasiones grotesco Nicholas, llega a resultar demasiado interesante. Asistimos a páginas y páginas de unas historias que no nos interesan demasiado, que no tienen apenas conflictos (ni explícito ni subyacente), monótonas excepto en momentos puntuales en los que el ingenio narrativo de Spark sale a relucir. En este sentido, las escenas más simpáticas son aquellas en las que se presenta a los personajes (con mucha perspicacia), pero anteceden a unas tierras baldías carentes de emoción que se leen como si nada, pues la narrativa es amena y ligera, pero que no aportan gran cosa.

Y de pronto llega el final. Parece que Spark se percató de que su obra no tenía apenas tensión narrativa, no disponía de pulso, y decididó introducir algo que podemos denominar dramón del quince, tragedia griega o final de temporada de telenovela mala. Hacia tiempo (estoy segura que desde que dije adiós a la literatura juvenil) que no leía un trabajo tan chapucero y excesivo. En las últimas páginas se concentra todo el conflicto innecesario que no se dejaba ver en el resto de la obra, con una pomposidad y una grandeza que me hacen pensar que esto buscaba que las muchachas lectoras se llevasen una mano al corazón, acongojadas. Es un golpe de efecto. ¿Efectista? Muchísimo.¿Efectivo? A mí no me ha convencido.

The girls on this floor were not yet experienced in discussing men. Everything turned on whether the man in question was a good dancer and had a sense of humour.

Hay algo muy bueno en The Girls of Slender Means, algo que hace que la lectura, fallida en muchos aspectos, merezca la pena. Muriel Spark es una autora divertidísima. Sus observaciones sobre los personajes, maliciosas e inteligentes, son una maravilla, y es esto lo que hace que las presentaciones sean tan deliciosas. Por otro lado, de vez en cuanto tiene momentos de extremada lucidez, momentos en los que se deja entrever alguna intención más allá de la trama, algún tema fuera de las vidas de las jóvenes. En este sentido es muy interesante el personaje de Joanna, la constante más evidente en la novela, cuya voz siempre se eleva sobre todas las conversaciones, cuya forma de ser obsesiona a otros personajes llegando a convertirse en núcleo de la obra. Pero este único elemento no llega a contrarrestar la pobre construcción del resto de la novela, pese al interés que llega a provocar en escenas puntuales.

Si tenéis algún tipo de afán completista con este tipo de narrativa, o alguna curiosidad especial, adelante. Pero estoy segura de que habrá novelas mucho mejores que esta, que no pasa de entretenida. No me disgusta haberla leído por la sornita de la Spark, pero no creo que repita con la autora.

(Editorial Impedimenta, 2011. Traducción de Gabriela Bustelo. 178 páginas)
crítica

‘Pequeños fuegos por todas partes’ de Celeste Ng

Everything, she had come to understand, was something like infinity. They might never come close, but they could approach a point where, for all intents and purposes, she knew all that she needed to know. It would simply take time, and patience. For now, she knew enough.

celeste

Celeste Ng explora en esta novela los pequeños movimientos que se dan en una pequeña e idílica comunidad estadounidense a partir de la llegada de una madre y una hija, Mia y Pearl. En una línea muy semejante a aquella que presentaba Big Little Lies, observamos y extraemos todos los secretos, los misterios y los sentimientos, reprimidos o no, que cargan consigo los habitantes de Shaker Heights, más en concreto la familia Richardson.

Yo quería leer a Ng, pero no me habían advertido que esta novela en particular era tan desoladora, tan incisiva, tan perspicaz. La autora tiene un talento muy especial y una capacidad increíble para fijarse en todo aquello que queda oculto, para reflexionar sobre el tema de modo que no parezca siquiera estar reflexionando. Recuerda de modo inevitable a esa capacidad de análisis que presentaba Jhumpa Lahiri en sus cuentos: Ng, como Mia, es una fotógrafa que examina los sentimientos de los personajes y da siempre en el clave. No parece que construya un tapiz, sino más bien que nos muestra los colores y los hilos que contiene en sí el cuadro.

En esta novela, Ng reflexiona sobre la maternidad en todos sus aspectos. El tema es muy interesante, pero ellla no cae en simplezas ni obviedades, sino que presenta una serie de personajes afectados por el asunto hasta que lo une todo en un gran truco final. No se habla aquí de la relación entre madres e hijas, al menos no de forma primaria, sino de la experiencia de la mujer como madre, («[T]o a parent, your child wasn’t just a person: your child was a place, a kind of Narnia, a vast eternal place qhere the present you were living and the past you remembered and the future you longed for all existed at one»). Y la experiencia de la maternidad desde distintas ópticas, desde muchos momentos de dolor, de desolación, aunque también de alegría momentánea y de apoyo mutuo.

Pero hay más temas. Y es aquí donde se muestra verdaderamente el pulso de Ng, esa cualidad que tiene de observar a sus personajes como si levantase los tejados de pequeñas casas de muñecas y nos mostrase sus secretos. Aquí vemos relaciones, temores de todo tipo, luchas por encajar y por saber quién se es realmente —la de Izzy es una maravilla, y si os gustó Lady Bird (Greta Gerwig, 2018), necesitáis conocerla—, caídas en picado desde una tímida lucha hasta la represión a una misma para conseguir ser como se requiere: «All her life, she had learned that passion, like fire, was a dangerous thing». Habla la autora tanto, y tan bien, de tantos rincones escondidos de la vida humana, que escribiendo esto me entran ganas de releer la novela. Vuelvo a leer pasajes, observo a las mujeres que pueblan las páginas de Pequeños fuegos por todas partes y comprendo, y me siento comprendida.

