crítica

«La humanidad se estaba desgastando». El amante de lady Chatterley, D. H. Lawrence

Nuestra época es esencialmente trágica, por eso nos negamos a tomarla trágicamente. La catástrofe ya ha ocurrido, nos hallamos entre las ruinas, comenzamos a construir nuevos y pequeños lugares en que vivir, comenzamos a crear nuevas y pequeñas esperanzas.

El-amante-de-lady-ChatterleyDudaba de si escribir este texto. Hablar ahora mismo de determinados libros no deja de ser una suerte de posicionamiento por mi parte: ¿a quién puede interesarle mi opinión sobre una novela publicada hace noventa años, cuya polémica queda obsoleta? Sin embargo, con este tipo de obras suele ocurrir que son más comentadas que leídas. A fin de cuentas, supongo que muchas no estaréis interesadas en otra novela de adulterio más, esta vez sin censurar y con escenas sexuales explícitas, esta vez moderna, esta vez inglesa y posh. Pero es que El amante de Lady Chatterley (Lady Chatterley’s Lover, 1928) no es solo eso.

Os lo digo yo, que buscaba porno victoriano* y me encontré en realidad con una visión muy actual e interesante sobre la mujer, el hombre, el deseo, el poder. Y, en otro orden de cosas: sobre el Romanticismo, las malditas apariencias y… la lucha de clases (¿es este el nuevo formato del meme “vine buscando cobre y encontré oro”? Tal vez). ¡Cómo os quedáis! Uno de los elementos más fascinantes de la obra es, por supuesto, Connie Chatterley, cuya visión y construcción (cimentada en un conflicto maravilloso en todos los aspectos de su vida) es lo que hace que el libro sea tan inteligente. No estoy hablando, aún, de la aventura sexual que tiene con el guardabosques, que es tan solo una forma de mostrar ese desajuste que siente con la realidad que le ha tocado vivir: se refiere a su odio por la casa en la que debe quedarse encerrada (ella preferiría la libertad que le otorga el bosque), rechaza toda la palabrería con que su esposo elude vivir (que es, a fin de cuentas, su mayor necesidad, la vida que se le roba). «¡Tiene usted que divertirse!», le dice el médico, que la ve seca, tiesa, apagada en esa casa grande, aburrida como una mona.

Y efectivamente se divierte: comienza una aventura con el guardabosques como forma de rebelarse frente a la vida que se le ha propuesto. Esto tampoco es una cosa novedosísima, ahí están Edna, Emma, Anna y compaía. Pero, no contenta con tener una aventura (algo que le recomienda su esposo porque él no es capaz de acostarse con ella, dado que de cintura para abajo está impedido), la tiene con un hombre de extracción baja, rudo como él solo, un tipo fornido, bestia, de los que escupen en la calle toda la flema y gritan a las camareras moza. Pero claro: a lady Chatterley lo que le pasa es que quiere que le den por saco a estos burgueses pretenciosos, que son todo discurso, que van de amigos del proletariado y son rastreros y mezquinos y solo miran por ellos, lo que se ve en la evolución grotesca del personaje de sir Clifford (que también es maravillosa narrativamente hablando porque Lawrence es una BESTIA PARDA de la literatura). Ella observa y alucina ante la injusticia (de una forma muy pasiva, todo hay que decirlo) sin querer formar parte de ella; de hecho, se cansa también del amante de clase medio alta que tiene al principio de la novela. Todo esto porque está harta del discurso y quiere vida, felicidad, quiere intimidad (a su manera) y también un poco de jolgorio, y cree que al menos en ese otro lugar podrá tener todo esto. Connie huye hacia adelante (y para mí, el final es muy satisfactorio) y así se construye su avance.

A juicio de Connie, su generación había dejado sin validez todas las grandes palabras. Amor, alegría, felicidad, hogar, madre, padre, marido: todas esas palabras grandes y rebosantes de energía estaban medio muertas, y de día en día más se acercaban a la muerte.

