crítica

‘Coral Glynn’ de Peter Cameron

—¿Y dónde está su hogar?
—No tengo hogar —repuso ella.
—¿De veras? ¿Ninguno, en ningún sitio?
—No —repitió Carol, y hubo algo definitivo en esa admisión, algo irreparable, como si la carencia de un hogar impidiera seguir manteniendo una conversación.

enfermerica(4 de mayo de 2018)

Supongo que todo el mundo habrá oído hablar de Algún día este dolor te será útil. Al menos en mi entorno, fue una novela muy comentada en su momento y que a mí me interesaba mucho. Con Coral Glynn (Coral Glynn, 2012) ocurrió más de lo mismo, pero con esta tuve suerte: pude hacerme con ella. Así me adentré en la obra de Peter Cameron, prolífico autor estadounidense que en España edita, con el mimo habitual, Libros de Asteroide.

Coral Glynn es la novela perfecta para aquellas a quienes les gusta el espíritu de las obras en las que no pasa nada, pero que no soportan ese vacío en la trama. Aquí no dejan de pasar cosas: Coral es una enfermera que va a cuidar a una anciana mujer a su casa; y entonces se produce un cambio en el entorno; y entonces; y entonces. Los acontecimientos se suceden, veloces, ágiles y ligeros, siempre a golpe de diálogos lúcidos, costumbristas e irreverentes en ocasiones.

(5 de julio de 2018)

Vuelvo a sentarme frente al ordenador para hablar sobre Coral Glynn. Cuando iba a escribir esto, pensaba que “tenía muy claro lo que quería decir”. Parece que no era verdad. A día de hoy, con la crítica a medio escribir, estoy leyendo Algún día este dolor te será útil. Podemos afirmar por tanto que me gustó mucho, lo suficiente como para querer más. Que me gustó la forma en la que Cameron desarrolla el texto. Pero si dijera esto estaría simplificando lo que pensé. Lo cierto es que no me parece que Cameron sea un buen narrador porque narre bien, sino porque tiene un ojo muy bueno para encontrar el momento perfecto, la intervención perfecta, para redondear al límite a sus personajes. Él (en calidad de narrador, entiéndase) juega a no saber, juega a los “al parecer”, a los “por lo visto”, a los “estoy descubriendo esto al mismo tiempo que tú, lector, y he de decirte que me gusta”. Como si no se hubiese dado cuenta de lo que tenía entre manos hasta el preciso momento en que lo tuvo entre manos.

Así, Coral Glynn está lleno de observaciones magníficas y súbitas, de una forma de expresar la vida excelente, de darle mimo a las situaciones para que sean todas puntos casi epifánicos, de revelación profunda, por parte de unos personajes que comprenden que la vida les está pasando porque tampoco hay nada más que pueda ocurrir, es lo que tiene esto («para él la vida había ocurrido ya, ahora solo se limitaba a soportarla»). Coral es sensacional, pero es tan solo uno de los engranajes, una más en este cuadros sobre la soledad, el frío, la felicidad-o-no y la resignación. Resulta que disfruto mucho de las novelas sobre la resignación y sobre el sentarse a ver cómo la vida es sin hacer tampoco gran cosa, así que las reflexiones que se producen me resultaron deliciosas. Así y todo estos temas hacen que la novela, sencilla de leer, que no exige demasiado en ningún momento (ni a nivel formal ni temático) se convierta en una experiencia un poco agotadora anímicamente. Pero todo bien, yo encantada.

Cuando terminé el libro, le escribí a mi mejor amiga diciéndole que tenía que leerlo. Se lo digo mucho porque es frecuente que lo que leo me guste; pero en esta ocasión le dije que era porque este libro te hace replantearte la posibilidad de la felicidad en la vida, sobre todo en el sentido de si es necesaria, de si merece la pena a veces comerse la cabeza por ella (que digo yo que sí, pero Cameron no me dejó tan convencida). En este sentido para mí es muy recomendable, pero hunde un poco, así que cuidado.

Dolly repitió su nombre porque le pareció ausente, como si necesitara que le recordaran quién era, y se preguntó qué habría pasado o estaría pasando en Hart House para que las identidades de sus dos ocupantes se hubieran soltado de unos asideros hasta entonces perfectamente firmes.

En fin: cuando leí el libro ya me pareció estupendo, pero pensando sobre él encuentro que cada vez me gusta más. Estoy segura de que lo releeré en algún momento (¡ya he tenido ganas ahora repasando mis subrayados y notas!) y pronto os traeré algo sobre Algún día este dolor te será útil, aunque tengo la impresión de que me gustará menos (ya lo está haciendo). Pero bueno: de momento apuntaos Coral Glynn.