Es una novela dolorosa, pero no porque sea “necesaria”, no, sino porque la voz de Ng es tan incisiva y tan aguda que no puede sino doler. No necesito llenarme la boca de esas consignas que gustan tanto a la crítica (novela necesaria, identificación con los personajes…): esto es una experiencia distinta. Es una novela excelente, sí, escrita con mucho pulso, con un talento detrás agudísimo, en la que se unifica la forma con unos temas interesantes y que son como pequeñas tragedias del siglo XXI. La obra que ha escrito Celeste Ng es un fuego de tantos que, como todos los fuegos, purifica y duele al mismo tiempo. Leedla, en serio.

(Alba Editorial, 2017. Traducción de Pablo Sauras. 360 páginas)
crítica

‘La librería’ de Penelope Fitzgerald

Un buen libro es la preciosa savia del alma de un maestro, embalsamada y atesorada intencionadamente para una vida más allá de la vida y, como tal, no hay duda de que debe ser un artículo de primera necesidad.

la libreriaConocí La librería por la película de Isabel Coixet; fue la adaptación (dulce, trágica, rebonica, emotiva) la que me llevó a leer la novela, algo que me alegro de haber hecho. La trama es la siguiente: Florence Green, viuda y lectora, decide abrir una librería en el pueblo donde vive. Lo que parece una decisión inofensiva en un principio activa toda una serie de procesos en el lugar que traerán de cabeza a la protagonista

La librería no es una novela difícil, comprometida o densa. Nada por el estilo: se trata de una obra de plácida lectura, muy entretenida, muy dulce y con una trama sencilla pero agradable. Es una obra muy pura, muy amena, muy mona; la trama que se plantea es sencilla y su ejecución no dista mucho de esto. Como la película, es tierna y emotiva a ratos, aunque aquí se produce una separación mayor entre lector y personajes, inevitable por la lejanía de que Fitzgerald impregna a su narración. Supongo que todos los lectores tenemos un cierto interés, mayor o menor, en la novelística que habla de libros (autores, bibliotecas, librerías), pero leer La librería en ese sentido puede resultar decepcionante, puesto que no hay aquí mayor referencia a la literatura. Florence abre una librería, y ama leer, pero no se mencionan títulos, lo cual es una verdadera lástima. La literatura es tan solo un recurso narrativo.

Últimamente se había empezado a preguntar si no tendría la obligación de demostrarse a sí misma, y posiblemente a los demás, que ella existía por derecho propio.

Es interesante la forma de narrar de Penelope Fitzgerald. No ahonda apenas en la psique de los personajes, no se centra en describir ciertos aspectos de la mente de Florence, y sin embargo somos capaces de comprender todo aquello cuanto ella piensa. Tiene una voz narrativa casi quebrada, en la que el silencio es mucho más relevante que aquello que sí se dice, y pese a ello sus descripciones son vivaces y muy visuales. Todos los diálogos de la obra son tremendamente pintorescos y tiernos, consiguiendo así que los personajes tengan una cierta humanidad de la que por la focalización que se le da a la historia carecerían. Es curioso, porque pese a tener un tono general bastante pesimista (la gente no es buena, parece revelarnos la historia de Florence) es una de estas obras que te hacen sentir en paz. Que te dejan bien. Sosegadita.

La novela es tan costumbrista, tan con olor a casa antigua recién barnizada, que sorprende que fuese publicada en 1978. Parece más bien beber de esa tradición tan inglesa de una narrativa pausada pero de ojo cotilla, en la que observamos a través de las ventanas y descubrimos pequeños retazos de historias familiares. Y así es, en realidad: La librería es una obra sencilla que se cuela en la vida de un personaje muy pequeño para relatar una historia de coraje, fuerza y lucha.

Ninguna de las dos estaba preparada para reconocer que le gustaría proteger a la otra. Habría sido como permitir que el miedo entrara en la habitación. El miedo parecería más natural si el lugar hubiera estado a oscuras, pero la luz brillante de la tienda inundaba toda la estancia.

Me parece interesante mencionar las muchas diferencias existentes entre película y novela. Es una adaptación lineal que recoge prácticamente todos los elementos del libro (obviando algunos como el poltergeist), y sin embargo los resultados son muy diferente. La película incide muchísimo más en las relaciones de los personajes (sobre todo con toda la dialéctica entre Florence y el señor Brundish, maravillosa), mientras que en la novela toda la mayor importancia recae sobre Florence y no hay apenas referencias a otras psiques. Si bien ambas obras me han resultado de calidad pareja, me parecen reseñables los cambios que pueden efectuarse en una trama alterando apenas el foco y el tono. El mayor de los cambios es en el espíritu: pienso que la novela es más entrañable y la película más melancólica.

La librería es una buena novela para combinar con otras de mayor densidad, para despejar la mente y oxigenar un poco, pero sin bajar la calidad de las lecturas. Fitzgerald posee una chispa, una agilidad a la hora de escribir, que le da fuerza y gravedad, certidumbre al texto. Si disfrutasteis la película (¡ganadora de varios Goyas de los gordos, por cierto!) no puedo menos que recomendaros que le echéis un ojo al libro.

(Traducción de Ana Bustelo para Impedimenta, 2010)