Y atención porque todo esto es Connie (la mayor parte de la novela es ella), ¡pero el narrador también trae tela! Aburrido como él solo, deteniéndose en todo aquello que la lectura diagonal desestima, lento, muy rojeras (es él quien plantea el discurso sobre la lucha de clases más en concreto). Se regodea en la construcción de los espacios y de los personajes de un modo exquisito. Me ha encantado, pese a tener una traducción que no le hace justicia (he leído fragmentos en inglés y, la verdad, me gustaría leerla así entera), arcaizante, poco afortunada en la selección de las palabras cuando aquí es evidente que hay un interés en lo formal, una densidad semántica que te mueres, para luego bajarte a la tierra cuando se pone a hablar de los encuentros sexuales entre ellos. Es una gozada.

No quiero seguir dandoos la turra. Que al final todo esto es discurso, Connie se va a enfadar conmigo (yo hablando de mis movidas mientras finjo que hablo de un libro, qué sorpresivo y novedoso acontecimiento). D. H. Lawrence, te quiero mucho. El libro lo tenéis disponible en Wikisource en inglés, gratis, legal y fresquito; en español hay una edición muy elegante, ilustrada y carísima en Sexto Piso. Vosotras sabréis cuál es la mejor opción.

Por cierto. El mismo año que se publicó esto, también se publicaron cosas como el Orlando de Virginia Woolf o La llamada de Cthulhu de H. P. Lovecraft. Me flipa la literatura.

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*Porno victoriano: conjunto de obras sentimentales del siglo XIX y principios del XX. No tienen por qué tener sexo, pero se habla de este, sea de forma explícita o con insinuaciones veladas. Por ejemplo, Madame Bovary o Las amistades peligrosas. Jane Austen no entra, porque es demasiado elegante para esto.

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‘La puerta de los ángeles’, de Penelope Fitzgerald

—No tengo familia. No tengo dinero. No quiero llamarte enfermera. Quiero llamarte señorita. Quiero llamarte Mujer Eterna. ¿Te avergüenza?

angelicosHace tiempo os hablé de La librería, un relato encantador sobre la esperanza o qué hacer cuando esta se ha terminado. Me imaginaba que más tarde o más temprano volvería a leer algo de Penelope Fitzgerald, pues me conquistó con su costumbrismo, pese a que el libro no se convirtiese en uno de mis favoritos. Así pues, cuando vi que en la biblioteca disponían de La puerta de los ángeles (The Gate of Angels, 1990), me lancé de cabeza.

Por resumir un poco el argumento, este libro va de un muchacho que quiere casarse, pero no encuentra una muchacha ni dispone del contexto adecuado para hacerlo; por otro lado, va de una muchacha que se deja mecer por un mundo injusto que la mueve como quiere. Y, por resumir un poco esta crítica, he disfrutado más de esta lectura que de La librería, me parece una novela sobresaliente y creo que deberíais leerla. Fitzgerald presenta una historia hermosa, que se mueve entre lo amargo y lo agradable sin llegar a afincarse en ninguno de estos dos ámbitos.

Sin grandes ostentaciones formales, la historia que presenta Fitzgerald en La puerta de los ángeles es una composición muy curiosa y entrañable sobre la resignación y sobre la valentía necesaria para soportar un mundo que busca dominar y regularizar a todo el mundo. Gracias a sus personajes principales, Fred y Daisy, la autora consigue hacernos llegar toda esta desazón soterrada y este dejarse llevar contra el que se lucha hasta comprender lo absurdo de la lucha. Mentiría si no dijera que es la parte de Daisy la que más he disfrutado y más me ha llegado al corazón: es una historia forjada a partir de encuentros inesperados y repentinos, de momentos cruciales y decisiones en apariencia incomprensibles pero que no carecen de fondo. Veo bastante absurda la expresión “novela de personajes” (porque la narrativa suele ser sus personajes), pero entiendo su uso en determinados contextos en los que es a partir de los personajes que se desarrolla la trama, como este. Sin ser demasiado activos ni demasiado pasivos, una encaja a Fred y Daisy en sus pequeños cosmos como elementos que se retroalimentan: cuando terminas de leer la novela, comprendes que no podría ser de otro modo, y no podría ser otra gente.

