la nada

Proyecto #AdoptaUnaAutora

Como supongo que la mayor parte del público de esta web ya sabrá, en octubre un grupo de blogueras organizó un proyecto para dedicar el mes a la lectura exclusiva de autoras. No me apunté en su momento aunque todo este año llevo intentando darle preferencia a la lectura de escritoras de mi estantería (y a la compra de obras escritas por mujeres también), así que un poco de relación si tuve. Tras esta iniciativa, que al terminar el mes se extendió como una campaña general (en twitter #LeoAutorasOct y más tarde #LeoAutoras), Carla, de Fábulas estelares, creó el proyecto Adopta una autora.

¿En qué consiste este proyecto? A grandes rasgos, cada persona elige una autora y durante 2017 se dedica a reseñar su obra, realizar investigación, dar visibilidad… implica algo más que este breve resumen, claro: la entrada original de Carla resolverá todas vuestras dudas (ahí podéis encontrar también la lista de autoras adoptadas y el formulario para inscribiros si gustáis). La autora que yo seleccioné, tras darle muchas vueltas al asunto, es Joyce Carol Oates.

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Joyce Carol Oates (Nueva York, 1938), autora, editora, crítica, profesora, dista mucho de ser una autora precisamente desconocida. Sin embargo y aunque goza de reconocimiento a nivel internacional, es una de esas autoras a las que se da por sentadas. Si bien todo el mundo la conoce, bastantes menos son quienes la han leído. Me incluyo. Y con la extensísima obra que tiene editada (flipad), me resulta esto bastante desalentador. El año pasado tuve la oportunidad de leer en una asignatura de la carrera el relato ‘Where Are You Going, Where Have You Been’ (dentro del libro del mismo título) y me encantó. El tema que trataba me resultó muy interesante y la forma de ponerlo en escena también me pareció fantástica. En ese momento Oates se hizo un hueco en mi apretada lista de futuras lecturas y, cada vez que encuentro más información acerca de su obra, la necesidad se acentúa. Así que tengo muchas ganas de ponerme a trabajar y a investigar acerca de esta prolífica autora. Aún no sé qué voy a hacer exactamente y cómo voy a organizar mi aproximación, pero en cuanto sepa más, os iré contando.

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crítica

‘A Little Life’ de Hanya Yanagihara

“Here, however, you made art because it was the only thing you’d ever been good at, the only thing, really, you thought about between shorter bursts of thinking about the things everyone thought about: sex and food and sleep and Friends and money and fame. But somewhere inside you, whether you were making out with someone in a bar or having dinner with your friends, was always your canvas, its shapes and possibilities floating embryonically behind your pupils. There was a period –or at least you hoped there was– with every painting or project when the life of that painting became more real to you than your everyday life, when you sat wherever you were and thought only of returning to the studio, when you were barely conscious that you had tapped out a hill of salt onto the dinner table and in it were drawing your plots and patterns and plans, the white grains moving under your fingertip like silt.”

51np5gnetdl-_sx327_bo1204203200_Cronología de un fenómeno: cuando A Little Life sale a la venta, no se dicen más que cosas buenas. Tras un periodo de tiempo prudencial, comienzan a asomar las críticas negativas. Qué digo negativas, las demoledoras: tildando a la novela de melodrama barato, drama buscalágrimas y a la autora de, en fin, sacacuartos emocional de primera categoría. Las opiniones se radicalizaron de forma inmediata hacia cualquiera de los dos extremos

¿Y yo? Tengo claro que me decanto por el positivo.

A Little Life (en español Tan poca vida, editado por Lumen) es, como ya sabréis, la narración de las vidas de cuatro amigos a partir de conocerse en la universidad. Willem, Malcolm, JB y, por supuesto, Jude, el más importante y en quien la novela se focaliza, contando toda su historia yendo hacia atrás y hacia delante en el pasado.

