crítica

«La humanidad se estaba desgastando». El amante de lady Chatterley, D. H. Lawrence

Nuestra época es esencialmente trágica, por eso nos negamos a tomarla trágicamente. La catástrofe ya ha ocurrido, nos hallamos entre las ruinas, comenzamos a construir nuevos y pequeños lugares en que vivir, comenzamos a crear nuevas y pequeñas esperanzas.

El-amante-de-lady-ChatterleyDudaba de si escribir este texto. Hablar ahora mismo de determinados libros no deja de ser una suerte de posicionamiento por mi parte: ¿a quién puede interesarle mi opinión sobre una novela publicada hace noventa años, cuya polémica queda obsoleta? Sin embargo, con este tipo de obras suele ocurrir que son más comentadas que leídas. A fin de cuentas, supongo que muchas no estaréis interesadas en otra novela de adulterio más, esta vez sin censurar y con escenas sexuales explícitas, esta vez moderna, esta vez inglesa y posh. Pero es que El amante de Lady Chatterley (Lady Chatterley’s Lover, 1928) no es solo eso.

Os lo digo yo, que buscaba porno victoriano* y me encontré en realidad con una visión muy actual e interesante sobre la mujer, el hombre, el deseo, el poder. Y, en otro orden de cosas: sobre el Romanticismo, las malditas apariencias y… la lucha de clases (¿es este el nuevo formato del meme “vine buscando cobre y encontré oro”? Tal vez). ¡Cómo os quedáis! Uno de los elementos más fascinantes de la obra es, por supuesto, Connie Chatterley, cuya visión y construcción (cimentada en un conflicto maravilloso en todos los aspectos de su vida) es lo que hace que el libro sea tan inteligente. No estoy hablando, aún, de la aventura sexual que tiene con el guardabosques, que es tan solo una forma de mostrar ese desajuste que siente con la realidad que le ha tocado vivir: se refiere a su odio por la casa en la que debe quedarse encerrada (ella preferiría la libertad que le otorga el bosque), rechaza toda la palabrería con que su esposo elude vivir (que es, a fin de cuentas, su mayor necesidad, la vida que se le roba). «¡Tiene usted que divertirse!», le dice el médico, que la ve seca, tiesa, apagada en esa casa grande, aburrida como una mona.

Y efectivamente se divierte: comienza una aventura con el guardabosques como forma de rebelarse frente a la vida que se le ha propuesto. Esto tampoco es una cosa novedosísima, ahí están Edna, Emma, Anna y compaía. Pero, no contenta con tener una aventura (algo que le recomienda su esposo porque él no es capaz de acostarse con ella, dado que de cintura para abajo está impedido), la tiene con un hombre de extracción baja, rudo como él solo, un tipo fornido, bestia, de los que escupen en la calle toda la flema y gritan a las camareras moza. Pero claro: a lady Chatterley lo que le pasa es que quiere que le den por saco a estos burgueses pretenciosos, que son todo discurso, que van de amigos del proletariado y son rastreros y mezquinos y solo miran por ellos, lo que se ve en la evolución grotesca del personaje de sir Clifford (que también es maravillosa narrativamente hablando porque Lawrence es una BESTIA PARDA de la literatura). Ella observa y alucina ante la injusticia (de una forma muy pasiva, todo hay que decirlo) sin querer formar parte de ella; de hecho, se cansa también del amante de clase medio alta que tiene al principio de la novela. Todo esto porque está harta del discurso y quiere vida, felicidad, quiere intimidad (a su manera) y también un poco de jolgorio, y cree que al menos en ese otro lugar podrá tener todo esto. Connie huye hacia adelante (y para mí, el final es muy satisfactorio) y así se construye su avance.

A juicio de Connie, su generación había dejado sin validez todas las grandes palabras. Amor, alegría, felicidad, hogar, madre, padre, marido: todas esas palabras grandes y rebosantes de energía estaban medio muertas, y de día en día más se acercaban a la muerte.

Y atención porque todo esto es Connie (la mayor parte de la novela es ella), ¡pero el narrador también trae tela! Aburrido como él solo, deteniéndose en todo aquello que la lectura diagonal desestima, lento, muy rojeras (es él quien plantea el discurso sobre la lucha de clases más en concreto). Se regodea en la construcción de los espacios y de los personajes de un modo exquisito. Me ha encantado, pese a tener una traducción que no le hace justicia (he leído fragmentos en inglés y, la verdad, me gustaría leerla así entera), arcaizante, poco afortunada en la selección de las palabras cuando aquí es evidente que hay un interés en lo formal, una densidad semántica que te mueres, para luego bajarte a la tierra cuando se pone a hablar de los encuentros sexuales entre ellos. Es una gozada.