He visto mucha luz en La puerta de los ángeles. Donde La librería era una historia abocada al fracaso, aquí encontramos, más bien, una serie de fracasos abocados a la historia; la sensación final es, por tanto, la de una novela de las que dan calorcito por dentro. No sé: luz, esperanza, fuerza. No es una obra inspiradora, no me malinterpretéis, no hay aquí una intención de mostrar una verdad reveladora. Es más bien que con ese costumbrismo que tan bien domina Fitzgerald otorga entidad a los personajes, a su historia, y genera un cierto entusiasmo, una fuerza muy fuerte durante todo el texto y que equilibra la balanza de sobriedad y fe, de razón y lucha fantástica e imposible.

Es absurdo pensar que podemos analizar la sangre cuando se nos rompe el corazón.

No me canso de recomendar a la gente que lea a Fitzgerald, más aún después de leer esta novela tan estupenda. Por mi parte, estoy deseando hacerme con A la deriva, que ganó el Man Booker y que promete ser una obra tan interesante como esta.

(Editorial Impedimenta, 2015. Traducción de Jon Bilbao. 240 páginas)
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‘La Torre’ de Daniel O’Malley

Miraba a aquellas personas y las envidiaba a todas, incluso al bebé supurante. No, sobre todo al bebé supurante. La gente normal podía vivir su vida con sus triviales preocupaciones, seguras de que lo sobrenatural no les molestaría. Dios, ni siquiera tenían que creer en lo sobrenatural. De eso ya nos preocupábamos nosotros.

138El Reto 10×10 inicia hoy, conmigo, su segunda fase, la de las reseñas. A lo largo de nueve días, mis compañeras y yo os contaremos qué nos ha parecido La Torre, de Daniel O’Malley, la novela de espionaje sobrenatural que nos ha tenido ocupadas últimamente. ¡Vamos a ello!

La historia es la siguiente: una mujer se despierta, sin memoria alguna acerca de quién es, rodeada de cadáveres. Unas cartas en su bolsillo le indican que su nombre es Myfanwy, que le han borrado la memoria y que, si desea recuperar su vida, habrá de adentrarse en un peligroso mundo de papeleo, actividades gubernamentales encubiertas y poderes extraños. Myfanwy decide aceptar el trabajo y se encuentra trabajando en eñ Checquy, el organismo que se encarga de llevar a cabo la gestión de todas las actividades sobrenaturales del Reino Unido. Con la tarea añadida, claro, de descubrir quién le borró la memoria y por qué.

La Torre (The Rook, 2012) llegó a mi vida después de leer El archivo de atrocidades (Charles Stross), una obra de temática semejante muy disfrutona; por eso, en principio, esta me llamaba tanto la atención. ¿Se parecerían en su desarrollo o sería mero planteamiento? Así me embarqué en una lectura amena y trepidante, satisfactoria en general. Hacía tiempo que no leía una obra adictiva hasta este grado, con tantísimos acontecimientos sucediéndose uno tras otro. En este sentido, la acción está muy bien gestionada: no hay un conflicto demasiado grande (pues la ligereza de la voz narrativa hace que el tono de todo se reduzca bastante) pero se suceden conflictos breves que se van solventando de modo muy correcto. Así, el desarrollo de la trama global se ve supeditado a una serie de episodios puntuales, del presente y del pasado, gracias a los cuales podemos ver todo aquello que ocurre entre los muros del Checquy, la organización para la que Myfanwy trabaja.

Pienso que uno de los elementos más atrayentes de La Torre es su personaje principal y cómo construye su voz narrativa y su relación con la trama. Para empezar, se alterna la narración del presente de Myfanwy (escrita en pasado, gracias al cielo) con una serie de cartas en las que la Myfanwy del pasado le explica su día a día y le cuenta todos los entresijos del Tablero. Así, la información llega a la lectora de modo gradual y la exposición se produce de una forma tan sutil que no resulta nada molesta. Y por supuesto, es en una de estas cartas donde se narra el episodio del pato, que sin duda alguna es la mejor historia del libro con diferencia, que es gloriosa y que me dejó absolutamente incrédula ante tamaño despliegue de inventiva.