Sí, la historia es triste. Sí, es una novela que habla de abusos sexuales, autolesión, violencia, enfermedades, muerte, todo de forma explícita y sin titubeos para narrar momentos desagradables de leer. Sin embargo, esto para mí lo convierte en una obra no recomendable para gente que tenga problemas con este tipo de escenas (con problemas de autolesión ni os acerquéis a la novela). Nada más; esto no significa que se me ocurra catalogarla de culebrón. Para mí, la diferencia entre esta obra y un drama absurdo está muy clara, y es el tratamiento, la forma de contar la historia. En todo momento de la lectura veía que Yanagihara trata todo con un respeto y un tacto abrumadores. La perspectiva narrativa dista mucho de lo que yo definiría como melodramática; el vocabulario empleado es muy certero, pero no tiene ese tipo de fuerza. Por otro lado, durante las ochocientas páginas que conforman el libro, todo el componente dramático que tiene la historia parece disiparse un poco. El impacto continúa existiendo, pero la estructura de la trama se torna en ligeramente previsible. Tras la parte más liviana y feliz, es inevitable que vengan cosas malas. Hasta la última parte (después de los años felices, como los llaman en la novela), no da la sensación, como lectora, de estar asistiendo a algo que la autora quizás podría haberse evitado.

Me explico: prácticamente todo cuanto ocurre en la novela encuentra su causa en el pasado de Jude. En este sentido, no hay nada que sea ilógico o incoherente. Por más que se sienta lástima, la caracterización del personaje le convierte en alguien patético; no digo esto como algo malo, sino como alguien digno de compasión pero que es comprensible que arrastre toda la problemática. Y, en este orden de cosas, uno de los aspectos que más me interesaron durante la lectura fueron los personajes. Me gustaron por lo certeros, por lo humanos si os gusta más esa palabra. Por representar, sobre todo, una fachada de persona interesante que con un poco de interacción se resquebrajaba para dar lugar a gente cobarde, cruel, anodina, egoísta… a veces buena. La idea de que toda la estructura del libro se forme a partir de lo que todos los conocidos de Jude sienten por él y la dicotomía entre su punto de vista y el del resto del mundo, la forma que tiene la autora de hacernos ver esto. Me quedo, también, con la narrativa general de la autora, sus descripciones me parecen magníficas, por no hablar del modo de mostrar la historia.

“It was precisely these scenes he missed the most from his own life with Willem, the forgettable, the in-between moments in which nothing seemed to be happening but whose absence was singularly unfillable.”

No me parece una novela perfecta. Tiene sus problemas. En ocasiones, y sin hacerse tediosa (la historia es igual de interesante siempre), parece que se cuenta más de lo necesario, me habría gustado una narración más depurada; también se echa en falta algo menos de atemporalidad. En una obra tan ambiciosa que además recorre un periodo de tiempo tan largo como esta (cincuenta años son muchos años) me resulta raro que no haya ninguna referencia a nada cultural, político o social. No creo que a la autora se le haya olvidado, con el titánico trabajo que realiza, pero es una idea que no me casa con el resto de la novela. Sin embargo, pese a este tipo de fallos (menores), el balance general es muy positivo. Es una novela que me alegra haber leído, muy emotiva, dura, que se hace cuesta arriba, pero muy satisfactoria también. La última parte, algo menos atractiva para mí, se salva con el final, magnífico: las últimas páginas son todo un tratado de sentimientos (de uno de los personajes más interesantes del libro).

La recomiendo sin ninguna duda.

Otra cita, un regalín (merece la pena leerla de nuevo a posteriori):

“When your child dies, you feel everything you’d expect to feel, feelings so well-documented by so many others that I won’t even bother to list them here, except to say that everything that’s written about mourning is all the same, and it’s all the same for a reason –because there is no real deviation from the text. Sometimes you feel more of one thing and less of another, and sometimes you feel them out of order, and sometimes you feel them for a longer time or a shorter time. But the sensations are always the same.
But here’s what no one says –when it’s your child, a part of you, a very tiny but nonetheless unignorable part of you, also feels relief. Because finally, the moment you have been expecting, been dreading, been preparing yourself for since the day you became a parent, has come.
Ah, you tell yourself, it’s arrived. Here it is.
And after that, you have nothing to fear again.”