No quiero seguir dandoos la turra. Que al final todo esto es discurso, Connie se va a enfadar conmigo (yo hablando de mis movidas mientras finjo que hablo de un libro, qué sorpresivo y novedoso acontecimiento). D. H. Lawrence, te quiero mucho. El libro lo tenéis disponible en Wikisource en inglés, gratis, legal y fresquito; en español hay una edición muy elegante, ilustrada y carísima en Sexto Piso. Vosotras sabréis cuál es la mejor opción.

Por cierto. El mismo año que se publicó esto, también se publicaron cosas como el Orlando de Virginia Woolf o La llamada de Cthulhu de H. P. Lovecraft. Me flipa la literatura.

__

*Porno victoriano: conjunto de obras sentimentales del siglo XIX y principios del XX. No tienen por qué tener sexo, pero se habla de este, sea de forma explícita o con insinuaciones veladas. Por ejemplo, Madame Bovary o Las amistades peligrosas. Jane Austen no entra, porque es demasiado elegante para esto.

Anuncios
crítica

de lo último

Apreciadas las que lean,

aunque me he hecho una cuenta en instagram (elpapelamarillo, como aquí), a veces siento una culpabilidad extraña por no conseguir que puedan coexistir ambos espacios, cuenta y blog, porque allí no puedo explayarme tan a gusto y aquí no dejo de tener la sensación de que este tipo de lugares están obsoletos (quién va a leer blogs ahora). Pero intentaré, cuando lo necesite, volver por aquí para escribir sobre alguna lectura más en profundidad. Hoy es el caso, me apetecía hacerlo con algunas de mis últimas lecturas, que son las mismas que las de la cuenta más alguna otra que ya he terminado después del último post: sirva esto de eliminación de telarañas.

Snap, Belinda Bauer
snapNo me gusta la novela policiaca. No me interesan los enredos ni las dinámicas que se producen entre los personajes, que me parecen siempre muy semejantes. Pero este libro me llamó la atención porque estaba en la lista del Man Booker, a la que intento estar atenta. Cuando terminé de leer intenté verle lo positivo y mi visión se centró en lo bueno, pero lo cierto es que no me parece una buena novela. Cae en maniqueos obvios hasta para mí, que no domino el género; es previsible de una forma zafia y burda; intenta abordar temáticas interesantes (la familia, la pérdida) sin conseguirlo. Su mayor interés radica en que, como es ligera y entretenida, se lee rápido. Más allá carece de toda calidad literaria, de todo efecto narrativo potente, más allá del consabido giro argumental que, por supuesto, venía siendo evidente porque la vinculación entre las dos tramas que Bauer presenta solo podía pender de un punto determinado. Y qué deciros de las detestables interacciones entre policías, o del punto naif que tienen todos los diálogos y los descubrimientos que el narrador nos presenta, porque esto carece de oscuridad alguna más allá del crimen investigado. Lo sencillo puede ser estupendo; en este caso es infantil. No leeré más de la autora. Ever.


Alguien, Alice McDermott
Después vino esto. Y claro, esto es otro rollo, porque Alguien es una genialidad y Alice McDermott es una señora genial que se merece que vayáis ya a la librería para haceros con esta ma-ra-vi-lla. ¿Por qué? Os doy dos razones:

  • porque la narradora se enroca en la pasividad para contemplar su exterior, lo que permite conocer a todos los personajes como la obra maestra de orfebrería que son y, además, a ella misma, porque esto es una novela de crecimiento como la copa de un pino,
  • porque la forma en que estudia los espacios, la intimidad y los cuerpos tiene una fuerza que pocas veces se ve en una novela

En la línea de Un árbol crece en Brooklyn (Betty Smith) por los motivos, los espacios, algunos temas, la construcción de lo que es el entramado narrativo; también recuerda a los libros de Rachel Cusk y Maggie O’Farrell (todo queda en casa).