A donde yo quería llegar: Myfanwy es un personaje muy potente. Tiene mucha fuerza (y un sentido del humor fantástico). Las dos Myfanwys a cuyos pensameintos accedemos tienen un acabado muy bueno: aunque el fondo es el mismo, su forma de moverse en el mundo y sus reacciones son muy distintas, lo que se percibe muy bien en la narración. El resto de personajes no se queda atrás, pues todo el elenco (brevemente descrito en las cartas y luego observado por el inocente, aunque un poco malévolo, ojo de Myfanwy), en especial la torre Gestalt, posee un halo de misterio estupendo, y hacen mucho también porque la trama de la novela se mantenga activa.

«Thomas parece una tipa maja, pero no deja de ser una secretaria con ínfulas. Aunque trabaje para el equivalente sobrenatural del M15, lo más probable es que solo se encargue de la parte más aburrida. “¡Cielos! ¡Un hombre lobo se está comiendo a la reina! Coge estos formularios y dile que nos los rellene por triplicado, a ver si hay suerte y podemos resolver la incidencia antes de que termine el trimestre”».

Hay una única cosa que no me ha gustado del todo. La novela, pese a tener un ritmo excelente, se me antoja un poco larga. En ningún momento me parece que se embarre, como ya os he dicho los conflictos se suceden de forma gradual y efectiva, pero sí es cierto que al no haber un conflicto global demasiado relevante (¿tal vez por la labor burócratica de Myfanwy?, ¿que por cierto es fantástica porque la Myfanwy de las cartas es como una Amy Santiago con poderes, esto lo he mencionado?) no llega a haber una resolución muy grande. O cuando la hay casi ya ni le importa a una, que lee con gusto pero se queda un poco igual. El desenlace llega ahí o podría haber llegado un poco antes, y yo hacía tanto que no leía este tipo de novelas que me sorprendía de forma constante ante todo aquello que O’Malley inventa para continuar con la trama.

A grandes rasgos, se trata de una obra inteligente, que abunda en momentos de tensión pero también en escenas tremendamente divertidas, amena y de trama elaborada. O’Malley construye una organización de forma ingeniosa y sus personajes son fantásticos. Si tenéis que leer un libro tipo ‘best-seller’, os recomiendo este: una lectura fácil, ligera sin caer en la simpleza, entretenida. Va a ser que sí me gustaban las novelas de espionaje, pero que no encontraba una que me conquistase. A ver qué pasa con la segunda parte (Stiletto, 2016).

(Editorial Nocturna, 2018. Traducción de Manuel de los Reyes. 594 páginas)
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‘La librería’ de Penelope Fitzgerald

Un buen libro es la preciosa savia del alma de un maestro, embalsamada y atesorada intencionadamente para una vida más allá de la vida y, como tal, no hay duda de que debe ser un artículo de primera necesidad.

la libreriaConocí La librería por la película de Isabel Coixet; fue la adaptación (dulce, trágica, rebonica, emotiva) la que me llevó a leer la novela, algo que me alegro de haber hecho. La trama es la siguiente: Florence Green, viuda y lectora, decide abrir una librería en el pueblo donde vive. Lo que parece una decisión inofensiva en un principio activa toda una serie de procesos en el lugar que traerán de cabeza a la protagonista

La librería no es una novela difícil, comprometida o densa. Nada por el estilo: se trata de una obra de plácida lectura, muy entretenida, muy dulce y con una trama sencilla pero agradable. Es una obra muy pura, muy amena, muy mona; la trama que se plantea es sencilla y su ejecución no dista mucho de esto. Como la película, es tierna y emotiva a ratos, aunque aquí se produce una separación mayor entre lector y personajes, inevitable por la lejanía de que Fitzgerald impregna a su narración. Supongo que todos los lectores tenemos un cierto interés, mayor o menor, en la novelística que habla de libros (autores, bibliotecas, librerías), pero leer La librería en ese sentido puede resultar decepcionante, puesto que no hay aquí mayor referencia a la literatura. Florence abre una librería, y ama leer, pero no se mencionan títulos, lo cual es una verdadera lástima. La literatura es tan solo un recurso narrativo.