(Libros del Asteroide, 2013. Traducción de Patricia Antón. 270 páginas)

 

Anuncios
crítica

‘La mano izquierda de la oscuridad’ de Ursula K. Le Guin

Es algo terrible, esta bondad que los seres humanos nunca pierden. Terrible, porque cuando nos encontrábamos desnudos en la oscuridad y helados, no teníamos otra cosa. Nosotros que somos tan capaces, tan fuertes, terminamos en eso. No nos queda otra cosa.

kleguinHabía leído con anterioridad a K. Le Guin (1929-2018), la saga de Terramar (¿completa?). Pero nunca me había adentrado en su ciencia ficción, así que decidí afrontar en primer lugar la lectura de La mano izquierda de la oscuridad (The Left Hand of Darkness, 1973), una de sus primeras obras y, de hecho, aquella que la llevó a la fama, ganando el premio Nebula y el Hugo, en 1969 y en 1970 respectivamente. Un excelente palmarés para una novela que disfruté, aunque con reservas, y que me pareció muy sorprendente en algunos de sus planteamientos.

La mano izquierda de la oscuridad nos sitúa junto a Genly Ai, enviado de una suerte de federación intergaláctica al planeta Invierno para conseguir que su población se una a ellos. De esta premisa parte K. Le Guin para desarrollar una original raza en la que la gente es agénero, no existe la sexualidad y se produce un celo durante el que se decantan por uno u otro sexo. Algo así (mi descripción no es del todo acertada). Era todo este planteamiento el que me llamaba la atención y no me considero decepcionada, pues supone una revisión interesante no ya a los roles de género como tales, sino a los “dictados biológicos” que cualifican a los sexos (violencia/cuidados, guerra/intriga). Todo esto compone una crítica al binarismo sexual y a la sexualidad cimentada en una raza en la que cada ser demuestra características, como es lógico, propias de ambos sexos. Desde la mirada de Genly asistimos a una serie de experiencias que a veces le resultan grotescas, a veces absurdas, pero que llegan a conformar una identidad de lo más singular e interesante.

El principal problema que me encuentro (yo) al leer esta novela es que ha perdido parte de su efectividad con el paso del tiempo. Esto es bueno: no resulta tan novedoso esta perspectiva de un mundo sin géneros porque conozco el feminismo radical y la teoría queer y, más importante, tengo amigos que todos los días luchan contra unos roles y dictados de género limitantes y muy estúpidos. Pero sigo valorando La mano izquierda de la oscuridad de manera positiva porque se trata de un texto con una crítica muy discreta y una cadencia fantástica a la hora de presentar su historia. Me parece una lectura perfecta no ya para mí, sino para iniciar en la reflexión a cualquier persona a la que la palabra patriarcado le suene a chino.

A estos planteamientos que ubican la obra dentro de lo que sería la ciencia ficción feminista, se le añaden una serie de elementos positivos, como un ritmo muy lento, ralentizado por una prosa pausada y una presentación suave de personajes y situaciones, que hace que la novela se aleje del género de acción y se aproxime al de la ciencia ficción que a mí me gusta. La mayor parte del libro versa sobre intrigas palaciegas y conjuras políticas, además de charlas sobre por qué hacer esto y no lo otro, sin pasar gran cosa significativa más que en los momentos de cambio de trama más relevantes. Es todo esto lo que me ha resultado más interesante, dinámico y enriquecedor a nivel literario. K. Le Guin es una excelente narradora, que elimina lo innecesario de su obra mientras pausa todo, lo cual es muy inteligente y muy guay. En este sentido, destacar también todos los fragmentos enciclopédicos sobre el planeta Gueden, muy golosos y que plantean información extra sobre su cultura y su sociedad. Y, por supuesto, esa lúgubre y angustiosa ambientación, tan fría que una puede sentir los temblores durante la lectura.

Me hubiera encantado que toda la obra fuese así, la verdad. Pero lo cierto es que a partir de cierto punto, pese a continuar con parte de la reflexión, se llega a una parte de la trama en la que lo que predomina es la acción y la aventura… y no me pareció, ni de lejos, tan interesante. En cierto modo, el discurso social y sobre géneros/sexualidad no deja de aparecer, pero queda supeditado a la trama que, en mi opinión, se alarga demasiado. Por otro lado, me da un poco de rabia pensar en lo que esta trama podría haber sido (y hablo de la edición en español) con algo más de ambición y actualidad: pronombres neutros, terminología más concreta… Genly es un extranjero, y como tal en sus narraciones predomina el desconcierto hasta la posterior comprensión, pero a veces en aquellos capítulos focalizados en los guedenianos se nota una cierta tosquedad en los desarrollos (fuera de lo que es la crítica en sí, que es magnífica).