La mujer singular y la ciudad, Vivian Gornick
Vaya por delante que yo a la Gornick la quiero mucho, la aprecio como escritora, la respeto como femilista y me parece que su prosa es fantástica. Peeeero. Siendo Apegos feroces la fantasía que es (en cada página te reencuentras contigo misma, te ilumina la verdad, aprehendes la sabiduría, etc)… este otro me ha resultado más dedicado al autoelogio, a la conversación con ella misma. Habla con Leonard pero ella solo escucha a Vivian, porque madre mía qué lista soy, cómo me quiero, qué arte tengo. Que lo eres, pero la humildad debería ser característica indisoluble de la inteligencia. Be kind, Vivian, tía.

Pero madre mía cuando habla de ciudades y cuando hace ejercicios de crítica literaria. Es que madre mía.

«La calle no para de moverse, y es imposible que no te guste el movimiento. Tienes que encontrar la composición del ritmo, escribir la historia a partir del movimiento, comprender y no lamentar que el poder del impulso narrativo sea frágil, aunque infinito. ¿La civilización se está fracturando? ¿La ciudad está enloquecida? ¿El siglo es surrealista? Muévete más deprisa. Encuentra el hilo argumental más rápido.»


White Teeth, Zadie Smith
Desnudé por completo mi alma en el post sobre este libro, así que os pasáis y me contáis si veis la necesidad de que siga. Pero por si acaso, esto es lo que siento acerca de Zadie Smith, reina de mi vida y de mi corazón:

tumblr_inline_ospgts2pIU1rrrnhe_540

Sentí de nuevo lo que había sentido con Apegos feroces, vaya. No toca tan cerca (aunque la identidad y la cultura y la tradición son ahora temas menos oscuros para mí gracias a ella) pero me parece increíble que esté existiendo en el universo al mismo tiempo que una persona tan inteligente y talentosa. No sabéis la cantidad de trabajo formal que hay en White Teeth, que es una auténtica pasada, ¡pero es que además es un librazo mayúsculo, del tipo Middlesex! Estoy enamorada de su cerebro.


A la deriva, Penelope Fitzgerald
fitzCuando más arriba digo que “lo sencillo puede ser estupendo”, me refiero a cosas como esta. Fitzgerald no es una escritora que te caigas para atrás de las virguerías que hace, sino más bien todo lo contrario: su prosa es el café con leche caliente de las mañanas, es cómoda, agradable, dulce, ligera. Pero ligera con elegancia, con interés, con conciencia de aquello que sus obras cuentan. Sobre todo con un trabajo inmenso en sus personajes, que son los que me fascinan a mí y la razón por la que poco a poco voy leyendo todos sus libros (el próximo será La flor azul, más pronto que tarde). Una novela de la que sales muy emocionada, con un nudo en la garganta, pero llena de esperanza al mismo tiempo es para mí un experimento interesante, y me ha pasado con las tres. Con esta con la que más, porque Nenna es muy llamativa, tan resignada ella pero a la vez tan valiente, tan esforzada por conseguir que no la consideren una mujer a la deriva. Qué mona.


Agnus Dei, Nieves Mories
Este libro no os va a gustar. Es muy raro. Como diría Silvia Abril, raro que te cagas de lo raro que es. Así que seré breve, porque ya hablé mucho de él en Libros Prohibidos: si te gusta mucho la literatura de terror, el cine de terror, las casas de terror, y derivados externos; es decir, si te gusta el ambiente que se genera en el género de terror, no deberías dejar pasar esta novela corta. Es decir, hay que estar muy curtido para leer esto, pero cuando lo estás, es alucinante.


El amante de Lady Chatterley, D. H. Lawrence
De esta novela me gustaría hablar largo y tendido, intentaré hacerlo, lo prometo. Tan solo diré que comencé a leerlo porque me habían prometido una novela erótica y a mí el ‘porno victoriano’ (que no es ni porno, ni victoriano y algún día os definiré) me flipa, y sin embrgo me encontré con…. un análisis muy interesante de la lucha de clases a principios del siglo XX. En otro orden, es una novela muy moderna en cuanto a su tratamiento del placer femenino (algo así como el tema principal) y también en su desarrollo de las responsabilidades sociales en las relaciones patriarcales. Todo ello, claro con mayor o menor acierto, pero bastante hizo Lawrence. Respect.


Hasta aquí. De los del #LeoAutorasOct y de otro que leí a finales del mes pasado os hablaré más adelante. Pronto. A lo mejor.

Vale.