crítica

‘Voces de Chernóbil’ de Svetlana Alexievich

“Quiero dejar testimonio: mi hija murió por culpa de Chernóbil. Y aún quieren de nosotros que callemos. La ciencia, nos dice, no lo ha demostrado, no tenemos bancos de datos. Hay que esperar cientos de años. Pero mi vida humana… es mucho más breve. No puedo esperar. Apunte usted. Apunte al menos que mi hija se llamaba Katia… Katiusha. Y que murió a los siete años.
NIKOLÁI FÓMICH KALUGUIN, padre”

1d4b8b0f9ff45c800e02fcd571bcc5d7da0cf518_originalCuando hace un año anunciaron a Svetlana Alexievich como ganadora del Nobel de Literatura, yo no sabía quién era. Había leído su nombre entre los posibles ganadores, pero ahí quedaba la cosa. Y ahora no puedo alegrarme más de conocerla. Voces de Chernóbil no es solo uno de los libros más humanos, con más verdad que he leído nunca, sino que además está escrito de una forma tan bella como terrible. Este ensayo recoge testimonios de numerosas personas que estuvieron en contacto, en mayor o menor medida, con el accidente de la central nuclear de Chernóbil de 1986. Los bomberos que tuvieron que ir allí el mismo día de la explosión, habitantes de lo conocido como zona prohibida, científicos, niños. Se crea una visión de conjunto en la que cada persona aporta una pieza clave. Poco a poco vamos conociendo la parte humana de la catástrofe, lo que vino después, la vida post-Chernóbil, lo que ya se viene comprendiendo desde el subtítulo de la obra, Crónica del futuro. Este tipo de acontecimientos suelen verse desde una perspectiva documental y, pese a no olvidar que hay gente sufriendo las consecuencias, en muchas ocasiones se pasa por alto, de puntillas. Otra de las formas en que se producen los acercamientos a Chernóbil es con la deshumanización completa de lo que ocurrió (caso de películas de terror como Atrapados en Chernóbil, donde el turismo nuclear termina con unos mutantes dando caza a los protagonistas). Lo normal es no pararse a pensar en esto, pero reflexionar sobre el asunto se vuelve imposible de evitar una vez comienzas la lectura del libro de Alexevich.

Lo que ella hace es lo contrario. Con las entrevistas a personas de cualquier clase y sin ningún sesgo (aunque ella misma dice que pregunta más por lo general a las mujeres), acerca la tragedia al lector de la forma más humana posible. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que todo lo que se cuente es poco; tan solo falta oír los sollozos de la gente que habla aquí para estar más imbuida del espíritu que emana de la obra. La tristeza es devastadora, muchas veces lo único que apetece es dejar el libro a un lado para respirar tranquila unos minutos y liberarse un rato de la carga (pero eso sería hacer trampas, porque esto no es ficción). Cada testimonio nos aporta una nueva visión y una nueva forma de recordar la tragedia. Si la pena e incluso el terror son los componentes más usuales de las entrevistas, también encontramos el sentimiento de culpabilidad, la sensación de haberlo vivido mal, la comprensión repentina de que lo que se destruye no solo es Chernóbil sino un modelo de vida y de forma de estar en el mundo.

“Todos éramos parte de este sistema. ¡Creíamos! ¡Creíamos en unos grandes ideales! ¡En nuestra victoria! ¡Venceremos a Chernóbil! ¡Si nos lo proponemos, venceremos! Leíamos con entusiasmo lo que se contaba sobre la lucha heroica por dominar el reactor, que había escapado al control de los hombres. Llevábamos a cabo charlas políticas.
¿Se imagina usted nuestra gente sin una idea? ¿Sin un gran sueño? Esto también da pavor. Ya ve lo que está pasando ahora. Todo se derrumba.
VLADIMIR MATVÉYEVICH IVANOV, ex primer secretario del Comité Regional del Partido de Slávgorod”