Sobre todo para quienes estéis interesados en la ciencia ficción o en el feminismo en la ficción, K. Le Guin es indispensable. Pero también para los escritores, para aprender sobre narrativa… una obra recomendable con pasajes muy interesantes.

(Editorial Minotauro, 1973. Traducción de Francisco Abelenda. 330 páginas)
crítica

‘Dame tu corazón’ de Joyce Carol Oates

Un hombre como mi padre, quizá Deek también, tiene cierto poder: el de extinguir una vida, como lo tendría uno (si se sintiera malvado y no hubiera nadie mirando) al aplastar una mariposa con las alas rotas que se retuerce bajo tu pie, o permitir que esa vida siga adelante.

corazónTras terminar las diez historias que conforman Dame tu corazón (Give Me Your Heart, 2010), miro a mi alrededor con temor, un poco desconfiada. Joyce Carol Oates tiene esa facultad. Sus ficciones te arrastran a un mundo de experiencias que van de lo terrorífico a lo meramente incómodo: historias de chicas insatisfechas, de mujeres que de pronto dejan de comprender sus situaciones personales, de parejas que se descubren formadas por desconocidos, de turbulencias familiares. Del encuentro, a fin de cuentas, con un cierto algo siniestro, con una sombra que siempre está ahí y a la que conseguimos evitar para que solo de vez en cuando emerja a la superficie.

Todo lo que leo de Oates me fascina porque tiene una capacidad increíble para comprender los peligros a los que se enfrenta la mujer en la sociedad moderna (sean peligros reales o que estén tan solo en su mente), y la increíble cantidad de presiones de todo tipo a las que nos vemos sometidas en muchísimos ámbitos. Te desvela momentos, te habla del mal, siempre con una importante presencia del miedo como elemento clave. Es una narradora muy hábil, y me encanta en particular su forma de seleccionar las historias que se van a contar, que se distancian de todos los relatos que yo he leído hasta el momento. Si la corriente habitual es el clásico “que no pase nada” (Carver, Munro, Lahiri), Oates se esfuerza por conseguir que sí pase: que ocurran cosas para que ella pueda examinarlas, sin llegar en ningún caso a lo histriónico ni a lo excesivo.

El eje de todos los relatos de Dame tu corazón es, diría yo, la violencia. La violencia como instrumento de ataque o defensa, como herramienta, como forma de relacionarse con el mundo, la violencia como aquello a lo que el personaje debe enfrentarse o, también, aquello que toma en su mano como respuesta. Y es precisamente este elemento el que hace que los relatos de Oates tengan tanta fuerza, pues la autora no se arredra ante nada, y su narrativa está llena de momentos viscerales, magníficos y agotadores.

El amor incondicional es fraudulento, una mentira. Hay un momento para el amor, y hay un momento para repudiar ese amor.

Al tratarse de un libro de relatos, he querido seleccionar aquellos que más he disfrutado para desarrollar un poco más en profundidad. Gustar me han gustado todos, pero hay cinco que poseen unas intuiciones maravillosas y que son impecables. Cerebro/escindido, si bien breve (en ese sentido, muy diferente del resto de la obra), es un excelente texto sobre la angustia, un ejercicio de tensión en el que Oates utiliza un registro muy interesante para desarrollar como quiere la trama. El primer marido, quizás el relato más convencional del libro, me ha parecido magnífico por su tratamiento de los silencios, la búsqueda de llenar esos huecos del lenguaje de forma que no quede nada suelto en la trama (en contraposición, de nuevo, a lo que es la tradición norteamericana del relato), con una elegancia sensacional.