Últimamente se había empezado a preguntar si no tendría la obligación de demostrarse a sí misma, y posiblemente a los demás, que ella existía por derecho propio.

Es interesante la forma de narrar de Penelope Fitzgerald. No ahonda apenas en la psique de los personajes, no se centra en describir ciertos aspectos de la mente de Florence, y sin embargo somos capaces de comprender todo aquello cuanto ella piensa. Tiene una voz narrativa casi quebrada, en la que el silencio es mucho más relevante que aquello que sí se dice, y pese a ello sus descripciones son vivaces y muy visuales. Todos los diálogos de la obra son tremendamente pintorescos y tiernos, consiguiendo así que los personajes tengan una cierta humanidad de la que por la focalización que se le da a la historia carecerían. Es curioso, porque pese a tener un tono general bastante pesimista (la gente no es buena, parece revelarnos la historia de Florence) es una de estas obras que te hacen sentir en paz. Que te dejan bien. Sosegadita.

La novela es tan costumbrista, tan con olor a casa antigua recién barnizada, que sorprende que fuese publicada en 1978. Parece más bien beber de esa tradición tan inglesa de una narrativa pausada pero de ojo cotilla, en la que observamos a través de las ventanas y descubrimos pequeños retazos de historias familiares. Y así es, en realidad: La librería es una obra sencilla que se cuela en la vida de un personaje muy pequeño para relatar una historia de coraje, fuerza y lucha.

Ninguna de las dos estaba preparada para reconocer que le gustaría proteger a la otra. Habría sido como permitir que el miedo entrara en la habitación. El miedo parecería más natural si el lugar hubiera estado a oscuras, pero la luz brillante de la tienda inundaba toda la estancia.

Me parece interesante mencionar las muchas diferencias existentes entre película y novela. Es una adaptación lineal que recoge prácticamente todos los elementos del libro (obviando algunos como el poltergeist), y sin embargo los resultados son muy diferente. La película incide muchísimo más en las relaciones de los personajes (sobre todo con toda la dialéctica entre Florence y el señor Brundish, maravillosa), mientras que en la novela toda la mayor importancia recae sobre Florence y no hay apenas referencias a otras psiques. Si bien ambas obras me han resultado de calidad pareja, me parecen reseñables los cambios que pueden efectuarse en una trama alterando apenas el foco y el tono. El mayor de los cambios es en el espíritu: pienso que la novela es más entrañable y la película más melancólica.

La librería es una buena novela para combinar con otras de mayor densidad, para despejar la mente y oxigenar un poco, pero sin bajar la calidad de las lecturas. Fitzgerald posee una chispa, una agilidad a la hora de escribir, que le da fuerza y gravedad, certidumbre al texto. Si disfrutasteis la película (¡ganadora de varios Goyas de los gordos, por cierto!) no puedo menos que recomendaros que le echéis un ojo al libro.

(Traducción de Ana Bustelo para Impedimenta, 2010)
crítica

‘La puerta del destino’ de Agatha Christie

—¡Libros! —exclamó Tuppence.
La palabra, en sus labios, tuvo el efecto de una malhumorada expresión.
—¿Qué has dicho? —preguntó Tommy.
Tuppende volvió la cabeza hacia él, que se encontraba en el extremo opuesto de la habitación.
—Dije: “¡Libros!”
—¡Ah! Ya comprendo —contestó Thomas Beresford.

puerta de destinoAgatha Christie es una de las más célebres escritoras inglesas del pasado siglo. Gracias a esto, sus fans no sufrimos la desconexión que suele ocurrir con autores del pasado: lo difícil, en este caso, es no encontrar sus obras en las librerías. Y yo encantada. Hoy os traigo La puerta del destino (Postern of Fate, 1973), la última novela escrita por la autora.

En esta obra la autora se reencuentra con dos de sus personajes recurrentes, Tommy y Tuppence, un matrimonio de ex espías ingleses. La pareja se muda a un nuevo hogar y ella, curioseando por la casa, descubre una anotación en un libro: “Mary Jordan no murió de muerte natural. Fue uno de nosotros”. Este será el punto de partida de una investigación en torno al pasado que llegará, sin embargo, hasta el presente de los personajes, poniendo en peligro sus vidas.