Es curioso como además de toda la parte humana, Voces de Chernóbil realiza un minucioso retrato de la sociedad y el hombre soviéticos. Nadie niega que la tragedia sea posible en cualquier lugar del mundo, pero la forma en la que se sobrevive es diferente. La colectividad como algo importante, la confianza de los campesinos en un gobierno que ya les había dado por perdidos, la esperanza que se trueca en horror al ver a los niños nacer; y sin embargo, aún queda un resquicio de esa fe. Es curioso porque Chernóbil, como os digo arriba, se plantea desde el minuto 1 como la muerte de un estilo de vida y de una forma de ver el mundo. Digamos que se enfrentan con una perspectiva a la catástrofe para luego darse cuenta de que esta perspectiva no les vale de demasiado ya, que está obsoleta y que tienen que replantearse toda la vida de nuevo.

Querría comentar también algo acerca del texto en sí. Voces de Chernóbil es bellísimo. No conozco el proceso que Alexievich sigue más allá de entrevistar a la gente, pero supongo que su método incluirá una suerte de reescritura para aportar literatura al asunto. Es maravilloso cómo reflexiones tan interesantes pueden salir de personas de las que jamás te esperarías algo así; por más que ella luego depure ciertos aspectos de la narrativa de la gente, es la base lo increíble. Enmarcaría cada página, abrir el libro en cualquier monólogo es asegurarse una lectura apasionante en unos minutos. Y por si todo esto fuera poco, la obra termina con un epílogo desolador. La deshumanización de Chernóbil de la que antes os hablaba culmina en la creación del turismo nuclear, donde se paga para acceder a la zona radiada como si de una reserva o un museo se tratase. Me parece devastador, aunque es algo que me alegro mucho de hacer conocido gracias a esta obra. Tengo muchísimas ganas de leer algo más de esta autora que, además, parece elegir una serie de temas que al menos desde la óptica occidental son en cierto modo desconocidos.

tbr

Tochogate 2016

De todas las cosas que se me dan mal, que son bastantes, una muy gorda es la de la organización. Llevo mucho tiempo sin escribir nada por aquí, así que apuntarse a un reto veraniego en plena resaca post-festival me parece una buenísima forma de volver. Antes de nada os comento que en compañía de mi bff he abierto un blog para hablar de cine de terror, que es algo que nos encanta a las dos. Pasaos por aquí si queréis verlo.

Total, que me apunto al #tochogate2016. Una iniciativa que surgió en she can read y se consolidó en twitter. Consiste en seleccionar una serie de “tochos” para leer durante el verano; no se me ocurre nada mejor. Mi lista de posibles lecturas para dicho reto/intento de es la siguiente:

  1. A BRIEF HISTORY OF SEVEN KILLINGS / Marlon James. Tengo muchas ganas de leer esta novela desde hace ya mucho tiempo, y pensaba dedicarle parte del verano. Mi intención es comenzar la lectura pronto (estála primera de la lista por algo) y ver qué tal se da. Y sí, está en inglés.
  2. A LITTLE LIFE / Hanya Yanagihara. Más de lo mismo, una amiga me ha insistido mucho en que lo lea y me apetece también enormemente. Está por ver si no me resulta demasiado duro, ya veremos.
  3. LOS HÉROES / Joe Abercrombie. Esto es porque todos los veranos me leo alguna obra de fantasía de estas muy tochas, y aunque no descarto que algún Sanderson caiga también, este libro lleva ya tanto tiempo en mi estantería que va a acabar criando (ojalá). Digo yo que habrá que leerlo.
  4. LA ESTACIÓN DE LA CALLE PERDIDO / China Miéville. El año pasado leí un libro de este señor y me quedé loquísima, y este ejemplar debe tener los mismos años que yo, así que igual va siendo hora de echarle un ojo. El problema es que es de la Factoría de Ideas y temo encontrar una traducción pésima.