Desplazándome hacia el final de la obra (y no voy a hablaros demasiado de El torrente, aunque es un ejercicio extraordinario de desarrollo de psiques), está Sangría. En lo personal, me resulta el texto más terrible y angustioso de Dame tu corazón. Habrá quien lo considere un poco excesivo, pero es su brutalidad, su angustioso despliegue de terribles y terroríficas escenas, lo que lo convierte en un relato poderoso que ejerce de contrapunto para toda la violencia soterrada que encontramos de manera habitual en los textos. Mientras que en otras historias Oates busca dejar clara la violencia centrándose en sus efectos, en los miedos que la vertebran, aquí va hacia lo más visual y escribe una obra de difícil lectura, pero intensa y absorbente. El último relato, Vena cava, retoma la violencia más sutil, esta vez desde una perspectiva distinta, de mayor complejidad formal pero igual visceralidad. Oates explora en este fin de libro qué ocurre cuando la tensión, perfecta y medida, se quiebra del todo.

“Hablan en su lengua”. Pues aquella era la otra lengua, la del enemigo. Aquella lengua gutural y siniestra que nadie podía hablar, ni siquiera entender.

He querido dejar para el final el que para mí es el mejor relato del libro, Strip poker. Hay muchas cosas por las que me gusta este texto, pero fue una lectura muy satisfactoria, con dos actos diferenciados, en la que Oates maneja como quiere a la lectora, en ese vaivén característico suyo entre estabilidad y horror mundano. Es magnífico ese terminar la lectura con un nudo en la garganta pero, al mismo tiempo, con una sonrisilla en los labios. Y aunque la sensación se acrecienta en este relato, es la habitual durante la lectura de una narradora tan sensible e inteligente como lo es Oates. Os invito a que le deis una oportunidad a este magnífico libro.

(Gatopardo ediciones, 2017. Traducción de Patricia Antón. 337 páginas)
crítica

‘Pequeños fuegos por todas partes’ de Celeste Ng

Everything, she had come to understand, was something like infinity. They might never come close, but they could approach a point where, for all intents and purposes, she knew all that she needed to know. It would simply take time, and patience. For now, she knew enough.

celeste

Celeste Ng explora en esta novela los pequeños movimientos que se dan en una pequeña e idílica comunidad estadounidense a partir de la llegada de una madre y una hija, Mia y Pearl. En una línea muy semejante a aquella que presentaba Big Little Lies, observamos y extraemos todos los secretos, los misterios y los sentimientos, reprimidos o no, que cargan consigo los habitantes de Shaker Heights, más en concreto la familia Richardson.

Yo quería leer a Ng, pero no me habían advertido que esta novela en particular era tan desoladora, tan incisiva, tan perspicaz. La autora tiene un talento muy especial y una capacidad increíble para fijarse en todo aquello que queda oculto, para reflexionar sobre el tema de modo que no parezca siquiera estar reflexionando. Recuerda de modo inevitable a esa capacidad de análisis que presentaba Jhumpa Lahiri en sus cuentos: Ng, como Mia, es una fotógrafa que examina los sentimientos de los personajes y da siempre en el clave. No parece que construya un tapiz, sino más bien que nos muestra los colores y los hilos que contiene en sí el cuadro.

En esta novela, Ng reflexiona sobre la maternidad en todos sus aspectos. El tema es muy interesante, pero ellla no cae en simplezas ni obviedades, sino que presenta una serie de personajes afectados por el asunto hasta que lo une todo en un gran truco final. No se habla aquí de la relación entre madres e hijas, al menos no de forma primaria, sino de la experiencia de la mujer como madre, («[T]o a parent, your child wasn’t just a person: your child was a place, a kind of Narnia, a vast eternal place qhere the present you were living and the past you remembered and the future you longed for all existed at one»). Y la experiencia de la maternidad desde distintas ópticas, desde muchos momentos de dolor, de desolación, aunque también de alegría momentánea y de apoyo mutuo.

Pero hay más temas. Y es aquí donde se muestra verdaderamente el pulso de Ng, esa cualidad que tiene de observar a sus personajes como si levantase los tejados de pequeñas casas de muñecas y nos mostrase sus secretos. Aquí vemos relaciones, temores de todo tipo, luchas por encajar y por saber quién se es realmente —la de Izzy es una maravilla, y si os gustó Lady Bird (Greta Gerwig, 2018), necesitáis conocerla—, caídas en picado desde una tímida lucha hasta la represión a una misma para conseguir ser como se requiere: «All her life, she had learned that passion, like fire, was a dangerous thing». Habla la autora tanto, y tan bien, de tantos rincones escondidos de la vida humana, que escribiendo esto me entran ganas de releer la novela. Vuelvo a leer pasajes, observo a las mujeres que pueblan las páginas de Pequeños fuegos por todas partes y comprendo, y me siento comprendida.