Soy una gran admiradora de la obra de Christie. Es una autora a la que acudo para hallar lecturas ligeras, poco exigentes, cuando los textos más complejos me saturan. Leerla es como volver a casa después de mucho tiempo sin estar en ella. Sus novelas me gustan más o menos, pero siempre me ayudan  a desconectar: Christie maneja de forma excelente el misterio y las investigaciones. Es una autora muy inteligente, sus personajes son deliciosos y su forma de guiar al lector estupenda. Si nunca habéis leido nada suyo, deberíais hacerlo (sentíos libres de pedirme recomendaciones).

He de reconocer, sin embargo, que esta obra de la que os hablo hoy es una de las que menos he disfrutado: creo que es la más ambiciosa de las que he leído (junto a Tercera muchacha (1966); ambas pertenecen a la última época), que busca una complejidad excesiva y esto le pasa factura (lo que no pasa con el otro título que os cito). Para mí, se divide en dos partes muy diferenciadas. La primera presenta la investigación, plantea todas las pruebas, todo ello regado con ese duelo dialéctico que realizan de forma constante los personajes principales y que es una delicia. Reconozco que el planteamiento es verdaderamente intrigante, y el hecho de que se mire al pasado y que se tantee el espionaje le da un toque de thriller más actual que me interesaba mucho. Y sí, durante la totalidad de la parte inicial disfruté como una cría. Los ires y venires de Tuppence son geniales, y su locuacidad resulta muy divertida.

El problema viene en lo que doy a llamar la segunda parte. La cosa se estanca y pierde le interés cuando la aparición de las pruebas se dosifica tanto que ya parecen hasta torpemente hiladas (no lo están: es la sensación que produce el texto durante la lectura). La ecuación diálogo>narración se torna también en su contra, pues la trama no avanza salvo a trompicones concretos, como el descubrimiento de X o la muerte de Y: el resto son deducciones vanas y aburridas. Incluso las conversaciones entre los personajes principales pierden su chispa para tornarse en anquilosadas, redundantes y solo meramente anecdóticas. Una lástima: dos personajes carismáticos se convierten en seres aburridos y planos sin interés narrativo.

Las novelas de Agatha Christie (por extensión, la novela detectivesca en general) suelen ser obras ágiles, inteligentes, que sorprenden al lector con cada una de las pesquisas de los detectives en cuestión. No es el caso. Aquí la trama llega al extremo de ser muy aburrida de leer, pese a tratarse de una obra escrita con un estilo sencillo y poco dado a las estridencias. El problema es el siguiente: de una línea argumental en apariencia limitada surgen una serie de hilos a los que no se dedica el tiempo suficiente sino que tan solo se mencionan. Por tanto, por más que la idea de la que parte sea más compleja que el habitual crimen en que se basa la autora, termina siendo una novela más pueril de lo normal, cuya trama no es solvente.

Para mí es un gran no. Hay muchísimas obras de la autora que merecen la pena, pero esta no es una de ellas, pese al entretenimiento del que puede proveer. Una lástima que cerrase su trayectoria con ella.

(Traducción de Ramón Margalef Llambrich para Molino, 1973)
crítica

‘La cámara sangrienta’ de Angela Carter

En la casa reinaba un ambiente de agotamiento, de desesperación y, peor aún, una especie de desilusión física, como si su glamur se hubiera sustentado en un truco barato de magia y el mago, al fracasar en su intento de ganarse a la multitud, se hubiera ido a probar suerte en otro sitio.

cámaraMi encuentro con este libro fue casual. El pasado junio, tras un examen, fui sola a la Feria del Libro, a dar un paseo y quizás encontrar alguna obra que me interesase. Fue una pasada: a esa hora apenas había gente o demasiado calor y pude investigar cuanto quise. Cuando había ya comprado tres libros me pasé por el puesto de Sexto Piso y me puse a mirar por ahí hasta que mis ojos se posaaron sobre La cámara sangrienta. Sabía quien era Angela Carter, pero no tenía pensado comprar su libro; no quería comprar más libros. Y de pronto un chico de dentro (supongo que alguien de la editorial) me vio y me dijo: tienes que leerlo. Es maravilloso. A mí me encanta. Así que lo compré. Y lo leí.