Esas son las cuatro novelas que pretendo destinar al #tochogate. ¿Qué pasa si no triunfan y prefiero leer otras en cualquier momento? Pues tengo más: Atonement, Las luminarias, Lobos del Calla, La broma infinita (jajajajjajjajajajjaja), El arcoiris de la gravedad (estamos hoy simpáticas por aquí), Los detectives salvajes o incluso una relectura de El señor de los anillos. Y todo eso es lo que se me viene a la cabeza ahora mismo. De momento, claro está, intentaré ajustarme al plan y ADEMÁS ir publicando de cuando en cuando. Tengo tres o cuatro reseñas a medias y muchos problemas de procrastinación, pero todo es ponerse, digo yo.

Nos vemos, tres lectores (o cuatro, si sois cuatro lo siento mucho).

fredy krueger poniendose unas gafas de sol

crítica

“Cómo ser mujer”, de Caitlin Moran

Cómo ser mujer no es un tratado ni una guía para crecer como mujer en un mundo que no te comprende. Ni siquiera tiene una serie de pautas que ayuden a la lectora curiosa. Aunque sí es cierto que esta puede, en un momento de lucidez, gritar ¡ES VERDAD! mientras aplaude, contagiada del espíritu Moran. Lo que sí es Cómo ser mujer es el divertidísimo testimonio de la vida de una mujer (periodista, crítica, presentadora de televisión, feminista y la caña), que narra su historia a partir de ese desagradable momento con trece años en que se dio cuenta de que mierda, ella también era o iba a ser mujer.
Qué queréis que os diga: sobre todo, me he reído muchísimo. Otro rollo lo que me he reído. La naturalidad y desenvoltura que Moran utiliza para hablar de los eventos que más le marcaron, y todo lo que emana de cada capítulo, me han fascinado. Es inteligente, es mordaz, es divina. Focalizando la atención en diversos aspectos de la vida de las mujeres de los que todas hemos oído hablar por activa y por pasiva (la regla, los sujetadores, las bodas, por qué tener o no tener hijos…) los orienta hacia su experiencia propia. Y en lugar de quedarse ahí, le da una vuelta, adoptando un tono reflexivo para plantear debate sobre algunos temas. Basándose en algunos preceptos feministas, como podría ser la absurda tiranía de la depilación o el derecho al aborto, aborda cuestiones que quizás para la lectora menos formada en feminismo puedan resultar sumamente esclarecedores. A mí me ha dado nuevas ideas para justificar mis posturas e incluso ha colaborado a la hora de plantear una serie de debates. No solo esto, sino que esta obra me resulta muy redonda a la hora de plantear imágenes, símbolos y metáforas. Las ocurrencias de Moran son muy ingeniosas, no solo a la hora de hacer chistes (que de verdad, hacía mucho que no me reía así con una obra). Quizás aquí estoy jugándomela, pues soy parte del tárget del libro –de esto hablaré más abajo– pero no me parece tan osado suponer que alguien (hombre o mujer no iniciados en el feminismo) pueda a partir de Cómo ser mujer esclarecer ciertos aspectos de este movimiento que le parecieran antes muy exagerados.

«En la teoría de la “Ventana Rota”, basta dejar una ventana rota sin reparar en un edificio vacío para que los más vándalos empiecen a romper las demás. Al final se colarán en el edificio, y encenderán fogatas o se convertirán en okupas.De la misma manera, si vivimos en un ambiente donde se considera desagradable el vello púbico femenino, o se ridiculiza constantemente a las mujeres famosas o poderosas por estar demasiado gordas o demasiado flacas, o por ir mal vestidas, la gente empezará a colarse en el interior de las mujeres y encenderá fogatas ahí. Las mujeres tendrán okupas.»