Es una novela dolorosa, pero no porque sea “necesaria”, no, sino porque la voz de Ng es tan incisiva y tan aguda que no puede sino doler. No necesito llenarme la boca de esas consignas que gustan tanto a la crítica (novela necesaria, identificación con los personajes…): esto es una experiencia distinta. Es una novela excelente, sí, escrita con mucho pulso, con un talento detrás agudísimo, en la que se unifica la forma con unos temas interesantes y que son como pequeñas tragedias del siglo XXI. La obra que ha escrito Celeste Ng es un fuego de tantos que, como todos los fuegos, purifica y duele al mismo tiempo. Leedla, en serio.

(Alba Editorial, 2017. Traducción de Pablo Sauras. 360 páginas)
crítica

‘El exorcista’ de William Peter Blatty

Se apeó del taxi un hombre alto, ya entrado en años. Vestía impermeable y sombrero negro y llevaba en la mano una desvencijada maleta. Pagó al conductor, volvióse y permaneció inmóvil, con la mirada fija en la casa. El taxi se alejó y desapareció por la esquina de la calle Treinta y Seis. Kinderman partió rapidamente detrás de él para seguirlo. Al doblar la esquina vio que el hombre de edad seguía parado bajo la luz de la lámpara de la calle, en medio de la neblina, como un melancólico viajero congelado en el tiempo.

exorcista-william-peter-blatty-club-libro-madrid-tertulia-literaria-ciervo-blancoNo creo que quede nadie ahí fuera que no conozca la historia de este libro, así que me ahorro el describir y paso directamente a un breve desguaceo.

La cosa es así: El exorcista es una novela muy famosa porque tiene una adaptación cinematográfica muy reputada en todos los círculos cinéfilos, sean de género o no. Es una película fantástica, aterradora y angustiosa. La novela no es apenas así, y siento mucho leerla a la luz de su adaptación, eso está feo, pero 1) soy (casi) comparatista y 2) es imposible valorarla, hasta cierto punto, sin tener en cuenta el filme. Además, 3) me gusta mucho el terror, lo consumo mucho y me es inevitable la comparación de obras.

¿Por qué El exorcista es una mala novela? Respuesta corta: porque está mal escrita. Respuesta larga: entiendo que la literatura de entretenimiento no suele tener demasiado interés en el nivel formal, pero los diálogos abruptos, la superficialidad en la descripción de los personajes y la narración tosca y formada por frases breves y aburridas no tienen excusa. Y esto abunda mucho en la novela, sobre todo en sus dos primeras partes, que carecen de oxígeno, el aire no corre entre las páginas, son diálogos y diálogos de plomizas intervenciones, capítulos enteros de oraciones sin complejidad alguna. Un completo aburrimiento: la trama puede ser interesante (y lo es), pero sin apoyo formal, la lectura es un tedio absoluto.

Este no es el único problema: los personajes están poco o nada trabajados. Se trata de una obra que aboga en su mayor parte por un terror de corte psicológico y que, pese al exorcismo que tiene por núcleo, se centra en desarrollar temas como la maternidad o las relaciones familiares. Sin embargo, deja de lado de una forma espectacular a sus personajes en pos de crear una atmósfera que nunca llega a satisfacer del todo. Así (y quitando al demonio, que tiene un desparpajo absoluto) todos los seres humanos de la obra son burdas caricaturas que no transmiten ni generan interés. Es todo tan blanquín, tan básico… una verdadera lástima.

Chris levantó la vista y se quedó petrificada.
Deslizándose como una araña, rápidamente detrás de Sharon y cerca de ella, con el cuerpo doblado en arco para atrás y la cabeza casi tocándole los pies, estaba Regan, que sacaba la lengua de la boca y la volvía a meter en ella, mientras silbaba igual que una víbora […]. Sharon se detuvo. Regan también. Sharon se volvió y no vio nada. Y luego gritó al sentir la lengua de Regan lamiéndole los tobillos.

La lástima se debe, sobre todo, a que la trama de la novela es incapaz de sostener una narrativa tan plana, por muy buena que sea. La historia sí es efectiva, pero pasa lo mismo aquí que con el cine de terror: sin soporte formal, es difícil que una se vea cautivada por un par de sustos y escenas de infarto, en especial si sabe de qué va la cosa antes de ponerse al tema. Pero la historia es magnífica, ¡claro que sí!, la imaginería es brutal, todo está organizado y estructurado a la perfección, en especial la tercera parte, en la que Blatty se pone enérgico y logra un clímax apoteósico, angustioso y, esta vez sí, digno de la posterior adaptación. La última gran escena de la obra, en la habitación de Regan, es heladora, terrorífica… es brillante. Por otro lado, tiene un singular interés todo el desarrollo de la investigación de Karras, es muy divertido observar su minucioso examen de todos y cada uno de los síntomas, luchando sin éxito contra la idea de que se trate efectivamente de una posesión real.