Tenéis que leerlo. Es maravilloso. A mí me encanta.

La cámara sangrienta (1979) reúne diez magníficos relatos de la escritora inglesa Angela Carter que suponen revisiones a cuentos tradicionales como La Bella y la BestiaEl gato con botas. ¿Otra vez?, diréis, impacientes. Sí, otra vez, pero es la perspectiva la que cuenta. La intención aquí es la de darle una voz a los sujetos en apariencia pasivos de los cuentos originales, sean de la condición que sean, además de un giro pérfido, sangriento y con mucha carga erótica, en líneas o entre líneas. Esto con una prosa barroca, engalanada pero nunca redundante, siempre capaz, flexible, certera; y una imaginería muy visual, de colores vívidos, momentos extremos y descripciones precisas y hermosas.

La obra de Carter se fundamenta en una serie de elementos repetidos que, en consonancia con las tramas de las obras, surgen y revelan una serie de simbolismos clave para la lectura; pocas veces he visto recepciones más interesantes y singulares de los cuentos clásicos. No se trata, de este modo, de una relectura de la Caperucita, sino de un estudio sobre el tema y sobre todo lo obscuro que subyace en la tradición, tanto del cuento europeo más conocido por el gran público como de fábulas como la de Eros y Psique, cuyo recuerdo es inevitable en algunos pasajes de la obra.

La sangre, por supuesto, es esencial aquí, y todo lo que ella conlleva: una violencia oscura, de nuevo soterrada a veces y directa en otros, la muerte, pero también con una relación directa con la sexualidad y el erotismo más absoluto. Las bestias: por todas partes hay aquí animales. Bestias de todo tipo: lobos, leones, tigres, gatos, seres peligrosos (o no), a los que enfrentarse, a los que matar o, mejor dicho, dominar, por los medios que sean necesarios. Se hace evidente esto en El cortejo de el señor LeónLa novia del tigre. Y la metamorfosis, claro, el cambio, y cómo se gestiona, por qué surge, qué conlleva. Como ya os digo, la perspectiva no es la habitual: Carter no trata los motivos como siempre, les da la vuelta, manifiesta interés en la psique, en la sexualidad y en todo aquello que el cuento más tradicional deja de lado, como un desarrollo concreto y singular de cada uno de los personajes.

La condesa es una casa encantada.

Me gustaría mencionaros algunos de los relatos con mayor concreación, como el primero, que da nombre al libro y es el más largo, el más desarrollado y también, para mí, el más intenso de ellos. Explora la figura de la última novia de Barbazul, la conocida por el lector, pero revistiéndola de una nueva dignidad, con un estilo bondadoso y enérgico. Es un muy buen ejemplo de la narrativa de Angela Carter, pues aúna todas las características cuyas pinceladas encontramos en otros relatos: barroquismo y minuciosidad sin petulancia, así como ese tratamiento de la sexualidad como algo peligroso, pero a lo que referirse con una cierta melancolía. Sin embargo, también hay textos (como El hombre lobo El gato con botas) en los que se aparta de este estilo para adentrarse en una prosa más traviesa, menos recargada y con un espíritu más risueño. En todos ellos triunfa sin medias tintas. Mención aparte merece el relato La dama de la casa del amor, con algunos de los fragmentos más bellos (y tristes) de toda la obra.

No solo deberíais leerlo (¡y ya!), sino que además os exhorto a leer la edición de Sexto Piso, pues las ilustraciones de Alejandra Acosta son magníficas, perfectas para la obra. Uno de esos casos en los que las ilustraciones aportan narración al propio texto y convierten la lectura en un placer aún mayor. Así que ya sabéis.

(Traducción de Jesús Gómez Gutiérrez para Sexto Piso, 2017)
crítica

‘Una vacante imprevista’, J. K. Rowling

“Todo se había hecho pedazos. Que los objetos siguieran allí —las paredes, las sillas, los dibujos de los niños en las paredes— no significaba nada. Cada átomo de todo aquello había estallado para reconstituirse en un instante, y su permanencia y solidez aparentes en realidad eran risibles; se disolvería todo con sólo tocarlo, porque de pronto todo se había vuelto fino y desmenuzable como el papel de seda.”