Pero no se puede hablar de Cómo ser mujer reduciéndolo a una obra divertida con la que pasar el rato. Me gusta porque te la cuela: estás leyendo, apacible y descoñadamente, la narración de cuando le bajó la regla o de su boda, y de pronto se pone a hablar de feminismo, de igualdad, de la realidad para las mujeres. Así, se generan una serie de altibajos en el humor que se tiene durante la lectura, pasando de la risa al desasosiego y la desazón en pocas páginas. Y ya os he dicho que el humor no quita que Moran sea muy capaz de desenvolverse con la palabra escrita. Su dominio de lenguaje es excelente, la selección de elementos sitúa muy bien al lector y elige muy bien qué temas contar. Quizás lo que más me ha gustado ha sido cuando habla sin ningún complejo del aborto. Afrontar este asunto es difícil, sobre todo porque hay un estigma increíble alrededor de él, y lo trata de una forma tan sutil y tan fácil de digerir, pese a lo duro del tema, que en total termina resultando el alegato a favor del aborto más convincente que yo he leído.
Todo esto me lleva a la pregunta ¿es un libro apropiado para cualquier lector? Por supuesto que no. El de Moran no es un humor algodonoso, no: es basto a más no poder (habla de la relación de la mujer con su cuerpo y apunta sus nombres favoritos para hablar de los genitales) que acompaña a un tema conocido como “impertinente”, el feminismo. Habla del aborto, habla de los hijos y del matrimonio desde una posición muy pragmática, habla, en suma, de asuntos que a mucha gente le parecen inapropiados. Es decir: no se lo compréis a vuestra madre. Pero sí a vosotras. Nunca está de más ver cómo no sois las únicas que llegan a casa con unas ganas locas de quitarse el sujetador, o cómo hay más gente con apelativos cariñosos para sus tetas. A mí me parece un imprescindible: os consideréis o no feministas (hay un capítulo dedicado a esto), compartáis todo lo que dice y lo repitáis en vuestra cabeza cual mantra o diverjáis con ella en ciertos aspectos. Habla de cosas demasiado importantes como para relegarlo a “libro divertido”. Leedlo, en serio. Con respecto a mí, ya os contaré cuando lea Cómo se hace una chica (no tardaré, necesito un chute de Moran como el respirar).
crítica

"Carol", de Patricia Highsmith

Ya sabéis lo mucho que ha sonado Carol este año. La película protagonizada por Cate Blanchett y Roonie Mara ha promocionado una novela que, de no ser por ella, habría continuado siendo leída por un público limitado. En lo personal mi desconocimiento de la obra era absoluto, pese a que ya leí el año pasado El talento de Mr. Ripley de la misma autora (si tenéis la oportunidad es una novela muy recomendable). Tras leer Carol (The Price of Salt originariamente), no tengo muy claro cuál me gustó más.
Carol es una novela muy sutil. Cuenta una historia de amor entre dos chicas y por supuesto, rompió los esquemas en una época en que los personajes homosexuales y las novelas en las que aparecían estaban condenados al drama por el drama más absoluto. Así, la de Therese y Carol es solo una historia de amor, pero preciosa. Durante la lectura, me llamaba la atención la diferencia entre este narrador y otros que había leído anteriormente. Nunca antes había leído a una narradora mujer, escrita por una autora mujer, describir a otra mujer de forma más o menos sexual. La sensibilidad de mujeres y hombres (llámalo socialización, llámalo x) es diferente en este aspecto, las cosas en las que una y otro se fijan, la descripción de la persona amada, y es maravilloso contemplar la construcción de un personaje tan elegante como Carol desde la mirada inocente de Therese. Quiero decir, es imposible no enamorarse de Carol. Subyuga. Te hace pequeña sin hacerte de menos, y eso se percibe durante toda la novela: narrada con una mesura y un mimo increíbles, con una extrema importancia de los silencios y sobre todo de los diálogos de las protagonistas, con gran meticulosidad a la hora de hacer comprender al lector la radiografía del personaje. De verdad, maravillosa.

Carol reapareció con una taza blanca sobre un platillo, sosteniendo este y el asa de la taza mientras cerraba la puerta con el pie:
-La he dejado hervir y le ha salido nata –dijo, molesta-. Lo siento.
Pero a Therese le encantó porque se imaginó que eso le debía de pasar siempre. Se quedaba pensando en algo y la leche hervía.