El exorcismo de verdad, el que tiene lugar al final de la obra, el operado por los padres Karras y Merrin, se narra, ahora sí, desde una perspectiva ágil, aguda, que no se detiene por un momento sino que agarra la escena y la desmenuza de manera cuidadosa con tiento y cuidado. Este tercer acto, claro, ayuda a que la valoración final del libro suba, lo cual me parece inevitable: ojalá todo hubiese sido así, habría disfrutado enormemente. No es tan solo que Blatty coja ritmo entrada ya la novela, sino que además es aquí donde va a ejecutar de forma muy correcta todo el pensamiento teológico que antes tan solo se atisbaba someramente. Me refiero a las dudas en torno a la existencia de Dios que aquejan al padre Karras, que, pese a ser presentadas con torpeza por el autor en un principio, es evidente que se disparan cuando el demonio aparece en todo su esplendor. Es lo más interesante de la obra y nuevamente es una lástima que quede desaprovechado por la absoluta incapacidad de Blatty de contar algo más que una historia.

Que no se entere nadie de que he dicho yo esto, pero: mejor ved la película.

(Traducción de Raquel Albornoz para Plaza & Janés, 1975)
la nada

Joyce Carol Oates (I): Introducción #AdoptaUnaAutora

Como ya sabéis, gracias a la iniciativa Adopta una autora este año en El papel amarillo estaremos leyendo a Joyce Carol Oates, la prolífica autora estadounidense. Pensando en qué hacer para la primera entrada, me topé con una enorme piedra en el camino: la época de exámenes. Así que, pese a mi inicial intención, me veo obligada a dedicar estas primeras líneas a presentaros a la autora en su totalidad, para poder dedicarme a entradas con mayor interés (al menos para mí) en cuanto acabe mis obligaciones estudiantiles.

Joyce Carol Oates nació en 1938 en Nueva York. Actualmente retirada a sus casi ochenta años, trabajó gran parte de su vida como profesora de literatura creativa en Princeton (y anteriormente en Ontario y en Texas). Desde la publicación, en 1963 y 1964 respectivamente, de su primera colección de relatos (By the North Gate) y novela (With Shuddering Fall), la autora no ha parado de escribir. No es broma: en la Wikipedia inglesa se citan 45 novelas (la última, A Book of American Martyrs, se publicará este 2017), más 11 que escribió bajo dos pseudónimos; 39 libros de relatos; 11 novellas (relatos largos o novelas cortas). Por no hablar de los ensayos, el teatro, la literatura para niños y jóvenes, la poesía (aquí tenéis dos poemas, ‘This Is The Season‘, que también podéis escuchar, y ‘Too Young To Marry but Not Too Young to Die‘, y su trabajo como reseñadora para algunas publicaciones, sobre el que hablaré más adelante. Creo que os hacéis una idea de su tremendísimo, casi inabarcable, trabajo.

En 1961 se casó con Raymond J. Smith, tumblr_lj5m5e0vie1qiu5e6o1_4001compañero suyo de universidad: esto os lo cuento porque fue con él con quien fundó la revista literaria Ontario Review en 1974. Esta revista, cuyo objetivo era crear una suerte de puente intercultural entre las literaturas canadiense y estadounidense, funcionó hasta la muerte de Smith en 2008. Podéis leer todos los números de la revista en esta página web de la universidad de San Francisco. Un par de sugerencias: estas tres reseñas escritas por Oates y Baby, un relato corto de la autora. Por supuesto, este material está en inglés.

Oates no es solo una escritora prolífica y muy productiva, que escribe muchísimo de una forma casi religiosa (‘Puedo escribir durante todo el día. No es como si me sentara a escribir y fuese extraordinario. Es lo que hago‘ [2]). Si echamos un vistazo a su bibliografía, nos damos cuenta de que la temática es muy interesante. Aunque haya escrito obras de numerosos géneros, parece que su preocupación suele estar relacionada con la pérdida de la inocencia, el despertar frente al mundo, las situaciones terroríficas y terribles de la vida real, las mujeres en relación con el mundo (3). ‘El terror es un hecho de la vida’, dijo en una ocasión, ‘y como escritora me interesan todas las facetas de la vida. Como Lovecraft dijo, el terror mayor y más viejo que existe es el que se da hacia lo desconocido. La literatura gótica o de terror es la más imaginativa de todas, por su obvia relación con la lógica irreal de los sueños’ (1). Leyendo esta cita, vamos comprendiendo un poco de qué va la cosa. En sus historias, encontramos una serie de elementos que, en muchas ocasiones, aportan un tono terrible al relato.