9788498384925En Pagford, un pueblo inglés, uno de los miembros del concejo fallece. Las elecciones no se harán esperar y, sin embargo, son casi lo de menos; la muerte desencadena una serie de acontecimientos que convierten la ciudad de provincias en un hervidero de críticas, insultos, emociones y catástrofes a pequeña escala. A grandes rasgos, esto es Una vacante imprevista. Otra definición podría ser: eliminen el aditivo paranormal a una obra de Stephen King, quedando solo la parte en la que se habla de los habitantes del pueblo. Esto también es Una vacante imprevista.

Lo más interesante a nivel narrativo de la primera obra de J. K. Rowling tras abandonar (temporalmente) el universo de Harry Potter son los personajes. La capacidad de caracterización es abrumadora, todos tienen una gran complejidad e interés, además de una profundísima personalidad. Se trata de una novela coral, con focalización en muchos personajes cuyas historias se entrelazan y, pese a esto (o precisamente por esto) no hay en ningún momento lugar a dudas acerca de quién es quién o cuál es el perfil de cada uno de ellos. Además, el reparto se siente real, humano y, pese a lo que en un principio parece (hay un par de descripciones de preescolar golosonas por ahí), Rowling apuesta por mostrar más que describir inútilmente. Así, a medida que la trama se desarrolla, el lector comprende que el dibujado de los personajes, sobre todo de los jóvenes, es tan solo un boceto, un esquema. Incluso si esto es a partir de algo tan tosco como el núcleo de esta obra (el foro y los mensajes anónimos), resulta interesante el cambio que se va produciendo en ellos.

Lo que os comentaba arriba poniendo esta obra pareja a la de algunas de Stephen King (se me ocurren La cúpula o Salem’s Lot) no es del todo exacto. Aquí se centra más en todos los individuos del pueblo y no hay rastro alguno de la urbe como un personaje más. Por otro lado, Rowling carece del gancho narrativo del que dispone King. Sí, por supuesto, es capaz de crear una novela entretenida, amena, correcta y con una trama terriblemente interesante. Pero a nivel estructural y textual no tiene mayor interés: los temas se presentan de una forma plana y superficial, los giros narrativos son dramáticos y poco sutiles en ocasiones, esa estructura ligeramente circular es tan evidente que resulta hasta sonrojante. Pero hay que decir también que se ve un intento de creación literaria potente aquí. Aparte de los personajes, ya comentados (y que me parece muy importante, pues esta característica hace mucho por eliminar los defectos que se puedan encontrar), lo que es obvio, el cambio radical con sus obras anteriores, se hace más evidente. Rowling se esfuerza en cambiar de tono, y lo consigue (más o menos, el tono cambia, pero le falta mucho).

Al principio de la lectura encontramos alguna cosa (descripciones excesivamente visuales, sobre todo, pero también metáforas, chascarrillos) que parece dejar entrever que Rowling no tiene muy claro cómo manejarse fuera de un público infantil. Sin embargo, lo certero de los personajes y lo cruel de sus acciones maquilla esta prosa demasiado desenfadada, naïf, inocentona. Prueba de esto es la diferencia, tanto temática como formal, entre narración y diálogo, donde verdaderamente se lucen los personajes de la obra. Pese a los errores que contiene, como os digo, Rowling ha sabido jugar sus cartas de una forma muy adecuada: consigue que el lector pierda de vista la torpeza narrativa con una trama interesantísima y unos personajes con mucha fuerza. Diría que tengo ganas de ver cómo sigue desenvolviéndose y que confío en ella, porque sí pienso que una próxima novela podría mejorar mucho estos aspectos no pulidos. Pero visto que ha retornado con alegría y buen hacer (lo de buen hacer es un supuesto) a su zona de confort juvenil casi mejor digo que si buscáis una lectura entretenida e interesante sin más os hagáis con Una vacante imprevista y punto.