También es admirable cómo el personaje de Therese crece durante la novela. De ser un pollito asustado e incapaz de comprenderse a sí misma y sus sentimientos a una persona independiente con una voz mucho más interesante. La obra, pues, evoluciona de ser Therese chiquitita al lado de una enorme Carol a una relación sin miedo. Y de esto habla. Del paso del sentimiento al amor, del vencer el miedo y a la gente, de conseguir la paz, como queráis llamarlo. Creo que tanto novela como autora son indispensables: por su forma de tratar la tristeza, por su óptica, por las imágenes, por el frío, por el calor y por las noches de viaje en coche de Therese y Carol, por cómo de sus conversaciones se van trazando unos personajes maravillosos. Por favor, leedlo. Es difícil hablar de un libro que te ha gustado mucho, al menos de forma concreta: me pasé horas pensando en la novela al terminar de leerla, pero no tengo mucho que deciros más allá de intentar convenceros por todos los medios de que la leáis. Así pues, cierro aquí, esperando sinceramente que os interese lo suficiente como para leerla. Merece muchísimo la pena, de veras.
En otro orden de cosas, me parece una lectura muchísimo más interesante para realizar si se busca un libro relacionado con la comunidad LGTB que todas las novelas publicadas especialmente para ser vendidas bajo este signo. La normalización no se produce a partir de un libro que trate el ser arcoíris, sino narrando una historia de amor, como esta, de dos chicas, dos chicos, etc. Así que para todas aquellas interesadas en el tema, aquí podéis encontrar un excelente ejemplo de cómo hacerlo bien.
PD: Aunque no pongo puntuaciones a los libros, he puesto una etiqueta llamada “recomendable” donde pondré los libros que, para mí, merezcan mucho la pena. Salud.
resumen

Lecturas de enero

¡¡Estoy de exámenes!! ¡¡Y de trabajos!! Y si ya per se soy yo una persona a la que se le da demasiado bien dejar las cosas para mañana y para nunca, en exámenes entro en una combustión agónica permanente que no ayuda precisamente. Pero pese a estar de exámenes he leído alguna cosita este mes, concretamente 4 o 5 o 6 cositas, depende de cómo lo mires. Donde digo “pese a”, léase antes “gracias a estudiar lo que estudio”. En plena saturación tras toda la tarde dándole vueltas a un trabajo me pongo a escribir el resumen de lecturas del primer mes del año, que me parece una forma de desconectar tan buena como cualquier otra. Bien pues (lo que más satisfactorio me resulta de este collage es que el cohete y la limusina parecen formar un único ente):
1. Las aventuras de Barry Lyndon / William M. Thackeray
Una lectura entretenida, divertida, muy inteligente. La voz narrativa me ha gustado mucho, considero que es una obra agradable. Como inmersión repentina y peculiar en la novela picaresca ha tenido su enjundia inesperada (tiene una explicación).
2. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha / Miguel de Cervantes
Creo que no hace falta que diga que si alguien se anima, dudo que haya arrepentimiento.
3. Cosmópolis / Don DeLillo
Muy interesante visión del mundo, preciosa narración pausada que acompaña a una historia lacónica pero dinámica. Leeré más a DeLillo (¡me estrenaba  con esta!).
4. Crónicas marcianas / Ray Bradbury
Escribí una reseña en Goodreads hace más o menos media hora (todo ese tiempo ha necesitado mi portátil para hacer el collage).
5. Telaraña / José Luis Cantos
Escribí una reseña para Libros Prohibidos que podéis leer aquí.
6. ¿Qué es un género literario? / Jean-Marie Schaeffer
Hay una única razón para que haya incluido este libro en la lista y esa razón era que necesitaba una sexta imagen para que la fotografía no quedase fatal. Yo qué sé, si os interesa la teoría de géneros y tenéis mucha paciencia no seré yo la que os diga que no lo leáis.
(Cuando digo ¡menos mal que estudio lo que estudio! quiero decir eso mismo, cuatro de estas seis lecturas son de la carrera). Esto es todo lo de este mes. Todas han sido lecturas de aceptables para arriba, a destacar Cervantes y con Bradbury, ambos increíbles. Bien, pronto (espero): os hablaré de libros concretos de forma más exhaustiva y haré aquello de planificar lecturas. Pero hoy no. Hoy me voy a hacer cosas.