jco-pic-1Me gustaría poneros el ejemplo de Where are you Going, Where Have you Been (3), porque es casi lo único de ficción que he podido leer con tiempo y con una inversión de cabeza adecuada. Si hacéis click en el título, os llevará a una página donde podréis leerlo. Creo que es una historia que encaja bien con la cita que os inserté en el párrafo anterior. Hasta cierto punto, no parece haber en el relato nada que se salga de la realidad: presenta un personaje, presenta el conflicto, el conflicto se hace mayor, tememos por el personaje, incomoda, queremos que acabe. Creo que no es difícil ver la situación narrada como una situación de puro terror agónico: la reacción, ligeramente histérica, de la protagonista es bastante clara en ese aspecto. Sin embargo, hay una serie de recursos narrativos en la historia, una serie de símbolos, por así decirlo, que hacen que el lector dude en todo momento con respecto de la realidad de la secuencia final. Toda la conversación con Friend tiene un tono empañado y pese a la elección de vocabulario, que hace la lectura muy desagradable, no se llega a saber si se trata de un sueño o de una situación real. Tiene, como diría ella, ‘la lógica irreal de los sueños’.

Como gran interesada en el terror (tanto en literatura como en cine), considero muy interesante que una autora así tenga esta perspectiva del género tan humana. Creo que es lo que más me llama la atención de su obra, sobre todo porque el relato que os comento me resultó fascinante. Sin embargo, y pese a toda su obra, una vez te pones a investigar a Oates descubre que no es solo una gran autora, sino que es, además, una excelente y ecléctica lectora. Se ve cuando habla de sus influencias (cuando dice, por ejemplo, que le gustaría estar influenciada por Poe pero que en realidad es más de Kafka). Es fácil encontrar, también, entrevistas en las que hable de libros (qué lee, cómo lee, cuándo lee, en qué postura y ese tipo de cosas que tanto os gustan a algunos); os dejaré los enlaces de varias más abajo (4, 5, 6).

Yo ahora mismo estoy leyendo Mágico, sombrío, impenetrable (2014), a sorbitos a causa de los exámenes, pero disfrutando mucho. Me gusta cómo presenta las cosas, de una forma un tanto pausada, y me gustan los diálogos. Ya veremos cómo sigue la cosa. Os iré contando más adelante.

Fuentes / enlaces interesantes:

(1) Joyce Carol Oates: The Gothic Queen
(2) The Writing Life Of Joyce Carol Oates
(3) Q&A With Joyce Carol Oates
(3) Celestial Timepiece
(4) Joyce Carol Oates’ 10 Favorite Books
(5) Joyce Carol Oates: By the Book
(6) Interview with Joyce Carol Oates – The Boston Globe

crítica

‘A Little Life’ de Hanya Yanagihara

“Here, however, you made art because it was the only thing you’d ever been good at, the only thing, really, you thought about between shorter bursts of thinking about the things everyone thought about: sex and food and sleep and Friends and money and fame. But somewhere inside you, whether you were making out with someone in a bar or having dinner with your friends, was always your canvas, its shapes and possibilities floating embryonically behind your pupils. There was a period –or at least you hoped there was– with every painting or project when the life of that painting became more real to you than your everyday life, when you sat wherever you were and thought only of returning to the studio, when you were barely conscious that you had tapped out a hill of salt onto the dinner table and in it were drawing your plots and patterns and plans, the white grains moving under your fingertip like silt.”

51np5gnetdl-_sx327_bo1204203200_Cronología de un fenómeno: cuando A Little Life sale a la venta, no se dicen más que cosas buenas. Tras un periodo de tiempo prudencial, comienzan a asomar las críticas negativas. Qué digo negativas, las demoledoras: tildando a la novela de melodrama barato, drama buscalágrimas y a la autora de, en fin, sacacuartos emocional de primera categoría. Las opiniones se radicalizaron de forma inmediata hacia cualquiera de los dos extremos

¿Y yo? Tengo claro que me decanto por el positivo.

A Little Life (en español Tan poca vida, editado por Lumen) es, como ya sabréis, la narración de las vidas de cuatro amigos a partir de conocerse en la universidad. Willem, Malcolm, JB y, por supuesto, Jude, el más importante y en quien la novela se focaliza, contando toda su historia yendo hacia atrás y hacia delante en el pasado.

Sí, la historia es triste. Sí, es una novela que habla de abusos sexuales, autolesión, violencia, enfermedades, muerte, todo de forma explícita y sin titubeos para narrar momentos desagradables de leer. Sin embargo, esto para mí lo convierte en una obra no recomendable para gente que tenga problemas con este tipo de escenas (con problemas de autolesión ni os acerquéis a la novela). Nada más; esto no significa que se me ocurra catalogarla de culebrón. Para mí, la diferencia entre esta obra y un drama absurdo está muy clara, y es el tratamiento, la forma de contar la historia. En todo momento de la lectura veía que Yanagihara trata todo con un respeto y un tacto abrumadores. La perspectiva narrativa dista mucho de lo que yo definiría como melodramática; el vocabulario empleado es muy certero, pero no tiene ese tipo de fuerza. Por otro lado, durante las ochocientas páginas que conforman el libro, todo el componente dramático que tiene la historia parece disiparse un poco. El impacto continúa existiendo, pero la estructura de la trama se torna en ligeramente previsible. Tras la parte más liviana y feliz, es inevitable que vengan cosas malas. Hasta la última parte (después de los años felices, como los llaman en la novela), no da la sensación, como lectora, de estar asistiendo a algo que la autora quizás podría haberse evitado.

Me explico: prácticamente todo cuanto ocurre en la novela encuentra su causa en el pasado de Jude. En este sentido, no hay nada que sea ilógico o incoherente. Por más que se sienta lástima, la caracterización del personaje le convierte en alguien patético; no digo esto como algo malo, sino como alguien digno de compasión pero que es comprensible que arrastre toda la problemática. Y, en este orden de cosas, uno de los aspectos que más me interesaron durante la lectura fueron los personajes. Me gustaron por lo certeros, por lo humanos si os gusta más esa palabra. Por representar, sobre todo, una fachada de persona interesante que con un poco de interacción se resquebrajaba para dar lugar a gente cobarde, cruel, anodina, egoísta… a veces buena. La idea de que toda la estructura del libro se forme a partir de lo que todos los conocidos de Jude sienten por él y la dicotomía entre su punto de vista y el del resto del mundo, la forma que tiene la autora de hacernos ver esto. Me quedo, también, con la narrativa general de la autora, sus descripciones me parecen magníficas, por no hablar del modo de mostrar la historia.

“It was precisely these scenes he missed the most from his own life with Willem, the forgettable, the in-between moments in which nothing seemed to be happening but whose absence was singularly unfillable.”

No me parece una novela perfecta. Tiene sus problemas. En ocasiones, y sin hacerse tediosa (la historia es igual de interesante siempre), parece que se cuenta más de lo necesario, me habría gustado una narración más depurada; también se echa en falta algo menos de atemporalidad. En una obra tan ambiciosa que además recorre un periodo de tiempo tan largo como esta (cincuenta años son muchos años) me resulta raro que no haya ninguna referencia a nada cultural, político o social. No creo que a la autora se le haya olvidado, con el titánico trabajo que realiza, pero es una idea que no me casa con el resto de la novela. Sin embargo, pese a este tipo de fallos (menores), el balance general es muy positivo. Es una novela que me alegra haber leído, muy emotiva, dura, que se hace cuesta arriba, pero muy satisfactoria también. La última parte, algo menos atractiva para mí, se salva con el final, magnífico: las últimas páginas son todo un tratado de sentimientos (de uno de los personajes más interesantes del libro).

La recomiendo sin ninguna duda.

Otra cita, un regalín (merece la pena leerla de nuevo a posteriori):

“When your child dies, you feel everything you’d expect to feel, feelings so well-documented by so many others that I won’t even bother to list them here, except to say that everything that’s written about mourning is all the same, and it’s all the same for a reason –because there is no real deviation from the text. Sometimes you feel more of one thing and less of another, and sometimes you feel them out of order, and sometimes you feel them for a longer time or a shorter time. But the sensations are always the same.
But here’s what no one says –when it’s your child, a part of you, a very tiny but nonetheless unignorable part of you, also feels relief. Because finally, the moment you have been expecting, been dreading, been preparing yourself for since the day you became a parent, has come.
Ah, you tell yourself, it’s arrived. Here it is.
And after that, you have nothing to fear again.”